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Milei y Bullrich: una alianza de idas y vueltas que empieza a mostrar sus límites

Del respaldo incondicional a los cuestionamientos públicos, la relación entre el Presidente y la jefa del bloque libertario en el Senado atraviesa una nueva etapa de tensión

Por Redacción

La relación entre Javier Milei y Patricia Bullrich volvió a quedar expuesta esta semana. Esta vez no fue por una declaración formal ni por una diferencia en una votación, sino por una canción. Bullrich publicó un video en el que se la ve trabajando en su despacho mientras escucha y tararea “No me importa”, de Lali Espósito, una artista que mantiene desde hace años un enfrentamiento público con el Presidente. El gesto apareció horas después de que la senadora cuestionara al Gobierno por los cambios vinculados con discapacidad incluidos en el proyecto de Presupuesto 2027.

La escena puede parecer anecdótica, pero difícilmente pueda separarse del momento político que atraviesa el oficialismo. Bullrich venía reclamando mayor coordinación con la Casa Rosada y cuestionó que el bloque libertario se enterara por los medios de modificaciones sensibles del proyecto enviado por el Ejecutivo. “No voy a aceptar que me tomen de tonta”, planteó la senadora, en una señal pública de un malestar que hasta ahora había intentado administrar dentro de los márgenes de la alianza con Milei.

Ahí aparece una de las claves de esta relación: Bullrich nunca dejó de ser una aliada central del Gobierno, pero tampoco parece dispuesta a resignar autonomía. Desde su llegada al espacio libertario, la exministra construyó un lugar propio, con peso parlamentario y capacidad para negociar dentro del Congreso. Esa posición la obliga a convivir con una tensión permanente: respaldar al Gobierno en las iniciativas que considera centrales y, al mismo tiempo, marcar diferencias cuando entiende que la Casa Rosada toma decisiones sin consultar a quienes después deben defenderlas en el Congreso.

El episodio del Presupuesto volvió a poner esa tensión sobre la mesa. Las modificaciones relacionadas con discapacidad provocaron el reclamo de Bullrich y expusieron un problema de coordinación entre el Ejecutivo y su propio bloque parlamentario. El cortocircuito adquirió mayor dimensión porque ocurrió justo cuando el Gobierno necesita sostener acuerdos legislativos para avanzar con su agenda.

Pero la historia entre Milei y Bullrich tiene varios capítulos. Hubo momentos de acercamiento, otros de respaldo explícito y también diferencias que fueron quedando a la vista. La relación nunca terminó de ser la de una subordinación política tradicional. Bullrich llegó al universo libertario después de haber construido durante décadas su propia trayectoria, primero dentro del peronismo, luego en el macrismo y finalmente al frente del PRO y del Ministerio de Seguridad durante el gobierno de Mauricio Macri.

Milei, por su parte, encontró en Bullrich una dirigente con experiencia política y capacidad de negociación que podía aportar estructura a un espacio que llegó al poder sin una maquinaria parlamentaria propia. Esa sociedad resultó especialmente visible en el Congreso, donde la senadora asumió un papel central en la defensa de las iniciativas oficiales. Pero esa misma centralidad le dio herramientas para discutir con el Ejecutivo cuando considera que una decisión afecta su propia estrategia parlamentaria.

Por eso, cada nuevo cortocircuito tiene una lectura adicional. No se trata solamente de si Bullrich acompaña o no una medida determinada. También está en juego cuánto margen conserva para diferenciarse de Milei sin romper con él y cuánto está dispuesto el Presidente a tolerar de una aliada que tiene peso propio.

La escena con Lali sintetizó esa dinámica de una manera casi perfecta. Bullrich eligió una canción de una artista enfrentada públicamente con Milei, en medio de un conflicto concreto con el Gobierno. La lectura política fue inmediata. Sin embargo, el propio Presidente decidió bajarle el tono al episodio y sostuvo que no veía un problema en que Bullrich escuchara a Lali. Incluso dijo que, después de la polémica, había escuchado algunas canciones de la artista y le habían gustado.

Ese dato también resulta significativo. Milei, que históricamente respondió con dureza a sus adversarios y protagonizó numerosos cruces públicos, eligió esta vez no escalar el conflicto con Bullrich. La respuesta presidencial funcionó como una señal de que, pese a las diferencias, existe un límite que ninguna de las dos partes parece interesada en cruzar.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto falta para un nuevo enfrentamiento entre ambos, sino cuánto puede durar esta fórmula de convivencia: Bullrich diferenciándose sin romper y Milei aceptando esas diferencias sin convertirlas en una pelea abierta.

Por ahora, ambos parecen necesitar algo del otro. El Gobierno necesita votos, estructura y capacidad de negociación en el Congreso. Bullrich necesita conservar un lugar de peso dentro del oficialismo sin quedar absorbida completamente por la lógica de la Casa Rosada.

Y en ese juego de acercamientos, respaldos, reclamos y gestos públicos, la relación entre Milei y Bullrich empieza a mostrar que la alianza puede continuar, pero ya no necesariamente bajo la lógica de una obediencia automática. El video con Lali fue apenas el último capítulo de una relación política marcada, desde el comienzo, por las idas y vueltas.

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