Investigan una traición familiar en Ensenada
Edición Impresa | 28 de Febrero de 2026 | 02:02
El golpe no provino de la calle. No fue un arrebato en la oscuridad ni una puerta forzada en la madrugada. Esta vez, el enemigo estaba adentro. Se trató del llamado fuego amigo.
El expediente quedó caratulado como hurto, pero detrás de esa figura penal asoma una historia de traición familiar que sacude a Ensenada.
El hecho se remonta al 19 de febrero pasado. La denunciante, identificada como M. M., había salido de su casa a metros de la comisaría primera tras contar el dinero que guardaba en un armario. Era una suma importante y en distintas monedas.
Ese día regresó cerca de las 17. En la puerta se cruzó con su cuñado, quien le informó que había ido a instalar un aire acondicionado. Nada parecía fuera de lugar. Pero la calma duró poco.
A la una de la madrugada, ya en silencio y soledad, la mujer volvió a contar el dinero. Lo hacía habitualmente, según fuentes del caso. Entonces descubrió el vacío: faltaban 30.000 dólares, 400 euros y 400 pesos bolivianos. El golpe no había sido externo. Había ocurrido mientras la casa estaba en manos de alguien de confianza.
Con intervención de la UFI N° 3 de La Plata, a cargo de Gonzalo Petit Bosnic, el Grupo Táctico Operativo de la citada dependencia inició tareas investigativas. La pesquisa apuntó rápidamente a un círculo cercano y a cuatro hombres vinculados al hecho y a vehículos que habrían sido utilizados para mover el dinero.
Las órdenes de registro se ejecutaron el jueves pasado en dos domicilios de Punta Lara: 1 bis entre 8 y 8 bis y 8 bis entre Almirante Brown y 1 bis.
Para los pesquisas, el resultado de la diligencia fue positivo. Tanto que dos hombres quedaron detenidos. Son parientes de la damnificada.
En los allanamientos se secuestraron 5.100 dólares estadounidenses y 330 pesos bolivianos, parte del botín denunciado. El resto del dinero continúa siendo materia de investigación.
El hurto no fue un asalto violento ni un escruche clásico. Fue, según la acusación, una maniobra silenciosa, ejecutada en el marco de un vínculo familiar. El dato que estremece no es solo la cifra faltante, sino la confianza quebrada.
La escena es casi doméstica: una mujer que presta su casa para una instalación; un allegado que entra y sale con naturalidad; un conteo de dinero a la madrugada que revela la ausencia. No hubo cerraduras violentadas. No hubo forcejeos ni nada. Y cuando el enemigo es conocido, la herida tarda mucho más en cerrar.
La causa ahora avanza bajo la órbita de la UFI N° 3 y el Juzgado de Garantías N° 2 de La Plata. Mientras tanto, en el barrio, el comentario se repite en voz baja: el golpe más difícil de digerir no es el económico, sino el que viene del propio riñón.
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