Abogados cada seis cuadras: en su día, una de las profesiones más clásicas en La Plata
| 29 de Agosto de 2025 | 08:34

La historia de la abogacía en La Plata está íntimamente ligada al nacimiento mismo de la Universidad en la Ciudad. Hoy no hay grupo de amigos, conocidos, por trabajo o lo que fuera que no tenga a algún abogado o abogada cerca en su círculo. Así también los estudios jurídicos, pudiendo quizás hacerse una analogía con cada cuántas cuadras hay plazas en La Plata como con la cantidad de egresados de Derecho que ejercen en sus oficinas o trabajan para tal o cual buffet. Abogados y abogadas cada seis cuadras es fija, siendo desde casi los comienzos de la capital una de las profesiones más elegidas. Y hasta quizás sean más en un menor radio de cuadras...
El punto de partida se remonta a la ley sancionada el 2 de enero de 1890 por la Legislatura bonaerense, que creó la “Universidad de Estudios Superiores”, impulsada por el senador Rafael Hernández. Años más tarde, el 14 de febrero de 1897, el gobernador Guillermo Udaondo le dio forma real a aquel proyecto y designó como primer rector al fundador de la ciudad, Dardo Rocha. Bajo su impronta se estableció el sello mayor de la casa de estudios, con la leyenda “Por la ciencia y por la patria”, lema que aún acompaña a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Hablar de los orígenes de la abogacía en La Plata y de la propia Universidad es hablar, necesariamente, de Joaquín Víctor González. Político, jurista, escritor y pedagogo, fue Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación cuando, en 1905, impulsó la nacionalización de la universidad provincial de La Plata. Su idea no se limitaba a una reforma administrativa: aspiraba a fundar en la ciudad un verdadero centro intelectual al estilo de Oxford, que integrara ciencia, arte, derecho y formación cívica bajo un mismo proyecto cultural.
González concibió la universidad como un organismo vivo, donde la enseñanza debía ir más allá de la simple transmisión de conocimientos. Creía que debía formar ciudadanos responsables y profesionales comprometidos con el país, capaces de conjugar ciencia y patria. Bajo su impronta se incorporaron instituciones que ya existían en la ciudad, como el Museo de La Plata y la Biblioteca Pública, y se les dio un lugar dentro del esquema universitario. De esa manera, la UNLP nació con una fuerte impronta de integración científica y cultural.
En el caso particular de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, la visión de González fue determinante. Quería que los futuros abogados no se limitaran a memorizar leyes, sino que comprendieran el sentido profundo de la justicia y del orden social. Para ello propició la presencia de maestros de prestigio y defendió la necesidad de combinar el rigor científico con la práctica profesional.
De hecho, en la Facultad se plasmó con nitidez la tensión entre el ideal cientificista que pregonaba González -parecerse a Oxford- y la fuerte demanda estudiantil por carreras profesionalizantes. Aunque con el tiempo prevaleció esta última tendencia, su impulso inicial dejó una marca: instalar la idea de que la abogacía debía ser también un espacio de reflexión académica y de investigación, no solo de ejercicio práctico.
En aquellos inicios, el camino fue áspero: presupuesto escaso, vida institucional frágil y debates entre quienes soñaban una universidad de perfil científico y quienes la imaginaban como cantera de profesionales. Aun así, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales -conocida primero como Escuela de Derecho- rápidamente se convirtió en uno de los espacios más convocantes de la vida académica platense. Entre 1897 y 1918, por ejemplo, se graduaron 273 abogados frente a apenas 11 doctores en Derecho, lo que muestra el fuerte sesgo profesionalista de la matrícula y el carácter práctico de la formación.
Cien años después, en 2016, ya eran entre 2.100 y 2.300 ingresantes por año y se graduaban entre 600 a 700. Por cada 100 abogados, psicólogos o economistas que se reciben en la UNLP, cada temporada egresan poco más de 40 ingenieros o profesionales de áreas relacionadas con la ciencia y la tecnología, según datos publicados en los últimos años por la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación.
Los primeros maestros del derecho platense
Los nombres de los primeros docentes de la Facultad resuenan hasta hoy en los claustros y en la memoria de la abogacía argentina. Dalmiro Alsina fue su primer decano y figuras como Adolfo Eduardo Lascano y Vicente Anzoátegui impartieron Procedimientos Civiles en la etapa fundacional. A ellos se sumó Salvador de la Colina, quien tuvo una extensa trayectoria como consejero académico, superior y decano, además de presidir años más tarde el Colegio de Abogados. Con el paso del tiempo, se incorporaron juristas de renombre nacional como José Nicolás Matienzo, Emilio Ravignani, Alfredo Palacios, Carlos Sánchez Viamonte, Bartolomé Fiorini y Gastón Tobal, entre otros, que consolidaron a La Plata como centro de formación jurídica de excelencia.
Aunque en la Argentina el título académico de abogado corresponde al grado, la costumbre de tratarlos como “doctor” proviene de la Edad Media. En aquel entonces, el derecho era considerado una de las ciencias más elevadas y quienes alcanzaban su dominio recibían el título de doctor, es decir, maestro en la disciplina. Esa tradición sobrevivió al tiempo y se naturalizó en la cultura jurídica local, pese a que, en sentido estricto, el doctorado es un posgrado que implica producción científica.
Y no se agota en la Universidad Nacional. Con la fundación de la Universidad Católica de La Plata (UCALP) en 1964 por iniciativa del Arzobispo Monseñor Dr. Antonio José Plaza, se abrió un nuevo capítulo en la formación de abogados. Nacida inicialmente como UCOYCA, la institución adoptó su actual nombre en 1966 mediante un Auto Arzobispal y consolidó su propuesta académica en clave humanista y cristiana. La carrera de Abogacía se dicta en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, orientada a conjugar la rigurosidad jurídica con una fuerte impronta ética y de compromiso social, ampliando el mapa de la educación legal en La Plata y ofreciendo a generaciones de estudiantes una alternativa formativa distinta pero complementaria a la tradición de la universidad pública.
La primera abogada argentina: María Angélica Barreda
Si hay un nombre que marcó un antes y un después en la historia de la abogacía en La Plata es el de María Angélica Barreda. Nacida en 1887, fue la primera mujer en graduarse en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, en 1909.
Su título, sin embargo, no le abrió de inmediato las puertas del ejercicio profesional: al solicitar la matrícula, fue rechazada bajo el argumento de que, por su condición de mujer, sufría una capitis deminutio (disminución de capacidad jurídica).
Barreda no se resignó. Recurrió a la Constitución bonaerense y, tras un fallo dividido de la Suprema Corte de la Provincia, logró que se reconociera su derecho a ejercer. Su lucha fue un hito pionero para la inclusión de las mujeres en la vida profesional argentina.
El Colegio de Abogados de La Plata
La consolidación institucional de la profesión llegó algunos años después con la creación del Colegio de Abogados de La Plata. El 5 de septiembre de 1924, en el marco de una asamblea del Centro de Diplomados de la Facultad, se aprobó el acta constitutiva de la entidad. Enrique Rivarola fue elegido primer presidente, y desde entonces el Colegio se convirtió en pilar fundamental de la vida jurídica local, representando a los profesionales y velando por la ética y la calidad en el ejercicio.
A más de un siglo de aquellos inicios, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y el Colegio de Abogados de La Plata siguen siendo protagonistas en la formación y en la defensa de la profesión, herederos de una historia atravesada por luchas, pioneros y conquistas que moldearon la identidad de la abogacía platense.
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