El senador Flávio Bolsonaro —aliado del mandatario estadounidense Donald Trump— y el veterano presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se enfrentarán el 25 de octubre en una segunda vuelta por la presidencia de la principal economía de América Latina. Según el cómputo oficial del Tribunal Superior Electoral, con sede en Brasilia, ni el hijo de 45 años del expresidente Jair Bolsonaro, de perfil conservador; ni el líder progresista —que busca su cuarto mandato no consecutivo— alcanzaron la mayoría absoluta de votos (50% o más) requerida por ley para ganar en primera vuelta.
Bolsonaro obtuvo 47,04% de los sufragios y Lula alcanzó 45,14% al computarse la totalidad de los votos. Para el candidato de derecha, el resultado muestra que “Brasil quiere un cambio”.
Las elecciones en Brasil son clave para el futuro político de América Latina tras las importantes victorias logradas por aliados de Trump en elecciones recientes que incluyen a Argentina, Colombia, Honduras y Perú. Lula -que reconoció anoche que el resultado fue “inesperado”- ha acusado a la administración estadounidense de intentar influir en la elección de su país a Bolsonaro imponiendo aranceles, revocando el visado del embajador del país en Washington e imponiendo sanciones a funcionarios gubernamentales y a un juez del máximo tribunal.
El próximo mandato presidencial comenzará el 5 de enero de 2027. El ganador asumirá la dirección de la mayor economía de América Latina —con un Producto Bruto Interno de 2,64 billones de dólares anuales— y de una nación con 214 millones de habitantes. Si Lula gana, Brasil mantendrá distancia respecto de Washington y conservará su alianza con Beijing. Una victoria del senador Bolsonaro, en cambio, supondría un nuevo triunfo para Trump.
CAMPAÑA A TODO O NADA
Lula y Bolsonaro dispondrán de tres semanas para intentar atraer a los moderados que no los apoyaron en la elección del domingo.
Se espera que en la campaña Lula apueste por la popularidad de sus políticas sociales, los numerosos problemas legales de su rival y el amplio rechazo que la familia Bolsonaro genera.
El senador conservador podría en tanto amplificar su mensaje sobre la caída del poder adquisitivo, vincular al presidente con escándalos de corrupción y arremeter contra él y su Partido de los Trabajadores (PT), que es rechazado por cerca de la mitad de los votantes.
Hace cuatro años Lula derrotó en segunda vuelta al entonces presidente en ejercicio Jair Bolsonaro por 50,9% de los votos frente a 49,1%.
Los casi 159 millones de votantes habilitados de Brasil también elegían el domingo a 27 gobernadores estatales, miembros de las legislaturas estatales, los 513 miembros federales de la Cámara baja del Congreso y 54 de los 81 senadores del país.
Las urnas cerraron a las 5 p.m., y quienes aún estaban en fila podían votar; los conteos comenzaron a llegar dentro de la hora. En la última elección presidencial, los dos candidatos que avanzaron desde la primera vuelta se determinaron matemáticamente alrededor de las 8 p.m. hora de Brasilia, con casi el 99% de los votos contabilizados.
Aunque el otrora muy popular Lula vio desplomarse sus índices de aprobación durante su tercer mandato, plantarle cara a Estados Unidos le ha dado un impulso. Y aún disfruta de una sólida base de simpatizantes que atribuyen a sus políticas sociales la mejora de la vida de millones de brasileños.
Lula dijo a periodistas después de votar el domingo que necesita “hacer el doble de lo que hemos hecho” si es reelegido. Pero el mandatario enfrenta una dura batalla debido a una crisis de asequibilidad y un escándalo de corrupción que involucró al mismo juez que encabezó la investigación contra Bolsonaro.
“Muchos en la campaña de Lula no esperaban una elección tan difícil hace unas semanas , y les queda claro que la elección actual es una dura batalla y las próximas, sin Lula, podrían serlo aún más”, dijo Carlos Melo, profesor de ciencia política en la Universidad Insper en Sao Paulo.
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