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Historias platenses

Hijos de padres separados: “Me voy a vivir con papá”

Con la separación se termina la pareja pero se abre un capítulo intenso plagado de sentimientos, intereses y variables: ¿Con quién se quedan los chicos? ¿A qué edad pueden decidir con quién vivir? ¿Cuáles son los dilemas familiares que se plantean? ¿Cuáles son sus derechos? Hijos, padres y especialistas aportan su mirada sobre un tema sensible para muchas familias

Por MANUEL LÓPEZ MELOGRANO

Con sus padres separados, los hijos -ya adolescentes- hacen valer su opinión sobre con quién quieren vivir. Muchos se reparten unos días con cada uno. Pero lo cierto es que las familias crecen y con el paso del tiempo mutan. Muchos lo notan. Pasa en todas partes. Por eso, así como las familias cambian y se tranforman, las leyes que las regulan se actualizan. Ahora el menor puede elegir con quién vivir. Y ya no se habla de tenencia, sino de cuidado compartido. El padre, claro, siempre es una opción. Pero no todo es tan sencillo. Veamos.

Desde la reforma del Código Civil y Comercial de la Nación, y tras una serie de decisiones judiciales de los últimos años, ahora las leyes de familia priorizan el derecho superior del niño y el cuidado compartido. Ya es viejo hablar de “tenencia” o “régimen de visitas”. No va más. Ahora, el menor puede manifestar su deseo de con quién quiere vivir y poder cumplirlo. Pero ¿Cuáles son los dilemas familiares que se plantean? ¿Es tan simple aplicar la ley o ponerse de acuerdo?

No todo es blanco o negro, mamá o papá. Es verdad que son muchos los chicos y adolescentes que viven con su padre. También son muchas las familias que pueden asimilar la separación y sin mediar abogados o jueces acordar una forma de vida repartida entre ambos y compartir el tiempo con sus hijos en las dos casas. Un dato: hay un 90 por ciento de las familiar que no llegan a la vía judicial para definir el esquema de convivencia con los chicos.

En los casos en los que la relación termina de manera pacífica o dentro del respeto mutuo, los llamados adolescentes grandes -de más de 16- suelen aprovechar las situaciones y actuar en muchos casos “por conveniencia”, advierten especialistas.

“Si papá tiene más plata y me da todos los gustos me quedo con él, o viceversa. Puede ser por cualquier motivo, por el orden en la casa o el estudio. Ahí es cuando ocurre que los padres pasan a ser rehenes de los hijos y son ellos los que llegan al consultorio preocupados por la situación”, grafica la terapeuta Laura Gumbau y agrega: “Son los casos más normales, ellos hacen uso de su adolescencia”.

Con los dos

Tomás Yankowsky (21 años, estudiante de Educación Física) cuenta que su mamá, Susana Maurino, y su papá, Gabriel Yankowsky, se separaron cuando él tenía 2 años. En una pausa del entrenamiento que dirige en el básquet infantil del Club de Fomento de Gonnet, lo cuenta con naturalidad. Dice que hubo mutuo acuerdo de padres cuando fue el divorcio y siempre se respetó. Era así: Lunes, miércoles y viernes, desde las 18 se iban a dormir él y su hermano mayor, Juan (24), a lo del papá. Martes y jueves estaban todo el día en la casa de la madre y dormían con ella. Los fines de semana, se repartían un o y uno.

“Yo me manejé siempre así, toda mi vida. Y ahora que estamos grandes lo vamos modificando nosotros. Un día que tenemos que estudiar nos quedamos en lo de mami, o si estoy con mis amigos y queremos hacerle cosas al auto, nos quedamos en lo de mi viejo que tiene un montón de herramientas en el garaje. Somos todos re fierreros”, explica.

Antes de terminar y volver a la clase, Tomi dice que disfruta de ambos padres pero relata con emoción el hecho de que el viejo haya tenido a Luca, de 7 años, con su nueva pareja. “A mí me re cambió tener un hermano chiquito. Yo lo agarré con 14 y verlo crecer es hermoso”, dice -y se le ilumina el rostro-; me levanto a las siete y media en lo de papá y están con un amiguito del colegio dando vueltas, rompiendo todo. A mí me encanta”.

Marco legal actualizado

La abogada Mariela Panigadi, quien además es docente de las Cátedras 1 y 3 de Derecho Procesal Civil en la UNLP, asegura que “los adolescentes, en general, priorizan compartir su tiempo con los pares. No es como un niño pequeño que quiere estar con su mamá o con su papá. Además, la opinión de un adolescente tiene mucho más peso que la de un niño para el juez”, explica. “Por su propia madurez, es más fácil determinar en un joven que en un niño cuál es el discurso propio y cuál el discurso impuesto por alguno de los padres”, señala.

Hay casos excepcionales en los que en medio de la “batalla” de la separación, presionados por uno u otro padre y muchas veces por temor, los hijos deciden condicionados y no libremente, explica Gumbau. En ese caso, si los jóvenes eligen vivir con uno u otro en función de que el padre tome represalias con la madre, van a ir con el padre y así como a la inversa se quedarían con la madre.

En esos casos-dice la terapeuta- lo recomendable es que un mayor cercano, ya sea familiar o no, dé cuenta de esto y consulte a un profesional para ver cómo interceder en estos casos: puede ser un psicólogo o el mismo abogado, apunta.

Además del cambio de paradigma jurídico en torno al niño -avanza Panigadi - el nuevo Código Civil contempla la “capacidad progresiva”. Antes había mayores de edad -capaces- y menores de edad -incapaces, explica la letrada; ahora no es más así, porque lo que se valora es la capacidad en donde los niños, de acuerdo a la madurez de cada uno en particular -evaluado por el equipo técnico interdisciplinario judicial- puede ejercer algunos derechos por sí mismo, como por ejemplo elegir con quién quiere vivir, o incluso tomar decisiones respecto de su físico o salud, como operaciones, tatuajes y piercing aunque el padre no quiera.

“Los chicos, cuando están libres psíquicamente y pueden entender que la separación de los padres no tiene que ver con ellos sino con los padres, no tienen problemas”, explica la psicóloga Gumbau y suma: “El punto es cuando hay problemas de saturación psíquica que los van poniendo de rehenes a los chicos y los chicos se van acomodando como pueden”.

Por su parte, la abogada agrega: “El conflicto de familia no es un conflicto como un cobro de alquileres, un cheque o si te sacaron tu casa y la tenés que recuperar. Tiene aristas económicas, psicológicas, sociológicas, muchos problemas que tienen que ver con la pobreza, y no se resuelven solamente pensando desde la Ley. El juez siempre necesita el auxilio de otras disciplinas. Y para eso están los equipos técnicos multidisciplinarios”, explica.

Pero entonces. ¿Hay una edad para poder elegir con quién vivir? El nuevo marco jurídico de familia se enmarca dentro de lo que se denomina ´capacidad progresiva´. “No hay una edad a partir de la cual ellos decidan. A mayor edad, se considera de mayor importancia esa capacidad de elección”, explica la abogada y agrega: “se evalúa cada caso, pero siempre se tiene en cuenta la opinión del niño, niña o adolescente, en tanto que el juez debe considerar y evaluar la madurez del menor y que sea una opinión propia y no influenciada por alguno de los padres”. Y concluye: “En definitiva, lo que el juez evalúa es lo que se llama el ´interés superior del niño´ teniendo en cuenta su opinión y cuáles son sus argumentos”.

Los hijos, con plenos derechos

En el marco de la nueva legislación, cabe destacar que ya no se habla más de “tenencia”. Ni siquiera “tenencia compartida”. Ahora lo correcto es hablar de “cuidado personal compartido”. Este quizá sea uno de los mayores avances en la normativa de familia, que dejó de cosificar al menor. La regla anterior era la tenencia de una de las dos partes. Normalmente era la mamá. Y de hecho, el Código Civil anterior prohibía la tenencia al padre hasta después de los cinco años. Para que se entienda. “A nivel profesional, en el mundo de los abogados, conseguir una tenencia compartida o una tenencia del padre era algo excepcional, era un logro profesional. Tenias que demostrar que esa madre era un desastre”, reconoce Panigadi.

El nuevo Código Civil cambió las reglas para hijos de padres separados. Ahora tienen mayor autonomía para decidir

Facundo Romero, 30 años, decidió irse a vivir con el padre a los 16, ocho años después de que sus padres se habían divorciado. Ellos vivían todos en Arrollo Seco, Santa Fé, y Alfredo se había ido a trabajar a Balcarce. “Extrañaba la figura paterna, los consejos de padres típicos de cuando uno tiene problemas en la escuela con algún compañero, de cómo manejarme de adolescente o los consejos con las mujeres. Eran todas cosas que compartíamos juntos, por más que mi vieja siempre nos acompañó en todas. Yo fui el primero de mis hermanos en irme con papá. Estaba en octavo de Polimodal y lo extrañaba y ya venía hace un par de años dudando de irme con él”, dice y agrega sin titubear: “Tuve la suerte de que mi vieja me bancó y dejó que me fuera con él y nunca le tiró en contra al viejo”.

Facundo recuerda con alegría esa época de la que no se arrepiente. Fue el primero de sus hermanos en irse, pero estuvo solo un año y se volvió a Arroyo porque extrañaba a su familia y amigos de allá.

Cada familia es un mundo, es verdad. Un mundo complejo. En ese mundo, con quién vivir y dónde está condicionado por el contexto. Pesan mucho el hogar, el barrio, el colegio y las diferentes actividades que haga cada joven, entre otras cosas.

Primaria con mamá, secundaria con papá

“Por distintas cuestiones y con el apoyo de mamá decidí irme a vivir a Rojas con mi papá, Roberto, y mis abuelos paternos a los 11 años”, dice Agustina Della Bianca, que nació en Rojas, Buenos Aires, en donde vivió hasta los 7. Con sus padres separados desde que tenía poco más de un año, se había mudado a Del Viso (Pilar) con su madre, Soledad. Allí hizo de segundo a sexto grado. “A mí siempre me tiró mucho para volver a Rojas, y en ese momento me pasó que extrañaba mucho a mi viejo, y necesitaba volver al lugar donde había nacido”. También influyó el hecho de que “la vida de adolescente en Rojas estaba buena porque tenía más independencia y libertad para moverme y andar más sola sin el peligro que hay Buenos Aires. El cambio fue muy grande pero yo lo necesitaba”, dice.

Ya nose habla de “tenencia” ni de “tenencia compartida”. Opionan que de esa forma se ha dejado de “cosificar” a los chicos y respetar más sus derechos

Si bien de chica, se acuerda, le costaba asimilar que sus padres estuvieran separados, hoy lo puede “ver y contar”. Agustina recuerda que el regreso a Rojas fue chocante para la familia y era duro porque fue una etapa en la que ella era pre adolescente y necesitaba hablar y compartir cosas de mujeres con su mamá. Pero se aferró a su abuela paterna. “Chicha vivía conmigo y yo tenía una relación increíble. Un poco recreé en la figura de ella la de mi vieja.”

Fueron años felices los de la secundaria, con viajes del colegio y de disfrutar amigos que conocía desde el jardín. ¿Chicos? Sí, claro. Vivía con papá cuando conoció a su primer novio, Agustín, que resultó ser primo de Federico, su mejor amigo. Fue la época en la que comenzó a salir a los bailes en las escuelas, a pelear por esos permisos antes de los 15. “Mamá era más dura que papá para los permisos, quizás porque no estaba viviendo conmigo”. En cambio, papá Roberto se portaba. La llevaba, esperaba y la iba a buscar siempre.

En 2012 terminó el secundario y volvió a elegir vivir con su mamá en Bella Vista, junto a la actual pareja de ella, Gustavo, padre de su hermana menor. Allá estudia Comunicación Social. Y ahora, en un recreo en el café donde trabaja de encargada, con la madurez del tiempo, no duda: “Más allá de toooodos los cambios, estuvo bueno haberlo vivido”.

Dato
Un 90% de las familiar no llegan a la vía judicial para definir el techo de sus criaturas.

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