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Develan cómo un caracol platense se convirtió en una temida plaga global

Científicos de La Plata lograron secuenciar el genoma del ampularia, lo que reveló algunas claves de su éxito como invasor

Develan cómo un caracol platense se convirtió en una temida plaga global

Ituarte y Heras, los platenses que participaron del estudio / CYTA

21 de Octubre de 2019 | 01:25
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Hace cuarenta años el caracol ampularia o manzana, una especie originaria de la Cuenca del Plata, fue llevado a la isla de Taiwán para ser cultivado como alimento y terminó teniendo una expansión que nadie hubiera podido imaginar. En el curso de una década ya se había diseminado a ambientes naturales de Japón, Filipinas, China, Corea, Indonesia, Tailandia, Laos y Vietnam. Y pocos años más tarde invadía también el delta del Ebro, el sur de los Estados Unidos y hasta el norte de Rusia, transformándose en muchos casos en la plaga número uno de los cultivos de arroz.

Pero además de ser una pesadilla global para los productores de arroz, esta especie (que suele verse en el lago del Bosque con sus característicos huevos rosados) posee una gran capacidad para alterar los ecosistemas naturales donde vive, provocando una importante pérdida en la biodiversidad de especies. Y como si fuera poco, también hospeda parásitos que pueden causar meningoencefalitis en humanos.

Frente a esta situación, una iniciativa internacional de la que participaron científicos de La Plata, consiguió secuenciar el genoma de la especie, un logro que “posibilita conocer en detalle los genes que explicarían su éxito como invasora y convertirlos en un blanco de ataque para su control”, explicó a la Agencia CyTA-Leloir uno de los autores del estudio, el doctor Horacio Heras del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata (INIBIOLP).

El trabajo -liderado por científicos de la Universidad Bautista de Hong Kong y publicado en la revista científica “Molecular Biology and Evolution”- reveló que el caracol ampularia tiene poco más de 18.000 genes, entre los cuales aparecen de manera muy marcada los de una familia que cumple una función crítica: le permite la digestión de las fibras de celulosa abundantes en las plantas.

Se trata de “un hallazgo inesperado”, ya que “la inmensa mayoría de los animales ni siquiera tienen genes para digerir celulosa”, comentó el director del Grupo de Bioquímica Comparada del INIBIOLP.

Esta característica peculiar no es sin embargo la única estrategia para dispersarse con que cuenta el implacable invasor: los científicos hallaron en su genoma un número aumentado de copias de dos genes con información para sintetizar una toxina única en los animales. Esta toxina se acumula en grandes cantidades en los huevos protegiendo a los embriones de los depredadores.

“Eso explicaría por qué nadie los come, una característica que potencia su éxito como invasor”, destaca Heras, quien también es investigador del CONICET y profesor de Química Biológica en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP.

Hace 40 años fue llevado a Taiwán como alimento y terminó sin control

 

Con todo, el hallazgo de estos genes “es sólo la punta del iceberg”, entiende el doctor Heras, quien espera que ese conocimiento se traduzca en un futuro en una herramienta para frenar el avance del caracol. “Estamos generando nueva información para localizar su ‘talón de Aquiles’”, resumió el investigador.

La historia del caracol manzana constituye un ejemplo más de los desastres ambientales, económicos y para la salud que puede ocasionar la introducción de especies exóticas en hábitats donde carecen de depredadores naturales, abriendo una suerte de caja de Pandora ambiental.

EL CARACOL MULTI RESISTENTE

El hecho de que se haya extendido tanto por el mundo, se atribuye también a algunos de los “superpoderes” que tienen estos caracoles originales de nuestra región.

Por ejemplo, son muy resistentes a condiciones ambientales adversas debido a una combinación de características bioquímicas, anatómicas, fisiológicas y de comportamiento.

Sobreviven por semanas y hasta meses a desecación, baja concentración de oxígeno en el agua y privación de alimentos. Y además de la branquia que les permite tomar oxígeno del agua, poseen una especie de pulmón al que llega aire aspirado por un largo tubo llamado “sifón”, semejante a un snorkel de buceo. Así, la combinación de cuasipulmón y branquia es una adaptación evolutiva a hábitats con aguas pobres en oxígeno.

Tanta es su resistencia, que su avance en Asia le valió la inclusión en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

 

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