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ARMY: el ejército de fans de BTS que pide bañarse

Presionaron al Concejo, coreografiaron pañuelos y linternas, desalientan el acampe y recuerdan el antitranspirante. Retrato del fandom de BTS, que llega al Único con códigos propios

Dos de los integrantes de BTS, ayer, en su arribo al aeropuerto de Ezeiza / Web

Por Redacción

Primero fue la carpa. En marzo, apenas se confirmó que BTS tocaría en el Estadio Único, un grupo de fans se instaló frente al estadio con más de medio año de anticipación. La Municipalidad lo desalojó: no se puede acampar en la vía pública. Lo curioso vino después. Quienes salieron a desalentar nuevos acampes no fueron solo los funcionarios, sino las propias fans. “No al acampe”, publicó la cuenta BTS Argentina Oficial. Y sumó una frase que resume a todo un fandom: “ARMY, cuidarnos también es cuidar a BTS”.

Ahí está la clave para entender al ARMY, como se llama el ejército de seguidores del septeto surcoreano. Un fandom que se organiza como una ONG, presiona como un sindicato y se cuida como una familia numerosa. Y que, a días del desembarco, viralizó un instructivo que en cualquier otro recital sonaría a chiste: bañarse.

Las placas circularon por X, TikTok e Instagram con el sello de la gira Arirang y una consigna sin vueltas: “Una ducha antes del concierto hace la diferencia”. Para las que piensan hacer fila desde temprano, la guía baja al detalle: ducharse la noche anterior, antitranspirante antes de dormir y, a la mañana, agua y jabón o toallitas húmedas en las axilas. El contexto ayudó: días antes se había viralizado un gesto de Zayn Malik en el Movistar Arena porteño que muchos leyeron como una queja por el olor del público (otros juran que hablaba del calor y de su canción “Sweat”). El ARMY no esperó a que nadie se tapara la nariz en el Único.

La misma lógica de tropa disciplinada explica el resto. Fue la comunidad BTS La Plata Oficial la que hizo campaña durante meses hasta que el Concejo Deliberante declaró a los siete Huéspedes de Honor, por unanimidad, una rareza en la política local. Fue en la Argentina donde nació, en enero, un grupo de WhatsApp para “tirar” las cuentas de los influencers que consiguieran entradas para ir “por moda” y le sacaran el lugar a una fan de años. La movida se replicó en toda Latinoamérica, y cuando el streamer Spreen (el que por un minuto fue jugador profesional de la Primera de Riestra) anunció en vivo que iban a regalarle una entrada, el ARMY lo tomó como una declaración de guerra. Y una petición para priorizar a compradores locales superó las 45.000 firmas.

Hacia afuera, las reglas también son claras. ARGMY Projects difundió un decálogo de privacidad: el aeropuerto y el hotel no son punto de encuentro, no se compran ni se comparten vuelos ni ubicaciones, si alguien los cruza en un momento privado no se acerca, no los sigue ni les saca fotos, y cuando termina el show nadie los espera afuera. En un país donde la guardia en la puerta del hotel es casi un deporte nacional, suena a otro planeta.

¿Y cómo se ve una ARMY? Violeta, ante todo: es el color del fandom desde aquel “I purple you” (te violeteo) que acuñó V. Remeras de giras viejas, bandanas, el lightstick oficial, el ARMY Bomb, colgando como un talismán. Trenzas largas y bien definidas que sobreviven tres horas de saltos, mini trenzas con clips brillantes y estrellitas, maquillaje en lilas. Hay quien elige homenajear una era: en Lima se vieron fans de rojo, con la estética previa al debut. Para el sábado 24, la consigna local es celeste y blanco, porque el show en el Estadio se transmitirá en cines de todo el mundo. Y los bolsillos, llenos de freebies: llaveros, pulseras de mostacillas, stickers y photocards hechos a mano para regalarle a una desconocida en la fila. Primos hermanos de las pulseritas de las swifties.

Adentro, el estadio también tiene libreto. El miércoles, pañuelos celestes y azules para hacer olas durante “Swim”. El viernes, celofán naranja sobre la linterna del celular para teñir de dorado “Come Over”. Cada noche, banderas de Corea del Sur en el coro de “Arirang”, y un cantito con los siete nombres que remata con un doble “Ar-gen-ti-na”. El sábado, además, colecta de alimentos no perecederos para el Banco Alimentario de La Plata.

“Fans eran los de antes”, diría algún nostálgico del rock barrial. Los de antes acampaban una semana, prendían bengalas y salían oliendo a choripán y a pogo. Las de ahora piden no acampar, piden permiso y piden que te bañes. Algo de eso es generacional: las swifties ya habían ensayado esa ternura organizada. Pero el ARMY la convirtió en doctrina. El miércoles, en 25 y 32, se pone a prueba.

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