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UN TIPO NUEVO, A LOS 75 AÑOS

Keith Richards, hombre sano y de familia: ¿La muerte del “sexo, drogas y rocanrol”?

El guitarrista de los Stones, conocido por sus excesos, dejó el alcohol y disfruta con los nietos. ¿Final de un mito, o solo del personaje?

Richards con su familia, que incluye cinco nietos / WEB

Junto a Anita Pallenberg y su primer bebé

Keith Richards está en pleno proceso de purificación y, como dijo él mismo, ya era hora: después de dejar de beber, ahora el mítico guitarrista de los Rolling Stones intenta dejar de fumar. Pero es una lucha que, cuenta, le está resultando más complicada que el abandono en el pasado de otros viejos hábitos también perniciosos.

Después de toda una vida de desfases y notorios excesos, el músico inglés de 75 años está de un tiempo a esta parte intentando acomodarse en unos hábitos más saludables, llegando a asegurar recientemente que prácticamente ha dejado de beber.

“Estoy intentando dejar de fumar. Hasta ahora, sin éxito. Lou Reed decía que era más difícil salirse de la nicotina que de la heroína. Y así es”, ha planteado el legendario guitarrista, reconocido por sus declaraciones sin pelos en la lengua sobre su historial de excesos, en declaraciones a la revista británica Mojo.

“Y eso que salirse de la heroína es como el infierno”, agregó, “pero es un infierno corto. Los cigarros siempre están ahí y siempre lo han hecho. Sencillamente los agarro y los enciendo sin pensarlo”.

A la vista de estas dificultades, Richards apunta que en cualquier caso sigue intentando dejarlo fumando menos cada día. “Me las arreglé para reducir una cantidad considerable todos los días”, reveló, y explicó que se tiene fe: “Me he golpeado con cosas duras en la cabeza, pero ahora solo tomo un poco de vino con las comidas y una cerveza o dos”.

Richards, famoso por sus excesos, contó el año pasado que había dejado -casi- de beber: “Me harté de eso”, relataba entonces el mítico guitarrista, revelando que llevaba un año solo bebiendo una copa de vino y una cerveza ocasionalmente.

Todo un logro para el hombre que se jactó durante 74 de sus 75 años de sus bebidas favoritas, el whisky y el vodka. Pero algo hizo click en la cabeza del artista, algo que no responde a su personaje siempre excesivo, pero sí a la de un hombre que en años recientes de su vida se ha volcado a la familia.

“Es hora de abandonar. Igual que todas las otras cosas”, dijo a la revista, en referencia a su adicción en el pasado a la cocaína, la heroína y otras drogas duras. Richards, que dejó las drogas tras ser detenido en 1977 en Canadá por posesión de heroína, en uno de los episodios más turbulentos de la historia de la banda británica, es ahora, confiesa su compañero Ron Wood, “más gentil” y “abierto a más ideas” a la hora del trabajo.

“Pienso que el Keith que solíamos conocer y amar llegó a ese punto en el que si tomaba uno más, se hubiera pasado de la raya y se hubiera vuelto desagradable. El punto se volvió más y más corto, ya sabes, y él se dio cuenta”, agregó Wood. Algo que no viene mal, teniendo en cuenta que la banda septuagenaria esta realizando una nueva gira por Estados Unidos que se extenderá hasta junio.

Este nuevo Richards, incluso, dice que ya no gasta más energía en enojarse. Y esta productividad y concentración que Richards ha encontrado a la luz de dejar las sustancias tóxicas se refleja no solo en los Stones, sino también en sus propios proyectos: acaba de reeditar su primer disco solista, “Talk is cheap”, y el año pasado, temporada en la que se convirtió en abuelo por quinta vez, firmó un libro para chicos con ilustraciones de su hija Theodora, parte del mencionado plan de acercarse a su familia.

El libro, claro, estaba relacionado con la música: “Gus y yo: La historia de mi abuelo y mi primera guitarra” narra cómo el abuelo de Richards le introdujo en la música por primera vez y le dio su primera guitarra al pequeño.

“Acabo de ser abuelo por quinta vez, así que sé de lo que estoy hablando. El vínculo, el vínculo especial, entre niños y abuelos es único y debería ser apreciado. Esta es una historia sobre uno de esos momentos mágicos”, contó entonces el artista.}

¿Es este Richards familiero y sano la antítesis de lo que su personaje representó siempre? Bueno, vivimos en tiempos donde el “sexo, drogas y rocanrol”, ese coqueteo con el abismo, ha mostrado tantas veces su rostro voraz, y donde la sociedad entera vive anestesiada, que quizás hoy el verdadero acto rupturista, rocanrolesco, desafiante, sea abrazar la armonía en medio del caos. Quizás el Richards de los excesos era solo un personaje marketinero, una pose llevada al extremo.

O quizás no: quizás lo que sea solo un mantra marketinero sea la noción de armonía, refritada por las filosofías new age de moda que mal adaptan las ideas de Oriente, justo el tipo de poses contra las que el rock siempre se rebeló. Quien sabe.

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