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Chicos superdotados: un don que no encuentra lugar en el sistema escolar

Las dificultades de las escuelas para contener a los chicos con altas capacidades intelectuales condena a muchos de ellos a la exclusión, denuncia una asociación de padres local que exige respuestas a las autoridades educativas

Chicos superdotados: un don que no encuentra lugar en el sistema escolar

A león (8) estuvieron a punto de medicarlo cuando descubrieron que tenia necesidades especiales l/ santoro

Nicolás Maldonado

Por: Nicolás Maldonado
nmaldonado@eldia.com

27 de Octubre de 2019 | 02:41
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Como “toda madre piensa que su hijo es excepcional”, Alejandra Nader nunca le había dado importancia a las señales que evidenciaban la precocidad intelectual de León (8), como el hecho de que ya en el jardín hubiera aprendido a leer sin ayuda o manejara un vocabulario fuera de lo común. Lo que en cambio sí reconocía como un rasgo propio de su primogénito era su intensidad, un despliegue de energía que le generaba problemas de conducta en la escuela y que un médico neurólogo al que le recomendaron que viera diagnosticó como “déficit de atención con hiperactividad”.

Con ese diagnóstico, a León le indicaron el año pasado un tratamiento psicológico para intentar “drenar” su energía adicional. Tal como le había adelantado el médico a su madre, si ese tratamiento no daba resultado “lo iban a tener que medicar”. Fue en ese momento que una de las psicólogas que atendía a León notó que algo no cerraba. Y es que si bien el chico tenía un comportamiento hiperactivo no parecía presentar problemas de atención. Por el contrario, cuando algo le interesaba podía concentrarse en ello durante mucho tiempo. Y así se lo comunicaron a su mamá, quien se puso a averiguar por su cuenta qué otro trastorno podía tener.

“También a mí me resultaba raro que León pudiera tener déficit de atención porque me había puesto en contacto con otros padres de chicos que sufren ese trastorno y mi hijo no encuadraba en el perfil: en principio, salvo por los problemas de conducta, en la escuela siempre le había ido muy bien”, cuenta Alejandra, quien en su búsqueda se cruzó con las altas capacidades, una alternativa que en ese momento le resultaba igualmente absurda pero que en la desesperación decidió explorar.

Tras dar con una especialista en niños con altas capacidades, Alejandra sometió a su hijo a una evaluación psicodiagnóstica que dio por resultado que León tenía un coeficiente intelectual bastante por encima de 130 (el límite de base para establecer la existencia de una alta capacidad) y que eso podía ser la causa de sus problemas de adaptación escolar.

MAS BIEN UNA MALDICIÓN

Aunque en general se habla poco de ellas, las altas capacidades –que consisten en presentar habilidades excepcionales en una o más áreas del conocimiento- constituyen una condición mucho más frecuente de lo que se suele creer. Se calcula que alrededor de dos de cada cien chicos nacen con este don que, contra lo que cabría esperarse, en nuestro país suele convertirse más bien en una maldición.

Sucede que “estos chicos tienen grandes dificultades para relacionarse con sus pares cronológicos; y al no lograr hacerlo sienten que no encajan, lo que les produce mucha frustración. Si a eso se le suma que suelen ser muy inquietos y que encima no aceptan fácilmente que les den indicaciones cuando no se les explica la razón, el resultado es que son un problema para el sistema escolar que tenemos hoy”, explica Eliana Turrisi, madre de dos hijos con altas capacidades e integrante de La Plata AC, una asociación creada para contener a los padres de chicos con esta condición.

Pero los obstáculos que presenta para ellos la escolarización no es con todo el problema mayor. “El mayor problema es que se los suele diagnosticar mal. La formación que reciben en general los psicólogos y psicopedagogos no suele abordar esta problemática y la mayoría de los tests que aplican están diseñados para detectar el déficit, no la capacidad. Pero ocurre además que estos chicos no son fáciles de evaluar porque están siempre tirando de la soga: es muy común que cuando perciben que están siendo evaluados jueguen a equivocarse y a hacer todo al revés”, cuenta Turrisi.

De ahí que “es un riesgo hacerlos evaluar por profesionales que no se especializan en el tema porque lo más probable es que terminen concluyendo que tienen un Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD) o Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)”, comenta Turrisi al aclarar que no es el único riesgo. “Tan riesgoso como que los diagnostiquen mal y los mediquen sin necesidad es que queden sin recibir atención –asegura-: cuando el sistema escolar no logra contenerlos, muchos chicos con altas capacidades terminan fracasando en la escuela porque sufren bullying y depresión”.

“NO ES UN CAPRICHO”

También a Soledad y Andrés Equiza, los padres de Benjamín (5), les dijeron que su hijo tenía el síndrome del niño desafiante. “Desde el arranque del jardín no se relacionaba con sus pares cronológicos, exigía más información, no aceptaba que los otros nenes fueran a otro ritmo, los corregía, los interrumpía, hacía todo lo posible para que lo mandaran a dirección…”, cuenta su mamá.

Si ya de por sí esta conducta angustiaba a los padres de Benjamín, el hecho de que de pronto comenzara a vomitar regularmente al llevarlo al jardín los aterrorizó. Y es que “no había ninguna explicación física para los vómitos”, comenta Soledad, que en ese momento resolvió llevar a su hijo a un centro de atención psicológica para descartar lo que le decían las maestras: que el problema estaba en que en la casa no le ponían límites y lo estimulaban por demás.

Pero “no era menos estimulación lo que necesitaba Benjamín, sino todo lo contrario”. Así se los confirmó a sus padres una neuropsicóloga, que tras evaluarlo durante varias semanas concluyó que el chico tenía un coeficiente intelectual por encima de 130, lo que explicaba tanto sus problemas de adaptación como su desgano creciente y la angustia que le generaba ir al jardín.

“Después de esa evaluación, en el jardín aceptaron hacer una flexibilización porque además se daban cuenta de que Benja la estaba pasando muy mal”, cuenta Soledad al detallar que “entre las medidas adoptadas se resolvió pasarlo de la sala de 4 a la de 5 años”, donde su hijo “empezó a estar mejor”. Sin embargo fue una solución transitoria: al poco tiempo de estar en la sala de 5 Benjamín comenzó a demandar de nuevo una atención que en el jardín no estaban en condiciones de brindar.

Fue así que con el apoyo de las autoridades del jardín los padres de Benjamín presentaron ante la Dirección de Educación de Gestión Privada de la Provincia (DIEGEP) una solicitud para se le permitiera acelerar su nivel educativo. Pero “han pasado ya meses de eso, seguimos sin recibir una respuesta y nos sentimos presos de un vacío legal”, dicen Andrés y Soledad.

“Si bien la Ley Nacional de Educación prevé una flexibilización del proceso educativo para los chicos con altas capacidades intelectuales, en la Provincia ponen trabas para autorizar una aceleración-. Ahora Benja está por completar la sala de 5 no puede entrar a la primaria porque no tiene la edad suficiente”, cuenta su mamá, quien asegura que su reclamo “no es un capricho sino una necesidad”. Quiere que su hijo “reciba la educación que necesita sin tener que pagar por eso un alto costo emocional”.

UNA LEY QUE NO SE CUMPLE

La misma situación enfrenta por estos días la familia de León, que está terminando tercer grado en una escuela privada de la Ciudad. “A partir del evaluación psicodiagnóstica de mi hijo que recomendaba aceleración, el colegio aceptó alternarlo semanalmente con cuarto grado para ver si de adaptaba mejor, porque además estaba sufriendo mucho bullying. Mientras tanto empezamos a presentar solicitudes de aceleración en la dirección de Educación de Gestión Privada, la dirección de Psicología y la Asesoría Docente de la Provincia. A esta altura del año tengo ya 51 actas de reuniones mantenidas con ellos y lo único que conseguí es que recién hace unos días me llegara una resolución donde recomiendan hacer lo que la escuela ya hizo y no funcionó”, cuenta Alejandra Nader, su mamá.

“A pesar de que existe una ley nacional que reconoce el derecho de los chicos con altas capacidades a recibir una flexibilización escolar, en la práctica el sistema no consigue contenerlos. La idea que las autoridades educativas tienen en general de estos casos es que, como se trata de chicos muy inteligentes, no necesitan que se les brinden atención especial. No se dan cuenta que sin esa atención los chicos sufren mucho y terminan siendo excluidos”, explica Eliana Turrisi desde La Plata Altas Capacidades.

Para esta asociación, que reúne ya a dieciséis familias de chicos con un alto coeficiente intelectual, la aceleración de nivel constituye un reclamo central. Como explican sus integrantes, “se trata de una cuestión de equidad: al no haber una respuesta por parte del sistema educativo, la única opción que les queda a los padres es contratar a un psicopedagogo particular para que apuntale a la escuela, algo que las obras sociales no cubren, porque no consideran que exista una patología, y que muchas familias no están en condiciones de pagar”.

Lo cierto es que mientras el sistema sigue sin ofrecer respuesta, algunas familias han comenzado a llevar sus reclamos de aceleración ante la Justicia. Semanas atrás en un fallo inédito, la Sala III de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Entre Ríos resolvió que una adolescente superdotada de 15 años aprobara el ciclo secundario sin tener que cursar ni rendir libres los contenidos exigidos para ese nivel. Si bien se trata por ahora de un caso aislado, acaba de abrirle la puerta a un montón de reclamos de su tipo que hoy chocan contra la burocracia escolar.

“En las escuelas suelen acusarnos a los padres de sobre estimularlos y no ponerles límites”

“Los chicos buscan identificarse con sus pares y al no lograrlo sienten que no encajan”

 

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A león (8) estuvieron a punto de medicarlo cuando descubrieron que tenia necesidades especiales l/ santoro

“Cuando no son contenidos por la escuela muchos de estos chicos sufren bullying y depresión”, explica Eliana Turrisi/dolores ripoll

los padres de benjamín piden que tenga la educación que necesita sin pagar un alto costo emocional/Alday

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