La era del “ningufoneo”: silencios que aturden en la mesa y una transformación que redefine los vínculos

El uso del dispositivo está reemplazando la conversación familiar y debilitando los vínculos, especialmente entre padres e hijos. Estudios advierten que es una transformación cultural profunda más que una simple adicción

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En cualquier restaurante de La Plata o en una casa de clase media del conurbano, la escena se repite con una naturalidad inquietante: una familia sentada a la mesa, platos servidos, silencio. No hay discusión ni conflicto. Tampoco hay conversación. Cada integrante mira su teléfono, desliza, escucha audios, responde mensajes. El ritual de la comida compartida, históricamente asociado a la palabra, parece haber sido reemplazado por una coreografía de pantallas.

Lo que hasta hace algunos años era una preocupación aislada —el “chico pegado al celular”— hoy se desplaza hacia los adultos. Padres y madres que revisan notificaciones mientras sus hijos hablan, que interrumpen un juego por una alerta digital o que, directamente, sustituyen el diálogo por mensajes de voz.

La pregunta ya no es si el celular afecta los vínculos, sino hasta qué punto está reorganizando la vida cotidiana. Y en ese interrogante, la producción académica empieza a ofrecer respuestas con nombre y apellido.

Desde investigaciones alojadas en el repositorio SEDICI de la Universidad Nacional de La Plata, se advierte que el smartphone dejó de ser una herramienta para convertirse en un entorno que redefine la experiencia social.

LO QUE DICE LA ACADEMIA: ESTUDIOS, AUTORES Y EVIDENCIA

El trabajo más citado en el ámbito local es “Comunicación familiar en la era del vacío: nuevas patologías asociadas al uso problemático del móvil”, publicado en la Revista de Psicología de la UNLP por Ofelia Rodríguez Sas y Lorena Cynthia Estrada. Allí se introduce el concepto de tecnointerferencia y se documenta cómo el uso del celular durante momentos familiares incrementa el conflicto intrafamiliar y genera nuevas patologías como nomofobia, FoMO y ningufoneo.

En la misma línea, el artículo “El uso del smartphone en adolescentes: el papel del profesorado” (Revista de Orientación y Sociedad, UNLP) establece una relación directa entre uso intensivo del celular y deterioro del vínculo parento-filial, mostrando que a mayor uso, menor comunicación real con los padres.

Otro aporte clave surge de las investigaciones de Carolina Duek y Roxana Morduchowicz, quienes analizan la mediación parental como una práctica de negociación constante, donde el celular funciona tanto como herramienta de control como factor de dependencia familiar.

Desde el campo educativo, la tesina “Percepciones sobre la violencia entre estudiantes en relación al dispositivo móvil” de Ornella Paola Sasone (2026, SEDICI) advierte que las instituciones no logran integrar el celular pedagógicamente y que el dispositivo actúa simultáneamente como herramienta de socialización y de conflicto.

TERRITORIOS DIGITALES Y VÍNCULOS FRAGMENTADOS

Otro eje central aparece en el proyecto de investigación registrado en SEDICI como “Territorios digitales” (UNLP), donde se analiza cómo las tecnologías crean nuevas espacialidades dentro del hogar. Allí se sostiene que la vida familiar ya no se organiza en torno a espacios compartidos, sino a burbujas digitales individuales.

En paralelo, trabajos presentados por Susana Hupert y Inés Ingrassia (2015, 2021) desarrollan el concepto de “vincularidad fluida”, describiendo familias donde la conexión afectiva depende cada vez más del dispositivo y menos del encuentro cara a cara.

Estos estudios coinciden en un punto: la tecnología no solo media el vínculo, sino que redefine su estructura.

INFANCIA EN RIESGO: MENOS PALABRAS, MENOS VÍNCULO

Las investigaciones en psicología del desarrollo, alojadas en SEDICI bajo líneas como “Incidencia de pantallas en niños/as menores de 2 años”, advierten sobre un fenómeno crítico: la caída del intercambio verbal.

Los datos son contundentes. Un adulto puede pronunciar cerca de 940 palabras por hora en interacción directa. Con pantallas presentes, ese número cae drásticamente. En contextos de ningufoneo, desaparece.

El investigador Sergio Terrasa, vinculado a CONICET, advierte que ninguna pantalla puede reemplazar la interacción humana en el desarrollo infantil, y que el uso debe ser limitado y acompañado.

En la misma línea, el neurocientífico Fabricio Ballarini señala que más del 40% de los adolescentes presenta indicadores de uso problemático del celular, con impactos en memoria, creatividad y atención.

ADULTOS MAYORES: INCLUSIÓN, MIEDO Y DEPENDENCIA

El proyecto “Mayores conectadxs” (SEDICI, Facultad de Periodismo UNLP) analiza la relación de los adultos mayores con la tecnología desde la inclusión digital. Allí se observa que el celular se convierte en la principal herramienta de comunicación, pero también en fuente de dependencia emocional.

Programas como el PEPAM muestran que los adultos mayores adoptan la tecnología por necesidad —trámites, comunicación, autonomía— pero también por temor a quedar excluidos.

El psiquiatra Alejandro Bègue advierte que, si bien la adicción plena aún es incipiente en mayores, la dependencia crece y se combina con una queja recurrente: la falta de diálogo con hijos absorbidos por sus pantallas.

EL COLAPSO DE LA COMUNICACIÓN: DEL DIÁLOGO AL AUDIO

Argentina lidera el uso de WhatsApp, lo que aceleró la caída de la llamada telefónica. Investigaciones en comunicación mediada muestran que el uso de audios reemplaza el diálogo en tiempo real por una lógica de monólogo asincrónico.

El sociólogo Rodrigo Ceberio y su equipo (Ceberio, Días Videla, Agostinelli y Daverio, 2019) analizan cómo estas nuevas formas reconfiguran la comunicación familiar, debilitando la reciprocidad y la espontaneidad.

El resultado es una comunicación constante pero superficial: contacto sin encuentro.

CONSUMISMO TECNOLÓGICO: IDENTIDAD Y FETICHE

Los estudios locales también vinculan el uso del celular con el consumo simbólico. Investigaciones en SEDICI y análisis culturales inspirados en Gilles Lipovetsky describen una sociedad donde el objeto tecnológico funciona como símbolo de estatus.

Marcas, modelos y actualizaciones constantes construyen identidad. El celular deja de ser herramienta para convertirse en prótesis del yo.

Este fenómeno es transversal: jóvenes buscan pertenencia; adultos, validación social.

UNA TRANSFORMACIÓN EN CURSO

Desde la Universidad Nacional de La Plata, el CONICET y universidades como la Universidad Católica de La Plata o la Universidad del Este, el diagnóstico es claro: no se trata solo de adicción, sino de una transformación cultural profunda.

La mesa familiar sigue ahí. Pero cada vez más silenciosa.

Y en ese silencio —documentado por tesis, papers y proyectos de investigación— se juega algo más que un cambio tecnológico: se redefine la forma en que las personas se vinculan, se escuchan y, sobre todo, se reconocen.

 

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