Extracción de grasa bucal: cuándo está indicada y cuáles son sus posibles complicaciones

La intervención creció al ritmo de las tendencias en redes sociales, pero especialistas advierten que solo debe realizarse con indicación médica. Su práctica indiscriminada puede generar complicaciones y acelerar el envejecimiento facial

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La bichectomía, el procedimiento quirúrgico destinado a reducir el volumen de las mejillas mediante la resección parcial de las bolas de Bichat, volvió a instalarse en el centro del debate médico a partir de su creciente difusión en redes sociales, donde los rostros angulados, las mandíbulas definidas y los pómulos marcados se consolidaron como modelos estéticos de amplia circulación. Especialistas en cirugía y medicina estética advierten que, si bien se trata de una intervención válida cuando está correctamente indicada, su realización motivada por tendencias virales y no por criterios clínicos puede generar consecuencias progresivas y, en algunos casos, irreversibles.

En los últimos años, el aumento de procedimientos estéticos estuvo estrechamente vinculado a la exposición constante a estándares de belleza promovidos en plataformas digitales. En ese escenario, la bichectomía —también conocida como extracción de grasa bucal— se transformó en una de las cirugías más solicitadas por personas que buscan afinar el tercio medio del rostro y lograr un contorno facial más definido.

La intervención consiste en retirar parte de las bolas de Bichat, cúmulos de grasa profunda ubicados en la zona de las mejillas que cumplen una función estructural y de soporte. A diferencia de otros procedimientos, se realiza a través de pequeñas incisiones dentro de la boca, por lo que no deja cicatrices visibles en la piel.

CÓMO ES EL PROCEDIMIENTO Y LA RECUPERACIÓN

Se trata de una cirugía relativamente breve, que suele extenderse entre 30 y 45 minutos y puede practicarse con anestesia local, en algunos casos acompañada de sedación. El carácter ambulatorio del procedimiento contribuyó a su popularización, aunque los especialistas remarcan que no debe minimizarse su condición quirúrgica.

La recuperación inicial es rápida en comparación con otras intervenciones faciales, aunque no está exenta de molestias. En los días posteriores es habitual que aparezcan inflamación, hematomas leves y sensación de tirantez o incomodidad al masticar, por lo que se indica mantener una higiene oral estricta y adoptar una dieta blanda durante la primera etapa.

Si bien la mayoría de los pacientes retoma sus actividades habituales en pocos días, el resultado definitivo no es inmediato. El rostro puede tardar varias semanas e incluso meses en desinflamarse por completo y mostrar el contorno final, lo que exige expectativas realistas y seguimiento profesional.

INDICACIONES MÉDICAS Y PERFIL DEL PACIENTE

El doctor Eduardo Cardona, profesor y referente en formación en estética avanzada, sostiene que la bichectomía no es un procedimiento nuevo ni inherentemente negativo, pero subraya que debe realizarse únicamente en pacientes cuidadosamente seleccionados. La evaluación previa incluye análisis de la estructura ósea, volumen graso, calidad de piel y proyección futura del envejecimiento facial.

En general, los mejores candidatos son personas jóvenes, con rostros redondeados, buen volumen en el tercio medio facial y sin signos de flacidez. En estos casos, la reducción de la grasa bucal puede aportar armonía y resaltar los pómulos sin comprometer el equilibrio del rostro.

El problema, advierten los especialistas, surge cuando la indicación médica es desplazada por la presión de una moda. Personas con rostros delgados o con estructuras óseas marcadas pueden perder soporte natural si se someten a la cirugía sin necesidad clínica, lo que altera la proporción facial con el paso del tiempo.

RIESGOS Y EFECTOS A LARGO PLAZO

La grasa bucal no es un tejido accesorio. Cumple una función protectora y de sostén que adquiere mayor relevancia a medida que avanza el envejecimiento natural, cuando el rostro pierde volumen de manera fisiológica. Su eliminación indiscriminada puede traducirse años después en un hundimiento prematuro del tercio medio facial y en una apariencia envejecida.

Entre las complicaciones asociadas a una mala indicación o a una resección excesiva figuran asimetrías faciales, que pueden requerir correcciones posteriores, y lesiones en estructuras anatómicas delicadas como el nervio bucal o el conducto de Stensen, vinculado a la glándula parótida. Aunque estos eventos no son frecuentes cuando la intervención es realizada por profesionales capacitados, constituyen riesgos reales que deben ser informados previamente.

A diferencia de otros tratamientos estéticos reversibles, la bichectomía ofrece resultados permanentes, ya que la grasa extraída no se regenera. Esa característica obliga a extremar la evaluación previa y a contemplar no solo el efecto inmediato sino también el impacto a largo plazo.

ALTERNATIVAS Y RESPONSABILIDAD PROFESIONAL

En un contexto donde la estética moderna tiende a priorizar enfoques conservadores y personalizados, muchos especialistas promueven estrategias que preserven volumen y calidad de piel por encima de la resección permanente de tejidos. La tendencia actual apunta a intervenciones que acompañen el envejecimiento en lugar de anticiparlo.

Existen alternativas menos invasivas para quienes buscan definir el contorno facial sin recurrir a cirugía. Los rellenos dérmicos permiten proyectar pómulos o mejorar la línea mandibular de forma temporal y ajustable, lo que brinda margen para evaluar resultados sin modificar estructuras profundas de manera irreversible.

La discusión en torno a la bichectomía refleja un fenómeno más amplio: la influencia de las tendencias digitales en decisiones médicas que requieren análisis individual. La responsabilidad recae tanto en los profesionales de la salud como en los pacientes, que deben informarse, evaluar riesgos y decidir con criterio clínico antes de ingresar a un quirófano.

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