Mayor injerencia de la justicia penal en el control del tránsito
Edición Impresa | 22 de Febrero de 2026 | 02:38
Algunos conductores de todo tipo de automotores deben suponer que convertir calles, rutas y otros espacios públicos en escenarios para protagonizar maniobras y acciones irresponsables constituye un mero pasatiempo y hasta un motivo de orgullo, al punto de que muchos de ellos las publican en las redes sociales para aguardar luego felicitaciones de sus amigos.
Ello, en lugar de considerar a toda vía pública es un espacio común, en donde lo primero que debe respetarse es el derecho a la vida y a la integridad física propia y la de terceros.
Lamentablemente, no son pocos los que atraviesan las ciudades a velocidades temerarias, los que cruzan semáforos en rojo o realizan maniobras insólitas con sus vehículos. ¿Tendrán conciencia de que así se colocan ante la Justicia, que podrá hacerlos pasibles de graves sanciones penales y civiles, ya que ponen en deliberado riesgo la vida de terceros?
En el caso de los motociclistas se puede mencionar al “wheelie”, esa maniobra consistente en viajar con la rueda delantera alzada y, en oportunidades, con la compañía de un copiloto o “parrillero” que va con la cabeza y la espalda a centímetros del suelo. Muchos jóvenes la practican y aceleran en avenidas o calles céntricas, buscando exhibir su destreza. Otra modalidad en boga es la de conducir “acostados” en forma paralela a la moto.
Claro que los conductores de automóviles no se quedan atrás. Transitar centros muy poblados a altísimas velocidades, circular al mando del volante con bebés en sus brazos, hacer manejar a chicos que tienen muy pocos años de edad –también se ha dado el caso de acompañar a “conductores” que padecen ceguera, a quienes les ofrecen el volante- forman parte de una variada colección de actitudes muy peligrosas. El reciente caso de “La Toretto” de Berisso es un claro ejemplo de estos excesos.
Si bien las multas pueden tener un poder disuasivo, está claro que no alcanzan. La justicia penal, tal como lo vienen sosteniendo muchos especialistas, debiera avanzar sobre la tesis de que un vehículo lanzado a toda velocidad o realizando maniobras riesgosas puede ser considerado como un arma y, en consecuencia, dictar fallos propios a esos actos que conllevan tanto peligro para terceros. La culpa ya no alcanza y entonces la figura se puede convertir en un delito intencional.
Circulación a velocidades muy elevadas, realización de maniobras “mediáticas” pero que, en todo caso, sólo podrían realizarse en espacios controlados, parecieran ser una “frutilla” excesiva para un tránsito que sigue caracterizado por las maniobras imprudentes de muchos conductores. Como ejemplos puede mencionarse a aquellos que transitan sin casco, a los que circulan por las banquinas, a los que generan embotellamientos por estacionar en doble fila, a los que no respetan las sendas peatonales, a los que no acatan las señales y semáforos.
La elocuencia de las estadísticas viene marcando con claridad un contexto de emergencia vial en la Región que debería ser atendido y corregido, según destacan los especialistas. Asimismo, los tribunales de Justicia debieran imponer sanciones penales a quienes suponen que todo vale con un volante en las manos. Los controles, las multas y las condenas más graves debieran alcanzar mayor vigencia, para frenar tantas actitudes anárquicas y los altos niveles de inseguridad en el tránsito, tal como lo reclaman entidades y conocedores del tema vial.
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