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LA HISTORIA POLÍTICA ARGENTINA

1963: militares, entre azules y colorados

La portada de EL DÍA, el jueves 4 de abril, mostrando el estado en el que había quedado la base de Punta Indio tras los enfrentamientos

Tanques del C-8 abandonan el cuartel en pleno ataque

Por RICARDO JAÉN (*)

@r_jaen

El Dr. Brusa, padre de mi más antiguo y querido amigo, era el encargado ese día de llevarnos a la Escuela Joaquín Víctor González de la Universidad Nacional de La Plata; cursábamos el tercer grado y como siempre, sonaba en la radio del DKW el programa en Radio Colonia con tangos de Julio Sosa.

Cuando nos dejó en la puerta del establecimiento, alcanzó a decirnos: “Cuidado chicos porque me parece que nuevamente hay lío con los milicos.” Abogado de gremios y militante peronista conocía claramente la interna militar que había estallado en septiembre de 1962 en lo que el historiador Alain Rouquié bautizo como “el partido militar” y que se había continuado con distintos episodios hasta esa mañana de Abril del ‘63.

Aún no había terminado la primera hora de clase cuando un avión, que con mis amigos identificamos como naval, pasó rasante sobre el bosque platense con destino a la Casa de Gobierno Provincial.

Nos llegó la instrucción de no salir al patio y se nos notificó que nuestros padres serían avisados para que nos retiren. Mi mejor amiga Manely alcanzó a comentar que su padre (dirigente del radicalismo intransigente) apoyaba a los azules, a mí me simpatizaban los colorados porque había escuchado en mi casa (mí padre un conservador cuyo tema excluyente era la política) que la Marina representaba ese color y para mí, con mis 9 años, formado en los continuados del sábado del Cine Select de La Plata con películas de guerra y con las historietas de “Ernie Pike” de Oesterheld – Pratt, no quedaban lugar a dudas. Fue nuestro último comentario hasta volvernos a ver tres días después.

Ese día los conjurados (colorados) querían ungir Presidente al General Retirado Benjamín Menéndez a quien reconocían como “Comandante en Jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra” y hacer renunciar al Presidente en ejercicio José María Guido, instrumento de los azules, quienes reconocían como verdadero líder a su Jefe del Ejército el General Juan Carlos Onganía.

La Armada se sumó casi totalmente a los colorados, junto con algunas unidades del Ejército

 

También se podían definir los bandos como la continuidad de las diferencias entre el almirante Rojas y el general Aramburu después del derrocamiento de Perón ya que ambos actuaron como ideólogos de cada sector, en cuanto a la participación o no del peronismo en el nuevo diseño de la Argentina post peronista.

La Armada se sumó casi totalmente al bando Colorado y algunas unidades del Ejército en el interior del país no muy significativas lideradas por el general retirado Toranzo Montero. Definían al peronismo como un partido sectario, violento y que abría el camino al comunismo, siendo su líder “un tirano”.

El Ejército en cambio apoyó masivamente a los AZULES y a su Jefe.

La Fuerza Aérea, no asumió una posición clara en el comienzo de las hostilidades, su titular Carlos Armanini iba “evaluando” la situación minuto a minuto hasta tomar una decisión que le significó un apodo en la jerga militar: “la fuerza PANQUEQUE” (se dan vuelta en el aire).

Los Azules controlaban los medios y el recordado Comunicado 150, redactado por el Dr. Mariano Grondona, les ganó el apodo de “legalistas”. Los Colorados, en cambio, sólo llegaban a la población a través de Radio Colonia.

El combate más grave tuvo dos protagonistas excluyentes y sucedieron los días 2 y 3 de Abril entre el Regimiento Nº 8 de Tanques Cazadores de Necochea (conocido popularmente como los tanques de Magdalena) al mando del General Alcides López Aufranc que contaba con 70 tanques M4 Sherman y la Base Aeronaval N 3 Punta Indio, sede de la escuadrilla naval de caza y ataque dotada con aviones F9F Panther y F4U Corsair, al mando del Capitán de Navío Santiago Sabarots.

Las acciones bélicas comenzaron cuando López Aufranc movió sus tanques en dirección a La Plata, para descomprimir la situación en la Casa de Gobierno que estaba sitiada por la infantería de marina, fuerza altamente entrenada, mejor armada y con un profesionalismo mucho más alto que el ejército

El regimiento 7 de Infantería que tenía asiento dentro de la ciudad de La Plata, se había encerrado en su cuartel sin que sus mandos se definieran abiertamente por algún bando aunque eran vigilados por la aviación naval.

Al medio día la columna de tanques fue sorprendida por los Panther y los Corsair que los atacaron con cohetes en vuelo en picada y bombas de napalm. El resultado inmediato fue de 9 muertos y 22 heridos con varios tanques fuera de combate. Un avión atacante fue derribado y otro hizo un aterrizaje de emergencia sobre la ruta, el piloto había logrado sobrevivir pero fue fríamente ejecutado por una partida del regimiento a cargo de un oficial nunca identificado.

EL ODIO SE HABÍA INSTALADO EN LA BATALLA

Mientras tanto la Flota de Mar rebelde en operaciones avanzaba sobre las cercanías de la rada del puerto de la Capital, amenazando con los aviones de su buque insignia, el Portaaviones Independencia, ante la indefinición en las primeras horas de la Fuerza Aérea.

Los tanques se refugiaron en los bosques aledaños y reclamaron apoyo aéreo para seguir con su avance.

El día cerró lleno de dudas y en la búsqueda telefónica de los azules de la frase: “esta unidad responde a sus mandos naturales”.

Ambos bandos miraban a la Fuerza Aérea, que con su poder de fuego podía inclinar definitivamente la balanza, a la profundización del conflicto o a su rápida solución.

El hombre clave para esa instancia fue el Brigadier Eduardo Francisco Mc Loughlin, muy cercano al entonces Coronel Lanusse, quien esa noche consiguió los apoyos de las guarniciones aéreas más importantes y con ello convenció a Armanini que el levantamiento colorado no tenía futuro ni militar ni político.

En tanto, la población en general se mantuvo totalmente al margen de los acontecimientos siguiéndolos de una forma casi deportiva, encapsulando el grave conflicto al terreno exclusivamente militar independientemente de las simpatías para con uno u otro bando.

El día 3 fue sin duda la fecha en que se decidió el conflicto, más allá que formalmente los rebeldes capitularon el 5 de Abril, y también fue sangriento, con odios, pasiones y traiciones que perduraron en sus consecuencias durante casi 20 años en las relaciones entre las tres armas.

Ese día, dos Sabre F86F pidieron por radio autorización a la Base Punta Indio para repostar combustible en carácter de “neutrales”. El Comandante de la Base autorizó y ambos aviones pertenecientes al grupo 4 de Caza con asiento en Tandil realizaron la operación, no sin observar la disposición de los aviones navales en la pista preparándose para un próximo ataque.

El Capitán Sabarots personalmente atendió a los pilotos tratando de congraciarse e informarse acerca de qué idea predominaba en la fuerza, muy lejos de sospechar lo que iba a ocurrir minutos después.

Ambos cazas despegaron y minutos después volvieron en ataque rasante a pista con sus cañones de 40 milímetros inutilizando cualquier capacidad de respuesta de la base. Inmediatamente después aparecieron en una primera tanda, dos Gloster Meteor del Grupo de Caza y Ataque con asiento en Morón que utilizaron bombas de fragmentación. En una segunda tanda, cuando ya Punta Indio ardía y había perdido toda capacidad de defensa antiaérea, aparecieron dos bombarderos Avro Lincoln quienes arrojaron bombas de 250 Kilos.

La resultante final del ataque fue de 24 aviones navales destruidos y cinco infantes de marina muertos. Al Capitán de Navío Sabarots le pareció prudente huir al Uruguay.

Al amanecer del día 4, una partida de tanques estaba en las puertas de la base naval rebelde con órdenes de arrasarla, López Aufranc debió ser convencido por el activo Coronel Lanusse de la importancia política de, por un lado, terminar la contienda y por otro, detener las represalias.

Vale la pena señalar que el número final de víctimas de los enfrentamientos en todo el país nunca se supo. Pero existen abundantes testimonios orales que reportan muchas acciones violentas entre las facciones, producidas entre el 2 y 3 de Abril que tuvieron como motivación la venganza y no necesariamente objetivos militares.

López Aufranc fue declarado por la prensa más adicta al gobierno como “el zorro de Magdalena” en alusión al “zorro del desierto” apodo del General Erwin Rommel; el ingenio y la sabiduría popular también lo bautizaron con el mismo nombre pero por otro motivo: en sus avances con los tanques requisaba pollos, gallinas y chanchos en las Granjas y chacras a la vera del camino y nafta en la estaciones de servicio

Sin duda el verdadero ganador fue el General Juan Carlos Onganía quien consolidó un camino empezado el año anterior y que culminaría con el golpe al Presidente Arturo Illia.

En esos días los diarios contaban en su sección deportiva que la hinchada de Boca cantaba: “Melones, sandías, a Boca no lo paran ni los tanques de Ongania”.

“Melones, sandías, a Boca no lo paran ni los tanques de Onganía”, cantaban en la Bombonera

 

La autodenominada Revolución Argentina, después de una corta experiencia de democracia condicionada por el partido militar (mantenimiento de la proscripción del peronismo) que le permitió a la UCR demostrar, aún en tan anómalas condiciones políticas, la impronta de desarrollo de una clase media moderna y pujante, que terminaron víctima de las distintas etapas del enfrentamiento irresuelto entre el Ejercito (dueño casi exclusivo del partido militar) y Perón.

La cruel dictadura de 1976 será el trágico acto final que ahogará los últimos vestigios de esa “argentina de clase media” de movilidad ascendente, culturalmente de vanguardia, revolucionaria en la producción tanto en el agro, la industria, la energía y el consumo.

Deberán pasar veinte años (1963/1983) para que la última torpeza criminal (Malvinas) terminara definitivamente con el partido militar y la sociedad argentina empezara a valorar la sociedad democrática a un altísimo costo, con daños irreparables, que aún seguimos pagando.

 

(*) Analista en riesgo político.

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