Un barrio que dio otra dimensión a la solidaridad entre vecinos

La indsólita experiencia vecinal detrás de una de las zonas mejor organizadas de City BellPor NICOLÁS MALDONADO

Algunos lo llaman con sorna "el barrio socialista". Pero si uno recorre sus dieciséis manzanas, lo que puede ver es algo que se parece mucho a un barrio privado: veredas de césped siempre corto, papeleros y macizos de lirios en las esquinas, carteles que piden a los automovilistas disminuir la marcha y un vigilador privado que hace su ronda en permanente contacto radial con los vecinos. Claro que nada de esto era así hace apenas seis años cuando algunas familias de clase media empezaron a poblar la zona.

Por entonces el sueño de una vida más tranquila, que había arrastrado hacia los límites del Parque Ecológico a muchos de sus nuevos habitantes, se vio de pronto interrumpido en forma violenta. En el término de un mes, el secuestro exprés de uno de ellos y la irrupción de un grupo armado en la casa de otro conmocionaron a todo el barrio. Pero a partir de ese momento, vecinos que apenas se conocían empezaron a organizarse para vivir mejor. Fue el punto de partida de una experiencia vecinal que ha logrado cosas sorprendentes.

A lo largo de los últimos años, el esfuerzo en conjunto de unas 150 familias del barrio permitió pavimentar más de treinta cuadras, instalar nueva iluminación, mejorar el sistema de drenaje, erradicar los basurales, señalizar las calles, mantener los terrenos baldíos limpios, reforestar la zona y montar un sistema de seguridad con vehículos y equipos de comunicación propios.

Pero acaso su mayor logro sea uno que no está a la vista. De no compartir más que el espacio en que vivían, muchas de esas familias pasaron a tener hoy entre ellas una relación que trasciende lo habitual entre vecinos. Comparten regularmente asados, torneos de fútbol, campañas de ayuda, cumpleaños y fiestas patrias. Y las suyas no son reuniones de unos pocos: al último locro organizado en el barrio para el 25 de Mayo fue tanta gente que tuvieron que alquilar baños químicos.

En una época en que lograr ponerse de acuerdo hasta para los proyectos más pequeños suele ser todo un desafío, la experiencia vecinal de Parque Ecológico, lejos de un gueto, parece constituir una alentadora excepción.

UN SEGUNDO TRABAJO

"Todo empezó en el año 2002 con un robo. Mi mujer estaba entrando el auto al garaje cuando se metieron en casa tres tipos armados. Estuvieron 40 minutos adentro con mis hijos. Por suerte, solamente nos desvalijaron. Pero nos asustamos mucho; y el barrio también, porque un mes antes había ocurrido un secuestro exprés", cuenta Jorge, propietario de una agencia de autos y el más antiguo de los nuevos habitantes de Parque Ecológico.

"A raíz de eso, vecinos que yo no conocía empezaron a llamarme para solidaridarse. Hasta ese momento éramos un barrio como cualquier otro: apenas si sabías cómo se llamaba el de al lado. Pero la gente estaba muy asustada y decidimos hacer una reunión con la idea de poner vigilancia", dice.

Unos días más tarde, cinco vecinos salieron a recorrer el barrio casa por casa para invitar al resto a una asamblea a la que iba a asistir el responsable de un empresa de seguridad. "La intención era solamente averiguar qué nos podía ofrecer, cuánto costaba y cuántas familias estaban dispuestas a pagar. Pero una cosa trajo la otra y la reunión duró más de cinco horas", recuerda Jorge.

"Es que el barrio -unas 16 manzanas que van desde el Parque Ecológico al camino Belgrano entre las calle 445 y 449- estaba muy deteriorado. Casi no había calles transitables ni iluminación, y estaba lleno de terrenos baldíos con pastizales. En esas condiciones no era mucho lo que podía ofrecernos un vigilador. Fue así que nos dimos cuenta que el problema era mucho más grande", resume Liliana, una contadora que tiene su casa allí.

"Tuvimos que empezar por ver con qué recursos contábamos: quién podía conseguir tosca para mejorar las calles, quién podía ir a la Delegación a pedir maquinaria, quién tenía contactos para gestionar obras o poner sus conocimientos, o dedicar algo de su tiempo. Con una cuota voluntaria de treinta pesos al mes por familia, formamos un pequeño consorcio, pero manejado por sus dueños", dice Liliana. "Para muchos -recuerda Blas, otro de los vecinos- fue como asumir el compromiso de un segundo trabajo, pero sin sueldo".

VECINOS SOCIEDAD ANONIMA

"Al juntamos empezamos a conseguir cosas. Hasta armamos un cronograma de obras. Dos veces por semana venían los camiones y las máquinas de la Delegación. Y gente del Plan Trabajar, a la que le pagábamos con nuestros fondos. Utilizamos todos los recursos municipales que estaban disponibles y lo demás lo costeamos los propios vecinos con una pequeña cuota voluntaria", explica Gabriela, una periodista que vive allí con su familia.

De este modo, supervisados por un arquitecto del barrio, los vecinos nivelaron, tendieron caños de desagües e hicieron el mejorado de unas treinta cuadras Y, como gracias a eso no era necesario hacer obra de infraestructura para pavimentar, lograron poco después que el Municipio los incluyeran en un plan de pavimentación.

El éxito que tuvo esa primera experiencia de trabajo en conjunto no tardó en despertar el interés de otros vecinos que hasta entonces se habían mantenido al margen. Y así, la suma de nuevos aportes le dio al barrio recursos suficientes para emprender otras mejoras.

"Arbolamos, iluminamos, empezamos a hacer la desratización de baldíos, contratamos a una persona que se ocupa del mantenimiento de los frentes, pusimos garitas de seguridad en algunas esquinas, construimos lomos de burros, colocamos cestos para la basura y carteles de señalización, abrimos un canal de más de un kilómetro entre los arroyos para evitar que el barrio se inunde y durante un tiempo hasta alquilamos una casa para juntarnos", detalla Liliana.

Cuando ya no necesitaban seguir haciendo obras de infraestructura y la cuota se destinaba casi por completo a mantenimiento, los vecinos del Barrio Parque Ecológico se pusieron a ahorrar. "Organizamos una rifa por un auto cero kilómetro, hicimos una fiesta y de esa forma recaudamos lo suficiente no sólo para actualizar todos los años el móvil de seguridad, sino además para congelar la cuota que pagamos", menciona la vecina.

LA FORMULA

En el barrio Parque Ecológico mas de 150 familias integran hoy ese consorcio vecinal. El 80% de ellas abona una cuota voluntaria de 100 pesos al mes; el resto aporta lo que puede. Y los que no quieren colaborar no están excluidos de los beneficios.

"Nuestra política es no perder tiempo con la gente que no quiere sumarse. No forzamos a nadie. Esto no es un country. Tratamos de educar con el ejemplo y se hace lo mejor que se puede", afirma Blas.

Para muchos de los que integran la Asociación Barrio Parque Ecológico, esa política de tolerancia, trabajo voluntario y distribución de responsabilidades ha sido en buena medida la fórmula de sus logros. Pero también un boletín informativo mensual donde, la comisión administradora, rinde cuentas de hasta el gasto más pequeño.

Tres veces al año, los vecinos se reúnen en asambleas extraordinarias para revisar cuentas y resolver los pasos a seguir, y comparten también una choriceada multitudinaria cada Fin de Año. Pero lo cierto es que buena parte de ellos se junta además casi semanalmente en alguna u otra casa.

"A fuerza de trabajar juntos muchos de nosotros nos hicimos amigos. Cuando no tenemos la excusa de reunirnos por un tema del barrio, hacemos asados u organizamos alguna fiesta. Rara vez somos menos de veinte o treinta personas", dice Esteban, otro de los vecinos.

"Creo que logramos que la gente se sienta orgullosa de vivir en este barrio. Hoy existe un sentido de pertenencia que no había antes. Hasta vienen a vernos de otros barrios de City Bell para preguntarnos cómo fue qué nos organizamos", asegura Jorge.

Seis años después de haber empezado a ponerse de acuerdo entre vecinos para vivir un poco mejor, en el Barrio Parque Ecológico muchos sienten haber redescubierto una vieja fórmula.

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