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Bailar después de los 60, una moda que no para de sumar seguidores

Cada vez más adultos mayores se animan a la danza y participan de grupos de baile como una forma de realizar actividad física. La opinión de quienes protagonizan un fenómeno creciente

Aprender pasos y coreografías de baile ayuda no sólo al cuerpo sino también a la memoria/Gonzalo Mainoldi

Las clases de baile latino convocan cada vez a más adultos que buscan ejercitarse y sentirse jóvenes

Los lugares y los días cambian pero la pasión es la misma: la plaza Italia durante los domingos a la tarde, cuando decenas de personas mayores se juntan a escuchar y bailar folklore; las milongas de tango que se multiplican por los diferentes barrios de la ciudad y, de un tiempo a esta parte, los gimnasios donde quienes pasaron los cincuenta o los sesenta años se animan no sólo a una rutina aeróbica sino también a aprender pasos de baile.

“Es que bailar te hace más joven”, asegura Guillermina Negro, profesora de Educación Física de la UNLP y quien acaba de incorporar a sus rutinas de ejercicio con adultos mayores clases de baile latino. “Es que son cada vez más los que buscan envejecer con salud a través del movimiento. Además de los ejercicios de gimnasia convencional, está probado que el baile es una opción más para mantenerse activos y saludables, respetando en todos los casos las posibilidades y limitaciones de movimiento de cada caso y edad en particular. El baile es una herramienta que las personas mayores buscan cada vez más, porque se dan cuenta de que les permite entrenarse y, al mismo tiempo, divertirse”.

Ayuda al corazón y a bajar de peso; aumenta la energía y la resistencia, y mejora la memoria

 

Lo que dice Guillermina se hace eco en las decenas de voces que protagonizan en fenómeno en nuestra ciudad. Nélida Miranda, por ejemplo, tiene 69 años y asegura que, a través de la música y del baile, percibe “una adrenalina difícil de explicar con palabras; disfruto muchísimo de bailar y eso hace que, a veces, hasta me olvide de los años que tengo”. Según cuenta, el baile latino para ella es todo: “Me hace sentir muy feliz y relajada; en mi caso, aprendo coreografías sencillas y adaptadas a mi edad pero que me tienen en movimiento como si fuera una piba”.

No muy distinto es lo que apunta María Cristina Millares, también de 69 años y quien decidió retomar el baile después de mucho tiempo. “De joven bailaba y se me ocurrió plantearme: ‘por qué no puedo hacerlo ahora que ya soy grande’. Y la verdad es que no me arrepiento. Al contrario: me divierto mientras ensayo coreografías y pasos y siento que me hace muy bien a la cabeza, me despeja”.

Lo que siente y cuenta María Cristina tiene un correlato directo con lo que apunta la propia ciencia, cuyos últimos estudios en la materia aseguran que el baile es un puente entre el cuerpo y la mente y, acaso lo más importante, permite canalizar de manera saludable algunos sentimientos y emociones reprimidos, así como potenciar la creatividad y la memoria.

Según se explica, el movimiento al ritmo de la música incluye los beneficios derivados del ejercicio físico (cardiovasculares, metabólicos, músculo-esqueléticos, articulares, etc.) y un componente importante de integración cerebral, además de grandes beneficios psicológicos.

Para la doctora Alicia López-Illescas, bailar es uno de los mejores remedios contra el envejecimiento físico y mental. Según la especialista, además, “lo recomendable para quienes pasaron los sesenta es asistir a bailes de salón, como las milongas, o asistir a clases porque, como sucede en la mayoría de los bailes estructurados, aprender y fijar los pasos requiere memorizarlos y eso es un entrenamiento mental estupendo”.

Al trabajar en pareja, apunta la experta, la persona “debe mantener la atención de forma sostenida y esto proporciona desafíos mentales que son la clave para potenciar la agilidad mental y la salud cerebral en esta etapa de la vida. Es más: en estudios con personas con enfermedad de Parkinson se concluyó que bailar estimula el sistema nervioso central y la actividad cerebral, y algunos enfermos expresaban que cuando suena la música el temblor del cuerpo se desvanece y, además, esto les ayuda a mejorar la coordinación y el equilibrio”.

Como bien se sabe, en los últimos años la tercera edad se ha convertido en un centro de gran interés, dado el aumento progresivo de personas que ya han cumplido 65 años. Sin embargo, la calidad de vida y el envejecimiento saludable dependerá de una serie de aspectos funcionales: físicos, psíquicos, afectivos, creativo y de relaciones sociales.

“Aprender a bailar no sólo disminuye los niveles de estrés -aporta por su parte Negro-, también mantiene en línea la presión arterial, previene ciertas enfermedades cardiacas, estimula el sistema nervioso central, aumenta la coordinación y mejora el equilibrio. Cualquier movimiento con música estimula el cerebro, el hecho de tener que coordinar los brazos con las piernas siguiendo un ritmo musical se vuelve muy estimulante, placentero y, además, propone un esfuerzo corporal integro. Al bailar se accionan mecanismos fisiológicos que ayudan a mejorar la motricidad y la postura”.

Lo que dice la profesora lo confirma Alejandra Sgheiz, de 65 años y para quien el baile “produce básicamente la desconexión con el mundo, con la realidad, con el afuera, con los problemas; es una hora en donde se puede disfrutar a pleno de un grupo de compañeros”.

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