Vivir más y mejor: la nueva ciencia del envejecimiento que redefine el verdadero “momento óptimo”
Edición Impresa | 3 de Mayo de 2026 | 06:42
El debate sobre el envejecimiento ha dado un giro clave en los últimos años. Durante décadas, la meta fue vivir más tiempo, con avances médicos centrados en extender la esperanza de vida.
Más adelante, ese objetivo evolucionó hacia un enfoque más cualitativo: no bastaba con vivir más, había que hacerlo con salud. Así surgió el concepto de healthspan, que mide los años libres de enfermedad.
Hoy, una nueva corriente empieza a imponerse en la conversación científica y social: el PeakSpan, una noción que desplaza el foco hacia el rendimiento máximo sostenido en el tiempo.
UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA LONGEVIDAD
El PeakSpan propone una transformación profunda en la forma de entender el envejecimiento. Ya no se trata solo de sumar años o evitar enfermedades, sino de prolongar el período en el que una persona se encuentra en su mejor versión.
Este enfoque pone el acento en variables como la energía, la claridad mental, la capacidad física y la autonomía funcional. Es, en esencia, una mirada más exigente sobre lo que significa “estar bien”.
En este nuevo marco, el envejecimiento comienza antes de lo que tradicionalmente se creía: no con la enfermedad, sino con la pérdida progresiva del rendimiento óptimo.
EL ORIGEN DEL CONCEPTO
El término fue introducido por el investigador Alex Zhavoronkov, fundador de Insilico Medicine, junto a la investigadora Dominika Wilczok.
Su planteo establece que el PeakSpan puede medirse a partir del tiempo en que una persona mantiene al menos el 90% de su capacidad máxima en aspectos como fuerza, resistencia o agilidad cognitiva.
De esta manera, se establece una métrica más precisa y exigente que las anteriores, centrada en la excelencia funcional y no solo en la ausencia de deterioro.
RENDIMIENTO VERSUS SALUD
Uno de los aportes clave de este enfoque es la distinción entre estar sano y rendir al máximo. Una persona puede no tener enfermedades diagnosticadas y, aun así, haber perdido parte significativa de sus capacidades.
Subir escaleras con mayor esfuerzo, necesitar más tiempo para concentrarse o tardar más en recuperarse después de una actividad física son señales frecuentes que marcan ese descenso.
Desde la lógica del PeakSpan, estos cambios indican que el punto máximo de rendimiento ya quedó atrás, aunque clínicamente todo parezca normal.
UN EJEMPLO QUE ILUSTRA
El caso de Jennifer Lopez sirve para entender esta idea. A sus casi 57 años, la artista mantiene un nivel de الأداء físico y escénico que desafía los estándares tradicionales del envejecimiento.
Si bien no alcanza el volumen de conciertos de sus años más intensos, su presencia sobre el escenario evidencia una notable prolongación de su “prime”.
El PeakSpan no mide cuántas veces actúa, sino cómo lo hace: con qué energía, precisión y capacidad de sostener el rendimiento.
¿SE PUEDE EXTENDER EL PEAKSPAN?
La gran pregunta es si este período de máximo rendimiento puede prolongarse. Los especialistas coinciden en que, aunque no se puede detener el envejecimiento, sí es posible influir en su ritmo.
Hábitos como el ejercicio físico regular, una alimentación equilibrada, la estimulación cognitiva y el descanso adecuado son factores determinantes.
También influyen variables menos tangibles, como el entorno social, la gestión del estrés y el equilibrio emocional, que impactan directamente en el rendimiento global.
MÁS ALLÁ DEL RENDIMIENTO
No obstante, el concepto debe interpretarse con cautela. Reducir la vida a una lógica de rendimiento constante puede resultar limitante y poco realista.
Existen dimensiones que no entran en esta medición —como la experiencia, la creatividad o la inteligencia emocional— que suelen fortalecerse con el paso del tiempo.
Además, no todas las personas alcanzan su mejor momento en la juventud. Muchas lo hacen en etapas más avanzadas, tras adoptar hábitos más saludables y conscientes.
REPENSAR EL ENVEJECIMIENTO
El PeakSpan introduce, en definitiva, un cambio de mirada: deja de importar únicamente cuánto vivimos y comienza a cobrar relevancia cómo vivimos ese tiempo.
La propuesta no es competir contra el paso de los años, sino optimizar la calidad del presente y sostener, el mayor tiempo posible, nuestras capacidades más altas.
En este contexto, el envejecimiento deja de ser una cuenta regresiva para convertirse en un proceso que puede ser gestionado con mayor conciencia.
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