20 de Junio de 2000 | 00:00
por ALEJANDRO CASTAÑEDA
El tango y La Plata siempre se llevaron bien. No sólo ahora, cuando las clases de dos por cuatro y los escenarios se siguen poblando de intérpretes, sino en todas las épocas el tango y la ciudad hicieron una buena yunta. Un libro de Oscar Bozzarelli -"80 años de Tango platense"- recogió en su momento los principales sucesos de ese largo noviar. Y ahora se presenta otro libro, que se llama "tango, letristas platenses" y que es un recorrido por las mejores canciones de tantos poetas que aquí pensaron en tango. El nuevo volumen, que será presentado este viernes en el Pasaje Dardo Rocha, es una recopilación de un tanguero del alma, como Antonio Fante, para "La Comuna Ediciones". Y además de brindar un centenar de composiciones, dibuja una brevísima biografía de sus autores, algunos de ellos ganados por la fama, otros condenados a menos ruido, pero todos tironeados por las ganas de ponerle música a esa "filosofía de la existencia", como dice la nota del prólogo.
Una breve presentación informa que fueron tres las etapas que recorrió el tango canción. La primera está fechada a fines del siglo pasado y allí más que nada eran improvisaciones recargadas de vulgaridades que se cantaban, solo para hombres, en lupanares de cuarta. La segunda etapa -revitalizada por la llegada del fonógrafo, la radio, el circo y el teatro de variedades- ya pide otra cancha para expresarse. Recorre los primeros años del siglo y empiezan a tener cabida los poetas. La tercera tiene como bastoneros al uruguayo Pascual Contursi como poeta y a Carlos Gardel como intérprete. Es la que se inaugura con aquellos inolvidables versos de "Mi noche triste" ("Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida/, dejándome el alma herida/ y espinas en el corazón") y la que define la impronta y el tono de sus contenidos: un melodrama agitado por fueyes, composiciones más que nada afiliadas a la tristeza, donde el adiós, la ausencia, la pérdida y los sueños rotos son la madera que marcan las grandes preguntas de los hombres.
Música rioplatense por excelencia, el tango supo sacar patente aquí también, a pocos pasos de su ciudad fundadora. Algo universal debe haber en la intimidad de esa música quejosa para que la ciudad nueva también se enredara gustosa en sus vaivenes. Los mejores exponentes del tango platense no expresan necesariamente un paisaje, más bien se dejan embriagar por esa melodía sin fecha ni lugar, que es un largo repicar sobre el amor y el sufrir, sobre la amistada, las traiciones, el coraje, el olvido. En muy pocos de los autores aquí recopilados, está la ciudad, aunque el tango jamás hizo paisajismo. Y muchos de ellos, por cierto, se fueron pronto de sus tilos y diagonales buscando en el escenario mayor de Buenos Aires una consagración que de este lado siempre es más chica y más lerda.
El libro se divide en tres partes: "Tangos de otros tiempos", "Vientos del 40" y "Nuevos Aires". Todos ellos reclaman su merecido lugar, pero algunos por el peso de sus logros refulgen especialmente. Y sobre ellos haremos un vuelo rasante para dar cuenta de la vitalidad y el talento del aporte platense a este largo deambular por la música ciudadana.
Mercedes Simone -autora e intérprete consagrada- había nacido en Villa Elisa, en la esquina donde hoy se cruzan Avenida Arana y Cantilo. En nuestra ciudad vivió en 48, entre 15 y Diagonal 73, después en calle 14, entre 62 y 63 y de allí pasó a una casa en 64, entre 8 y 9. Fue una de las grandes intérpretes femeninas, cuando ser mujer era una contra. Protagonizó tres películas y fue siempre una autora inspirada. Su tango "Cantando" ("Cantando yo le di/ mi corazón, mi amor/ y desde que se fue/ yo canto mi dolor") fue los más saliente de una producción siempre elevada.
¿Sabían que los recordados versos de "Adiós Pampa Mía" (que tiene música de Mariano Mores) pertenecen al platense Ivo Pelay. Había nacido aquí en 1893 como Guillermo Juan Robustiano Pichot. Fue, además de un letrista fantástico, un autor teatral de gran popularidad y escribió varias comedias musicales- "La muchachada del centro", "La canción de los barrios", entre otras- junto a Francisco Canaro. Cuando se fue de aquí hacia Buenos Aires quizá sintió aquello de "Al dejarte pampa mía/ ojos y alma se me llenan/ con el verde de tus pastos/ y el temblor de las estrellas". La nostalgia fue parte de su dogma,. y en otro conocido tango que se titula "Casas viejas", Pelay pregunta "quién vivió /en esas casas del ayer/ viejas casas que el tiempo bronceó/ patios viejos, color de humedad/ con leyendas de noches de amor".
Juan Andrés Caruso es otra estrella de esta antología. Fue autor, junto a Canaro, de "Sentimiento gaucho" ("En un viejo almacén del Paseo Colón/ donde van los que tienen perdida la fe") y de "La última copa" ("Y brindemos nomás la última copa/ que tal vez también ella estará/ ofreciendo en algún brindis su boca/ y otra boca feliz la besará/). Le puso buena poesía a canciones de José Bohr ("Cascabelito"), Juan de Dios Filiberto ("Ladrillo") y Agustín Bardi ("No me escribas"). Y en todas apunta Caruso su inventario de amores mal pagados y mujeres ausentes. Tenía 41 cuando murió, en 1931, y en su haber el mérito de haber escrito 32 obras de teatro y de ser el autor más grabado por Gardel.
Carlos Marambio Catán nació en Bahía Blanca, pero vino tan chico a quedarse por aquí que terminó sacando parte de platense por adopción. Cuando llegaron del sur la familia se instaló en 9, entre 47 y 48, pero después se fue a una casa de 11, entre 41 y 42. Es autor de "Aquaforte", aquel melodrama con empuje social que le pegaba duro al "...viejo verde que gasta su dinero/ emborrachando a Lulú con su champán/ hoy le negó el aumento a un pobre obrero/ que le pidió un pedazo más de pan". Escribió letras para composiciones de Julio de Caro y Ricardo Tanturi y tiene una versión de El Choclo, de Villloldo.
Otro platense ilustre es Carlos De La Púa, conocido también como El Malevo Muñoz. Periodista, poeta, escritor, lunfa, su libro "La crencha engrasada" es una parada obligada en la memoria arrabalera. Fue periodista en el glorioso "Crítica" y libretista de cine. Anduvo por estas calles y el libro que se presentará el viernes rescata, en el tango "Farfala volatriche", su incomparable decir reo: "Ya no tiran la daga por vos los mosqueteros/ ni los grandes bacanes te pagan los caprichos/ hoy sos una farfala de rantes entreveros/ y los giles te aguantan...sólo los gastos chicos".
Mario Soto nació en 1912 en una casona de la calle 4 y se crió aquí. Como tenía fama de buen rimador, se mandó para Buenos Aires a glosar presentaciones de las orquestas, primero de Angel D Agostino y después de Osvaldo Pugliese. Es autor nada menos que de "Pasional" ("No sabrás, nunca sabrás/ lo que es morir mil veces de ansiedad"), ese himno a los fanáticos del amor que inmortalizara Alberto Morán. Fue sobre todo una personalidad multifacética, andariega y creativa. Y en su ambular llegó a ser extra de cine en España. Volvió a pasar sus últimos años en su ciudad, donde murió en 1995.
Luis Mario es el nombre artístico de María Luisa Carnelli, que nació en 1898, en 47 entre 1 y 2, que fue poeta y periodista, corresponsal de la revista Ahora en la guerra de España y que es autora, con música de Juan de Dios Filiberto, de "Cuando llora la milonga", aquella de "lloró la milonga/ su antigua pasión/ parece que ruega/ consuelo y amor".
Seguro que en esta antología no están todos, pero seguro que están los más señeros. El libro de "Tango, letristas platenses" quiere ser un acercamiento siempre inconcluso. Y también, "no sólo un intento por rastrear nuestra identidad", sino un pequeño tributo a esos artistas. Todos nacidos aquí, pero la mayoría con muerte fechada en otros lugares. Como si la ciudad, que les dio abrigo y temas para su musa, al fin acabara indicándoles la necesidad de buscar otros cielos para su inspiración. Casi todos se fueron. Y algunos alcanzaron a volver. Por eso esta antología quiere repatriarlos a fuerza de versos.
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