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Nadie igual: se cumplió un cuarto de siglo del salto al vacío de Charly García

Charly en pleno vuelo hacia la pileta mendocina

Por Redacción

Charly García es un genio, y todo genio coquetea con la locura: ese coqueteo fue pocas veces tan estremecedor como el día, hace 25 años, en que el ex Sui y Serú decidió saltar al vacío desde un noveno piso de un hotel mendocino y caer sano y salvo en una pileta, solo para demostrar que no es igual al resto, a modo de desenlace de un desacuerdo con la policía local.

El episodio ocurrió el 3 de marzo del 2000 y la casualidad hizo que varios periodistas oficiaran de testigos del salto a raíz de que el entonces ministro de Trabajo de la Alianza, Alberto Flamarique, ofrecía una conferencia de prensa en el mismo hotel Aconcagua, unos pisos más abajo. “Primero sentí un vacío y después el agua mojada”, dijo en tono jocoso García a los periodistas, apenas emergió de la pileta.

Pero, ¿qué había pasado? ¿Por qué había saltado? Todo comenzó la noche anterior: tras un concierto en el estadio Malvinas Argentinas, “una mujer se acercó para pedirle una foto”, contó Fernando Szereszevsky, ladero del rockero en aquellos días. “Yo me acerqué y le conté que estaba comiendo y que después iba a acceder sin ningún problema. Horas después, ya de madrugada, la mujer apareció y le partió un vaso en la cabeza a García”.

Por el incidente, en las primeras horas de la mañana la policía llegó al hotel para llevar al músico a declarar, consecuencia de una denuncia presentada por la mujer contra el músico de bigote bicolor. García no quería. Pero accedió. Lo pasearon de oficina en oficina, y Charly se ofendió.

Un comisario le dijo: “Para mí, usted es un ciudadano más, una persona común y corriente”, según relata el periodista Carlos Polimeni en su libro “El día que Charly saltó (y otras crónicas salvajes del rock)”. Charly se puso muy nervioso. Le respondió: “Yo no soy igual al resto, yo soy un genio”. Pudo regresar al hotel varias horas después, en medio de un fuerte operativo policial. Estaba, además, peleado con su novia. Para demostrar que no era uno más, se tiró.

“A la mañana siguiente, estábamos sentados en el balcón que daba a la pileta. Charly empieza a dar vueltas por la habitación, corriendo de un lado para el otro, hasta que agarró un muñeco inflable y lo tiró por la ventana. Nos dijo que era para medir el viento”, recordó Szereszevsky.

“No fue predeterminado. Nunca nos dijo nada. En un momento pasó por el balcón y se tiró. Lo primero que dije fue ‘se mató’. Fuimos al borde del balcón y lo vimos nadando. Me puse a llorar, bajé corriendo y le pregunté: ‘¿Qué hiciste?’. Él me respondió: ´Decile al policía de Mendoza que si es igual a mí, que se tire del noveno piso´”.

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