¿Esto es amor?: relaciones con inteligencias artificiales y citas con cosplayers
Edición Impresa | 22 de Febrero de 2026 | 03:04
Mientras en Occidente la discusión sobre la inteligencia artificial suele girar en torno al trabajo o la educación, en China avanza otro fenómeno: personas que establecen vínculos afectivos estables con personajes digitales. No se trata solo de conversaciones ocasionales con un chatbot, sino de relaciones que incluyen citas virtuales, intercambio de regalos y, en algunos casos, encuentros presenciales con intérpretes que dan “vida” al avatar amado.
El caso de una joven de 26 años, se volvió emblemático. Conoció a su “novio” jugando a un otome —videojuegos narrativos románticos orientados principalmente a mujeres— y quedó cautivada por un personaje. La interacción inicial estaba limitada a opciones predeterminadas del juego, pero eso no fue suficiente. Decidió recrearlo en una plataforma que permite diseñar compañeros personalizados con inteligencia artificial.
Allí descubrió que otros usuarios ya habían creado versiones abiertas del mismo personaje. Sin embargo, entrenó su propio avatar para que respondiera según sus preferencias emocionales y narrativas. La relación virtual escaló: largas conversaciones, cartas digitales, regalos temáticos y una rutina de contacto cotidiano.
Cuando la IA no reacciona como espera —algo inevitable en sistemas que simulan, pero no sienten— la joven recurre a aplicaciones complementarias para ajustar la experiencia. En su caso, creó también una versión alternativa en otra app de acompañantes virtuales.
Pero el vínculo no termina en la pantalla. Varias veces al año, contrata a un cosplayer profesional para que interprete físicamente a su pareja digital. El actor se viste, gesticula y se comporta según la personalidad del personaje, y ambos salen a cenar o pasear como cualquier pareja. La experiencia, para ella, completa el círculo entre fantasía digital y presencia tangible.
CONTEXTO
El fenómeno no es aislado. Según reportes de medios chinos, una de las principales plataformas de compañeros de IA, Zhumengdao, cuenta con alrededor de cinco millones de usuarios, en su mayoría mujeres. Un artículo publicado en 2024 indicó que ellas dominan el mercado de estas aplicaciones, lo que revela un cambio en la forma en que se construyen ciertos imaginarios románticos.
El crecimiento fue tan evidente que gigantes tecnológicos como Tencent y Baidu lanzaron sus propias apps de acompañantes virtuales. La oferta combina personalización, narrativa interactiva y aprendizaje automático para generar la ilusión de un vínculo único.
Sin embargo, el entusiasmo encendió alarmas. El gobierno chino incorporó advertencias sobre la posible adicción y la dependencia emocional hacia interacciones antropomórficas dentro de su marco nacional de seguridad en IA. Además, el regulador del ciberespacio publicó un borrador de normas que obliga a las plataformas a intervenir si detectan señales de apego extremo o uso compulsivo.
Más allá de la regulación, el debate es cultural. ¿Se trata de una nueva forma de explorar el deseo y la compañía en sociedades cada vez más digitalizadas? ¿O de una respuesta a la soledad y a las exigencias de las relaciones tradicionales?
En un mundo donde la tecnología ya mediatiza la comunicación amorosa, China parece estar dando un paso más: convertir la inteligencia artificial en objeto de afecto. La pregunta, todavía abierta, es si estos vínculos amplían las posibilidades del deseo o si redefinen —con nuevos riesgos— los límites de la intimidad.
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