Un club de juegos de mesa que también es un laboratorio

Tiene más de 600 propuestas para compartir en familia o entre amigos, en un espacio “cara a cara” y lejos de las pantallas

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No todo en la vida pasa por una pantalla. En un “club de juegos” creado por amigos fanáticos de los juegos de mesa, familias, jóvenes y adultos se reúnen frente a un tablero para compartir y divertirse. Entre dados, fichas y cartas, lo digital pasa a un segundo plano. Allí, los celulares se dejan a un lado y se disfruta del encuentro presencial. Incluso, con el objetivo de alejar a los chicos de la virtualidad, la propuesta despertó el interés de las escuelas.

“El funcionamiento es simple: la gente viene y juega gratis”, contó Juan Barbagallo, uno de los impulsores de un sueño adolescente que hace dos años se hizo realidad y funciona en calle 10, entre 58 y 59. “Somos un centro cultural con más de 600 juegos de mesa, además de cómics, libros y mangas – cómics japoneses -. Todo está disponible para usar libremente. Lo único que pedimos es consumir algo en el buffet. Funciona como un club: llegás, elegís una propuesta y te sentás a jugar”, explicó.

El proyecto pertenece a un grupo de siete amigos. Además de Barbagallo, lo integran Ana Barrot, Matías Prato, Reina Gaias, Osvaldo Lofeudo, Matías Damiani, Daniel Ortiz, Ramiro y Tomás Barbagallo y Gabriel Moglia.

ORIGEN DEL CLUB LÚDICO

Detrás de la propuesta hay una historia. Barbagallo contó que todo surgió con sus amigos del colegio Santa Teresa. Se sentían distintos al resto. “Éramos los raros del curso. Jugábamos videojuegos, mirábamos anime – producciones japonesas - y nos gustaban los juegos de mesa”, señaló. A los 12 años, un trabajo escolar los llevó a crear un emprendimiento que les gustara llevar a cabo. “Diseñamos el logo de la ‘Frikioteca’ – tal como se denomina la propuesta - inspirado en las letras de Pokémon. Después quedó guardado durante años y hoy es nuestro sello distintivo”, indicó.

La idea volvió a aparecer años más tarde, ya de adultos. A los 27 años se reencontraron y decidieron que era el momento de hacer realidad el proyecto.

La respuesta del público superó todas las expectativas. “Pensábamos que iban a venir adolescentes, pero empezó a llegar gente de 25 ó 30 años y después se amplió muchísimo. Hoy vienen familias, adultos de 40 ó 50 y grupos de amigos. El promedio ronda los 30, pero es muy variado”, señaló Barbagallo.

Grandes y chicos comparten una tarde de juegos de mesa / D. Alday

ANALÓGICO VS DIGITAL

El “club del juego” se materializó hace dos años, el 8 de diciembre de 2023, en el marco de una tendencia global, con el regreso de los juegos analógicos en plena era digital. Para el grupo, la explicación de este fenómeno está en la necesidad del encuentro real. “Hay una búsqueda del cara a cara. El tablero, las cartas y los dados obligan a mirar al otro, esperar tu turno e interactuar. No es inmediato como lo digital y eso genera otra experiencia social”, se explicó.

La dinámica también favorece algo no tan frecuente: socializar con desconocidos. Al respecto, Barbagallo afirmó: “Pasa muchísimo que alguien viene solo y termina jugando con gente que no conocía”.

PARA TODOS LOS GUSTOS

En los estantes hay desde juegos clásicos como “El Estanciero” –de estrategia y bienes-, el “TEG” (Técnica Estratégica de Guerra) -de estrategia y conquista- o ajedrez hasta propuestas modernos como “Catán” –donde se compite para colonizar una isla- o “Carcassonne” -donde los jugadores construyen un mapa medieval de caminos, ciudades y monasterios.

En el lugar se perciben distintos climas. En todo momento se escuchan voces, risas y conversaciones entre los jugadores. A veces, el ambiente se vuelve festivo, especialmente cuando algún juego lo permite. En cambio, otras veces, hay mesas en silencio, con los jugadores concentrados, pensando en sus estrategias.

Nadie necesita experiencia previa. “Siempre hay alguien explicando las reglas. Queremos que cualquiera pueda sentarse y jugar”, señaló Barbagallo.

Además, el grupo lanzó su propia propuesta: “El cuaderno de las tres mil preguntas”, un juego conversacional donde se elige un número y hay que responder una pregunta, para generar charlas y debates entre los participantes.

Es que ante la receptividad que tuvo la iniciativa, diseñadores locales de juegos también llevan sus prototipos y los ponen a prueba con los jugadores que asisten al lugar. “Se hacen ajustes y mejoras en comunidad”, se explicó.

EDUCACIÓN FUERA DE LA PANTALLA

La propuesta trascendió el entretenimiento y comenzó a vincularse con escuelas. “Muchos colegios nos buscan porque quieren que los chicos se despeguen de las pantallas. Nos visitan y les mostramos cómo los juegos incluyen matemática, diseño o arte y después juegan sin usar el celular”, contó Barbagallo, y de hecho “muchos vuelven después con sus familias. Es contagioso”, agregó.

 

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