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EDITORIAL

La Ciudad frente a los riesgos sanitarios que plantean los estorninos

La presencia de estorninos en distintos puntos de nuestra ciudad –se habla de una especie de ave que genera múltiples trastornos a vecinos y comerciantes, así como consecuencias extremadamente negativas desde el punto de vista ambiental- vuelve a preocupar a la población e, inclusive, acaba de promover declaraciones como la de un especialista en aves del Museo Ornitológico y Centro de Intepretación Ambiental de Berisso, que termina de señalar que “a esta altura de la situación, es casi imposible el control sin recurrir a lo que podrían ser métodos cruentos, como eliminarlos”.

Se habla de una plaga que resulta ser resistente y que se expande con rapidez, frente a la cual ya se habían presentado proyectos en el Concejo Deliberante para encarar acciones y estrategias idóneas destinadas a erradicarla.

Por su parte, integrantes de los organismos con incumbencia en el Ejecutivo decidieron el año pasado encarar de oficio, como alternativa inconsulta, la poda mutilatoria de árboles donde anidan los estorninos –en especial en el barrio de Tribunales-, en una práctica que generó airados reclamos por parte de vecinos y especialistas.

Lo cierto es que los estorninos pueden anidar en techos y otros lugares, de modo que, de no haber existido esa protesta, los “especialistas” comunales hubieran devastado el arbolado público de La Plata, pero igual la Ciudad seguiría poblada por muchos miles de estorninos y sin su más que calificado patrimonio arbóreo, o, en el mejor de los casos, con su valioso arbolado público en una crítica situación de desmedro.

Los estorninos (Sturnus vulgaris) son aves originarias de Europa que están presentes también en algunos países de África, Asia occidental e incluso en Argentina. Se caracterizan por la formación de grandes bandadas que llegan a tener hasta 400 individuos, vuelan en bloques compactos, que se expanden y cambian frecuentemente de forma, curso y velocidad.

Especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) consignaron hace dos años que habría unos 30 mil ejemplares sólo en el casco de la capital bonaerense. El estudio de la Facultad de Ciencias Naturales determinó que hay por lo menos 40 sitios de la Ciudad que esas aves utilizan como “dormideros” y que se transforman en colonias de hasta 2.000 ocupantes. Son plazas, parques o avenidas arboladas que los animales fueron ocupando y cada uno de esos sectores se transformó en un depósito de guano y otros inconvenientes para los vecinos.

Especialistas en el tema, ornitólogos de rica experiencia a los que la Comuna debiera consultar, conocen al detalle las características de este tipo de aves, acerca de las situaciones complejas que plantea su presencia en zonas densamente pobladas y, en especial, sobre las medidas que deben adoptarse para lograr su erradicación.

Existen antecedentes acerca de graves riesgos sanitarios corridos en otras ciudades que se vieron invadidas por aves capaces de acarrear distintos problemas. Hace cinco años la capital de Córdoba sufrió la invasión de cotorras conocidas como “catitas”, transmisoras de diversos parásitos y enfermedades. Estas aves, como los estorninos, afectaron a la biodiversidad urbana y ahuyentaron a otras especies autóctonas. En ese caso, se apeló al recurso de espantar a las aves, utilizándose para ellos redes y la destrucción sistemática de sus nidos, impidiéndoseles así que se “acomodaran” en un lugar.

Lo cierto es que nuestra ciudad está desafiada y que, sobre la base de dictámenes científicos serios, algo debe hacer y cuanto antes.

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