“¿Tan fea era yo?”: quién es la actriz de “En el barro 2” que no se puede ni ver
Edición Impresa | 17 de Febrero de 2026 | 03:54
Verónica Llinás sabía que el personaje no iba a ser cómodo. Tampoco amable. Cuando aceptó sumarse a la segunda temporada de “En el barro”, entendió que La Gringa Casares no pedía matices simpáticos sino crudeza. “Ellos me pidieron un monstruo. Y yo hice todo lo posible para darles un monstruo”, resumió la actriz sobre una composición que la obligó a exponerse más de lo que hubiera querido.
La Gringa no es solo una figura de poder dentro de la ficción: es violencia, sometimiento y control. Su vínculo con Nicole, el personaje de China Suárez, se construye desde un dominio casi físico, emocional y simbólico. Para Llinás, el desafío no fue solo interpretativo sino íntimo. “No es fácil componer un monstruo, porque uno tiene que apelar a sus propias monstruosidades. Y dejar en evidencia sus propias monstruosidades a todo el mundo le da vergüenza y temor: mostrás lo que no se debería ver”, reflexionó.
La incomodidad también pasa por el espejo. La transformación estética fue radical: pelo teñido, cejas endurecidas, un rostro deliberadamente áspero, y un flequillo revelador. La actriz no se reconoce en pantalla. “Cada vez que me veo como la Gringa Casares me quiero morir. Y me digo: ‘¿Tan fea era yo?’”, admitió, entre humor y espanto. Verse así no es un juego de caracterización: es enfrentarse a una versión deformada de sí misma.
En la historia, La Gringa maneja privilegios, administra alianzas y ejerce una crueldad constante que atrapa a Nicole, una prostituta de lujo caída en desgracia. La relación entre ambas oscila entre tensión, deseo y humillación, un territorio incómodo que Llinás buscó llenar de densidad emocional. “Yo busqué que toda la crueldad que La Gringa ejerce no le fuera gratuita”, explicó, decidida a que el personaje no sea caricatura sino herida abierta.
A los 65 años, la actriz reconoce que este tipo de roles dejan marca. “Es cierto que me cuesta verme horrible, porque me da miedo que la gente me odie. En realidad, todos los actores queremos que nos quieran”, confesó.
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