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Histeria de un amor: por qué la telenovela de #Rostina sigue jugando con los corazones de la audiencia

Cristina Pérez y Rodolfo Barili iban a confirmar o desmentir su romance el jueves, pero eligieron perpetuar el misterio. Y mientras ellos coqueteaban y Axel cantaba, el rating superaba los 10 puntos…

Histeria de un amor: por qué la telenovela de #Rostina sigue jugando con los corazones de la audiencia

¿Qué pasa acá? El beso en la mejilla de Barili y Cristina que tiene al país hablando / Captura TV

Las telenovelas son así. Largas. Melosas. Vuelteras. Siempre terminando cada capítulo con final abierto. Cualquiera que haya visto un culebrón, sabe que es parte de lo desquiciante del género, una estrategia bastante burda para sostener el rating día tras día, para obligar a los espectadores, ya atrapados con la historia, con los personajes, con ese romance que parece que nunca se va a concretar, a sintonizar al día siguiente. Y también es parte del sabor de la telenovela de turno.

“Podría estar hasta las 12 viéndolos histeriquear”, dijo una usuaria de Twitter sobre la telenovela de turno: no es una turca, o una brasileña, sino el coqueteo eterno entre Rodolfo Barili y Cristina Pérez, lleno de manitos, miradas y comentarios juguetones. Cruzados por una entrevistada el martes, la pareja del noticiero de Telefé prometió hablar “del amor” el jueves, en el marco del Día de los Enamorados. Pero lo que ocurrió fue pura ambigüedad: un nuevo episodio de la novelita que no termina de confirmar ni desmentir qué pasa ahí, porque el juego previo vale más que la concreción.

Toda Latinoamérica unida se juntó frente al televisor para ver qué tenían para decir los históricos conductores del noticiero del canal de las pelotas. Ellos vendieron el anuncio durante todo el programa, elevando la expectativa a picos de más de 10 puntos de rating. El noticiero, claro, lideró su franja, y fue trending topic bajo el apodo con el que el público los unió: #Rostina. Telefé aceptó pasarse de las 21.30, horario de finalización del noticiero, y Barili y Cristina esperaron al final del programa para hablar “del amor”. Hasta llevaron a Axel a cantar romances. ¿Y? No pasó nada.

Solo un montón de frases ambiguas, que nada dicen, extraídas de algún manual de autoayuda amorosa. “Vamos a hablar de amor. Eso que nos conmueve, que nos eleva la vida, que nos arrastra…”, dijo Barili. Siguió Cristina: “A nosotros nos hace sentir muy pequeñitos en este momento, toda la ilusión de aquellos que en estos años nos mostraron algo que nosotros no veíamos, pero que nos pasaba todo el tiempo y unieron nuestros nombres, convirtieron a Rodolfo y Cristina en ‘Rostina’ y nos dimos cuenta de que había algo que habíamos construido juntos, que pasaba del otro lado y que generaba esa ilusión de que vos nos ves juntos y querés que siempre estemos juntos”.

Pérez parecía llevar la velada hacia la confirmación, cuando lanzó que “siento que gracias a vos yo no estoy tan sola” (refiriéndose a la tarea de conducir el noticiero más visto de la tevé) pero luego disparó un furibundo “claro que nos queremos mucho”. ¿Se quieren? Mmm…

Lo de Barili fue peor, una traición mayor a la audiencia: “Nos preguntan si hay amor. Hay amor por lo que hacemos, por hacerlo juntos. Caminamos juntos hace casi 17 años”. Ufff: ¿hay amor por lo que hacemos? ¿En serio, Rodolfo? Parecía que no había romance, y que ambos, simplemente, querían estirar la ilusión de que podía ser, sin decir alguna mentira…

A esa altura las redes ardían. La confirmación no llegaba. Los minutos pasaban. Muchos postergaban sus propias salidas de San Valentín para ver a estos dos grandulones o no animarse como chicos de secundaria o, directamente, manipular a la audiencia por un puñado de rating.

Los memes y las menciones se multiplicaban. La expectativa crecía mientras Axel salía a cantar. Parecía el momento del beso. El beso solo fue en el cachete. Twitter era furia aunque, a la vez, disfrute: el culebrón se extendía, sobrevivía para continuar el histeriqueo durante más noches. Después de todo, una confirmación hubiera sido el final de la historia, el “felices para siempre”. Y nadie quiere el final más aburrido para una historia de 17 años.

HISTORIA DE UN ¿AMOR?

Porque hay que entender que Barili y Cristina llevan 17 años al frente del noticiero, todas las noches, y el público quiere creer que fue testigo de la historia de un amor, y no de una amistad. Ambos llegaron del interior (él de Rauch, ella de Tucumán) en los 90, crecieron como periodistas en esa década y en 2002 se instalaron en la mesa de Telefé para nunca separarse.

Durante más de una década y media, solo había sonrisas y buena onda. Pero de repente, tras quince años, Barili se separó. Corría 2015. “Las ausencias son demasiadas y terminan afectándote”, decía entonces el periodista sobre el final de su relación que dejó dos hijos. Cristina estaba separada de su último gran amor, Jorge Pérez Bello, ejecutivo del grupo Telefónica y su pareja por diez años.

Todavía los rumores no comenzaban. Seguían las miraditas, pero Cristina, codiciada por su elegancia, entraba y salía de relaciones. Pero desde 2017 ambos están solteros. Comenzó el cuchicheo en las redes, que viven para comentar el nudo de las historias, el minuto a minuto, y no el final, el desenlace tan categórico (y más si hubiera sido una negación del romance).

El desenlace no da rating ni trending topics. Y las redes, que hay que entender, son integrales en esta historia: Barili está separado desde 2015, y Cristina tuvo algún romance fugaz desde entonces, pero el empuje para que ambos confirmen (o nieguen) que la química se consumó más allá de la pantalla llegó el año pasado, desde Twitter, con el nacimiento de #Rostina y una legión de fans que los convirtió en “ships” (en la jerga 2.0, parejas que son ficticias pero que los fans quieren ver juntos, como Harry y Hermione).

Y la ilusión creció como una bola de nieve que ellos alimentaron: “Son las cosas del amor, Rodolfo”, le dijo Pérez al aire esta semana. Y días atrás ella también aseguró: “No me arrepiento de este amor”. “Nos gusta jugar”, dijeron, consultados sobre este descarado coqueteo…

Pero si ellos alimentaron los rumores, es porque Telefé se percató de que éste, y no ese noticiero “pendeviejo”, con hashtags, disfraces y gritos, que condujo Nico Repetto, era un buen modo de atrapar audiencias jóvenes (el promedio de edad del espectador de tevé de aire argentino supera los 50 años, y es el sector que menos consume, por lo tanto el minuto publicitario se devalúa). Hay que recordar que Barili es el gerente de noticias del canal.

Así que sea cual sea la verdad, y probablemente no pase nada por ahí (el jueves era la situación ideal para blanquear y poder salir a comer tranquilos; y, además, tras 17 años junto a alguien, el riesgo de ingreso a la “zona de amistad” es altísimo), la novelita sigue. Porque la novelita mide muy bien y, después de todo, no es que este culebrón está extendiendo su duración con algún truco sin sutileza, como dejar ciego a un personaje o traer de la muerte a otro. No: esto es un histeriqueo de novela puro.

 

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