La defensa de Adorni divide aguas en el Gobierno y genera reacciones disímiles
Edición Impresa | 10 de Mayo de 2026 | 03:32
Germán López
La categórica desmentida de Javier Milei clausuró, al menos por ahora, la posibilidad del reemplazo de Manuel Adorni, envuelto en un escándalo que semana tras semana suma revelaciones y deteriora su situación ante la opinión pública.
Los rumores sobre su salida del Gobierno crecieron a mitad de semana, tras conocerse la declaración de Matías Tabar, el contratista que refaccionó la casa del funcionario en el country Indio Cuá. Según su testimonio ante el fiscal federal Gerardo Pollicita, por ese trabajo habría recibido 245.000 dólares en efectivo y sin emisión de factura. Como mínimo, irregular.
A ese movimiento dentro del expediente -que analiza la posible existencia de enriquecimiento ilícito- le siguió una medida de alto impacto: el levantamiento del secreto fiscal de Adorni y de su esposa, Bettina Angeletti.
Para entonces, en distintos sectores del oficialismo ya se consideraba políticamente insostenible su continuidad al frente de la Jefatura de Gabinete y las especulaciones sobre un eventual reemplazo empezaron a multiplicarse. Al nombre de Martín Menem se sumaron los del canciller Pablo Quirno y del ministro del Interior, Diego Santilli.
“NO VOY A EJECUTAR A UN INOCENTE”
Poco después, el Presidente intentó clausurar cualquier especulación sobre una eventual salida del funcionario. “No voy a ejecutar a un inocente”, dijo durante una entrevista con Luis Majul.
Todo se precipitó el miércoles por la tarde, cuando Patricia Bullrich reclamó que Adorni adelantara la presentación de su declaración jurada patrimonial. ¿Reclamo o ultimátum? Milei utilizó el verbo “espoilear” para suavizar una intervención que, en los hechos, sonó bastante más incisiva.
Lo más probable es que la exministra de Seguridad haya advertido que el empecinamiento presidencial en sostener al funcionario había empujado al Gobierno a un callejón sin salida.
La irrupción de Bullrich produjo un efecto inmediato. Esa misma noche, Milei anunció que Adorni adelantaría la presentación de su declaración jurada, aunque evitó precisar una fecha. En muchos despachos oficiales hubo malestar con Bullrich porque consideran que buscó ganar protagonismo al “primerear” una decisión que -aseguran- ya estaba tomada.
En la Casa Rosada creen que el escándalo está lejos de resolverse, pero consideran que la futura presentación patrimonial introduce una expectativa que, al menos transitoriamente, permite descomprimir la situación.
Sin embargo, la falta de explicaciones convincentes sobre la evolución patrimonial de Adorni sigue alimentando especulaciones de todo tipo. Más aún porque su continuidad erosiona la credibilidad de un Gobierno que hizo de la “moral pública” una de sus principales banderas.
¿POR QUÉ SOSTENERLO A CUALQUIER COSTO?
¿Por qué sostenerlo a cualquier costo cuando apartarlo podría desactivar de inmediato el conflicto? Una de las hipótesis apunta a Karina Milei, en quien el Presidente delegó buena parte del manejo político. No parece exagerado pensar que sea ella quien, en última instancia, sostiene a Adorni contra viento y marea. Después de todo, es el propio Milei quien la define, sin matices, como “La Jefa”.
Pero el interrogante de fondo sigue siendo otro: ¿por qué pagar semejante costo político? Una de las versiones que circulan habla de supuestos sobresueldos financiados con fondos de la SIDE, una sospecha recogida por algunos medios al mencionar pagos mensuales a funcionarios y asesores por fuera de los mecanismos formales.
Otra hipótesis, impulsada por la diputada Marcela Pagano, sostiene que Adorni cobraba por intermediar reuniones entre empresarios y ministros. Según la denuncia judicial presentada por la legisladora, el entonces vocero utilizaba su posición para organizar agendas de negocios y “llevarse su parte”.
LA ECONOMÍA
En medio del torbellino, las noticias económicas trajeron esta semana algo de alivio a la golpeada gestión de Milei. La posibilidad de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán por el conflicto en Medio Oriente ayudó a calmar los mercados financieros. A eso se sumó una mejora en la calificación crediticia de Fitch Ratings, que sacó a la Argentina de la categoría de “riesgo sustancial” y la ubicó en un escalón que podría facilitar el regreso de fondos institucionales a los bonos locales. También aparecieron pronósticos coincidentes de desaceleración inflacionaria para abril. Incluso la economía mostró algunas señales de recuperación: la industria y la construcción crecieron 3,2% y 4,7%, respectivamente, en marzo frente a febrero.
En ese escenario, el ministro de Economía, Luis Caputo, oscila entre dar por terminado el “riesgo kuka” -como ocurrió el 28 de abril- y volver a invocarlo, tal como hizo el viernes en conferencia de prensa para explicar por qué el riesgo país no baja lo suficiente.
EL PJ, CON SU PROPIO DILEMA
Paradójicamente, el peronismo también enfrenta su propio dilema: alimentar la incertidumbre económica para mejorar sus chances electorales hacia 2027 o mostrar una versión más previsible en materia fiscal y monetaria para seducir a un electorado que todavía observa con desconfianza cualquier posibilidad de regreso.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE