Un reclamo vial y ambiental por el camino entre Punta Lara y Villa Elisa

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El Camino Negro, ese cordón vital que debería ser un efectivo puente de conectividad entre Villa Elisa y Punta Lara, muestra preocupantes signos de abandono. Lo que originalmente se proyectó como una vía estratégica para el flujo vehicular y el acceso al pulmón verde de la región hoy, denuncian los vecinos, es una trampa de asfalto y un foco de contaminación que pone en jaque tanto la seguridad vial como el equilibrio ambiental de la Reserva Natural de Punta Lara.

La descripción de los usuarios no exagera en una nota reciente publicada por este diario: transitar por allí es, literalmente, de riesgo.

La proliferación de baches profundos y sectores colapsados no solo destruye vehículos, sino que fuerza a los conductores a realizar maniobras temerarias que podrían terminar en tragedia. Cuando el asfalto cede y se convierte en un “cráter”, la conectividad deja de ser un derecho para transformarse en un obstáculo.

Lo alarmante es que este deterioro ocurre en el corazón de una de las áreas protegidas más importantes de la Provincia. El Camino Negro no es una calle cualquiera; es un corredor que atraviesa un ecosistema sensible.

La acumulación de plásticos y desechos quemados, como aseguran en la zona, es una afrenta directa a la biodiversidad, corroboran los ambientalistas.

Además, el riesgo sanitario: el agua estancada y la basura no solo degradan el paisaje, sino que son el caldo de cultivo ideal para plagas, afectando la fauna autóctona y la salud pública.

Dentro del problema de mantenimiento vial advierten que durante todo el recorrido el asfalto presenta malas condiciones. Pozos profundos, sectores completamente destruidos y grandes charcos de agua estancada convierten la circulación en un riesgo permanente para el automovilista.

El reclamo de los vecinos es de muchos años y sin embargo, no han tenido una respuesta adecuada. Piden por una repavimentación “urgente”, no temporariasino una obra estructural. También el control y vigilancia para frenar el volcado clandestino de residuos mediante monitoreo efectivo. Y un plan de limpieza profunda que respete la integridad de la reserva.

El Camino Negro no puede seguir siendo el patio trasero del olvido. Es hora de que la gestión pública esté a la altura de la riqueza natural que dice proteger y de la seguridad que debe garantizar.

 

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