Adultos mayores hiperconectados: el celular se volvió masivo y también problemático

Tras la pandemia, que aceleró el proceso, más del 90% de las personas de la tercera edad usa el teléfono móvil en el país

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Hoy, más del 90% de las personas mayores en Argentina utiliza teléfono móvil, una cifra que refleja un cambio profundo en la forma de vincularse con el mundo.

La gerontóloga platense Silvia Gascón, en diálogo con EL DIA, advierte que no existe un perfil único dentro de este grupo etario a la hora de analizar el vínculo con la tecnología. “Lo primero a recordar cuando se trata de personas mayores es que las diferencias son muy grandes entre quienes integran este grupo. Las historias de vida marcan diferencias que cristalizan en la edad mayor, y eso también se refleja en el acceso y la familiarización con la tecnología digital”, explica.

El salto en el uso del celular entre adultos mayores no ocurrió de manera gradual, sino acelerada. La digitalización de trámites, la expansión de la conectividad y, sobre todo, la pandemia de COVID-19 funcionaron como motores de cambio.

La docente Graciela Nafria, quien dicta talleres vinculados en La Plata sobre alfabetización digital desde 2014, señala que “la pandemia fue un disparador porque nos mudamos a la virtualidad y surgió la necesidad de vivir a través de estar conectados”, explica. Así, el uso del celular permitió sostener vínculos familiares, acceder a servicios y mantener cierta autonomía en un contexto de aislamiento. Aplicaciones como WhatsApp se volvieron centrales para mantener el contacto con hijos, nietos y amistades, pero también para organizar la vida cotidiana.

A diferencia de generaciones más jóvenes, Gascón explica que el uso principal sigue siendo la comunicación directa, aunque con nuevas modalidades: “Se usa sobre todo para envío y recepción de audios, que es la forma que las conversaciones han tomado para quedarse”, señala.

Además, los grupos de mensajería se transformaron en espacios de socialización cotidiana. Allí circulan noticias, fotos familiares, recordatorios y conversaciones grupales que permiten sostener vínculos a distancia. Sin embargo, esa misma dinámica puede resultar abrumadora: en algunos casos se vuelven “extenuantes” por la cantidad de mensajes y la necesidad constante de estar disponible.

SEGURIDAD

“El celular aporta una cuota de seguridad, al saber que ante cualquier circunstancia se puede estar conectado”, explica Gascón. Pero, ese mismo dispositivo también puede convertirse en una fuente de preocupación. El miedo a perderlo, sufrir robos o ser víctima de estafas digitales es cada vez más frecuente. “La sensación de fragilidad después de una experiencia como un hackeo o una estafa convive durante bastante tiempo”, advierte Gascón.

DEPENDENCIA Y USO PROBLEMÁTICO

Aunque no se trata de adicciones en sentido clínico, el uso excesivo comienza a generar alertas en distintos ámbitos. Gascón propone reflexionar sobre cuánto tiempo pasa entre despertarse y revisar el teléfono, si resulta difícil apagar la pantalla o si se utiliza el dispositivo durante comidas y reuniones. “Reflexionar sobre estas cuestiones puede ayudarnos a detectar alertas cuando el celular se ha convertido en algo más que una herramienta”, sostiene.

Estos comportamientos, cada vez más comunes, reflejan un fenómeno que atraviesa todas las edades, pero que adquiere características particulares en la vejez, donde el dispositivo cumple funciones múltiples: comunicación, entretenimiento, gestión de trámites y vínculo social.

 

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