19 de Noviembre de 2006 | 00:00
"Las lesiones que presentaba la víctima de la violación eran espantosas y de tal magnitud que para practicarle las pericias legales necesarias en estos casos hubo que enviarla antes al hospital Cestino de Ensenada y hacerla anestesiar". El testimonio corresponde a una fuente vinculada a la causa por la que esta semana cinco hombres de Ensenada fueron condenados a 18 años de prisión tras violar a una chica de 16 años en una despedida de soltero. E ilustra, de manera descarnada, las consecuencias visibles de una agresión sexual a la que se suman otras potenciales secuelas físicas no perceptibles a simple vista -como el riesgo de contraer múltiples enfermedades venéreas, desde una verruga genital hasta el sida- capaces de provocar esterilidad, distintas formas de cáncer y hasta la muerte.
Así lo afirman especialistas de hospitales platenses donde detectan en los últimos años, dos fenómenos bien marcados. Por un lado el incremento del número de casos de violación atendidos. Por otro, que la mitad de las víctimas que se asisten no pasó antes por la comisaría. Estos últimos son, se cree, casos en los que están involucrados familiares o personas del entorno de la víctima, que prefiere no denunciar. Pero que, conscientes de las posibles consecuencias de una violación en la salud, no dejan de hacer la consulta médica.
Desde los servicios de infectología del Policlínico San Martín y del hospital San Juan de Dios -ambos centros de referencia en materia de enfermedades infecciosas- se afirma que no existen violaciones que hayan derivado en contagios de las enfermedades más severas como el sida o hepatitis en la región. Esto sucede porque los protocolos de atención que se aplican a las pacientes violadas contemplan agresivas terapias preventivas que resultan eficaces si se aplican en las primeras 72 horas después de ocurrido el hecho, pero que pasado ese lapso van perdiendo eficacia para las dolencias más graves, como el sida.
Los especialistas no descartan, no obstante, la posibilidad de contagios que no hayan sido reportados en aquellos casos que no llegan a las comisarías, pero tampoco a los hospitales.
Destacan asimismo que las terapias preventivas de las distintas enfermedades de transmisión sexual que pueden derivar de una violación demandan hasta seis meses de seguimiento y suelen estar acompañadas de efectos secundarios. En todos los casos, esas terapias se acompañan con otras destinadas a atender la secuela psicológica de la agresión.
SIDA Y VIOLACION
Lo dicen los médicos: después de la posibilidad de haber quedado embarazada, lo que más atemoriza a la víctima de una violación -y la lleva a un hospital aún cuando no haya hecho una denuncia policial- es el riesgo de haber contraído el virus del sida.
Un caso testigo ayuda a ilustrar esa situación y es el del violador del barrio porteño de Núñez quien, siendo portador de la enfermedad, violó en reiteradas ocasiones a una menor de 13 años después de matar a la madre de la chica en un episodio que conmovió a la opinión pública y que por estos días llegó a juicio oral.
A los pocos días de ocurrido ese hecho y después de trascender que el violador era seropositivo, la hermana mayor de la víctima manifestó su preocupación públicamente después de sostener que durante las tres horas en que el agresor permaneció junto a la menor, abusó de ella en reiteradas oportunidades.
Según explica Lucila Massera, jefa del servicio de Infectología del Hospital San Juan de Dios -que es centro de referencia sobre sida en la Provincia- de todas las pacientes violadas que se asistieron en ese hospital y en el servicio de infectología del Policlínico San Martín, ninguna se contagió sida.
La razón para que esto sea así es que en todos los casos de violación se prescribe a las víctimas un tratamiento preventivo contra la enfermedad, basado en la administración de antirretrovirales, que es eficaz hasta pasadas las 72 horas después de la agresión.
La Sociedad Argentina de Sida y la Sociedad Argentina de Infectología coinciden en recomendar el PEP (Tratamiento Posexposición) en todos los casos de exposición a un riesgo concreto de infección de VIH Sida: sobre todo en los accidentes laborales con material biológico y las violaciones.
"A la persona que llega al servicio víctima de una violación se le realiza un primer test de sida que sirve para demostrar que no estaba infectada desde antes. Ese primer test no muestra si contrajo la enfermedad a partir de la violación, porque después de una infección con el virus HIV se produce un 'período de ventana' durante el cual el virus no se detecta en sangre", explica Massera.
La especialista indica que el tratamiento se administra en todos los casos de manera preventiva y teniendo en cuenta que el riesgo de transmisión del HIV durante una agresión sexual es variable.
EL RIESGO EN CIFRAS
"Se estima que durante una relación sin preservativo, la modalidad que presenta más riesgo es el sexo anal receptivo. En esos casos el riesgo va del 0,1 al 3%. La segunda modalidad más peligrosa es la vaginal receptiva, en la que el riesgo va del 0,1 al 0,2%", explica Massera, quien agrega que el riesgo es menor en caso de una relación oral.
Con todo, estas estimaciones no contemplan la presencia de violencia, típica en una violación, un elemento que eleva el porcentaje de riesgo.
"La piel sana es una buena barrera para evitar el ingreso del virus del sida. No sucede lo mismo cuando ésta o las mucosas presentan heridas que facilitan el ingreso del virus", según la especialista. Y las violaciones muchas veces están asociadas a la presencia de este tipo de lesiones como consecuencia del uso de la violencia. La rotura de tejidos o las lesiones en la mucosa hacen que el virus ingrese directamente por vía sanguínea y aumenta el riesgo de contagio.
Los expertos indican que no es ésta la única variable que pesa en el riesgo de contagio de sida, sino que se suman otras. Tiene que ver, por ejemplo, la carga viral (cantidad de virus en sangre) que posea el violador en el momento del acto, en caso de estar afectado. La carga viral es un elemento que no es constante y que es más alto si el contagio fue reciente, si el portador atraviesa un episodio agudo o si no recibe tratamiento. También es considerada una variable el tipo de acto sexual que el agresor perpetre contra la voluntad de su víctima y lo que los especialistas llaman el inóculo.
"Uno de los factores que incide en el grado de riesgo es la cantidad de virus disponible. Es por eso que no es el mismo riesgo en el caso de una violación en la que el agresor eyacula en la cavidad vaginal o anal que aquella en la que sólo expone a la víctima a las llamadas 'secreciones anteriores' donde siempre hay virus presente, aunque en menor cantidad", dice Massera.
Otro elemento que puede incidir aumentando los riesgos es la presencia de lesiones previas, distintas de las provocadas por la misma violación, en la víctima. Lesiones tales como las ulcerativas o las herpéticas, también facilitadoras del ingreso del virus.
Otro factor que aumenta riesgos es la incidencia del sida en la comunidad donde se produce el hecho. Por caso, en Sudáfrica, donde la incidencia de la enfermedad es muy alta y donde el índice de violaciones es el más alto del mundo (entre otras razones, por la creencia de que violar a una virgen previene la enfermedad) se estima que el 40% de las mujeres que fueron violadas contrajeron sida. De más está decir que en estos casos no es común la administración de antirretrovirales por prevención.
AMENAZAS QUE VAN DE LA ESTERILIDAD HASTA EL CANCER
Aunque el principal motivo que lleva a las mujeres violadas a la consulta es el riesgo de haber contraído el virus HIV, existen muchas otras amenazas potenciales en un acto sexual sin protección que aumentan cuando se trata de una relación donde está presente la violencia.
Los médicos mencionan un conjunto de enfermedades de transmisión sexual de alta incidencia cuyas consecuencias -en caso de no ser tratadas- van desde la esterilidad al cáncer.
Son todas enfermedades contempladas en los protocolos de atención a las víctimas de violación y es por eso que el Centro de Encuentros Cultura y Mujer (CECYM) difundió recientemente una cartilla con indicaciones muy precisas en el que subrayan que "existen cuidados preventivos que, llevados a cabo inmediatamente después de la violación, pueden evitar o mitigar consecuencias indeseadas".
En el mismo trabajo, las integrantes del CECYM destacan la diferencia existente entre el examen médico forense (destinado a recoger evidencias que sirvan para el juicio) y la toma de estos cuidados preventivos, sosteniendo que "independientemente de que la mujer presente una denuncia" conviene que reciba estos cuidados preventivos con la mayor urgencia después del hecho.
Una de las enfermedades más preocupantes capaces de ser transmitida en caso de violación es la Hepatitis (A B Y C), contagiable a través del acto sexual. Entre los tres tipos, la B y la C se consideran las más peligrosas.
La hepatitis C es una infección crónica de la sangre que es causa principal de cirrosis, cáncer de hígado e insuficiencia hepática. A diferencia de las hepatitis A y B, para las que existen vacunas específicas, para el caso de esta enfermedad no existe una vacuna preventiva hasta el momento.
La hepatitis B es una enfermedad del hígado provocada por un virus cien veces más contagioso que el del sida. Como la C, también puede causar hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado. El virus de la hepatitis B se considera altamente infeccioso y se encuentra en la sangre y en los líquidos corporales de las personas infectadas en proporciones de hasta cien millones de partículas infectantes por cada mililitro de sangre, lo que hace que cantidades mínimas de sangre, saliva, semen o secreciones genitales de una persona infectada puedan transmitir la infección. Actualmente existe una vacuna segura y efectiva para prevenirla, aunque se asegura que se trata de un medicamento caro y no siempre disponible en los centros de salud para administrarse a las víctimas de violación.
SIFILIS, GONORREA Y OTROS RIESGOS
Otras de las enfermedades que se pueden transmitir a través de una violación son la gonorrea, la sífilis, la chlamydea trachomatis, el virus del papiloma humano (HPV) y el Herpes.
Aunque la mayoría de estas dolencias son tratables mediante antibióticos (que se suministran preventivamente a las víctimas de violación) cuando no se tratan pueden generar secuelas tales como las dificultades para lograr la concepción (gonococcias y chlamydea).
El contagio de herpes durante una violación es menos común, porque para que suceda "se necesita que el violador tenga en ese momento una lesión herpética activa", indicó Massera.
Más común resulta la infección con el virus del papiloma humano (HPV), considerada la enfermedad de transmisión sexual más frecuente, conocida comúnmente como verruga genital.
Todas son contempladas por los tratamientos preventivos que se dan a las mujeres violadas en los hospitales, con excepción de la Hepatitis C, el Herpes y el virus papiloma, para los que no existen vacunas.
Esos tratamientos, sobre todo el que tiene que ver con el sida, requieren un seguimiento que hará que la mujer sexualmente agredida deba reiterarse las pruebas y tomar medicación hasta seis meses después de sufrida la violación.
"En estos casos, la deserción de los tratamientos es muy rara", dice Massera, "generalmente la mujer los sigue hasta el final y el grado de efectividad de la prevención es muy alto".
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