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¿Rumbo a un régimen de alta inflación?

¿Rumbo a un régimen de alta inflación?

Por EMILIANO LIBMAN Y PABLO MIRA

eleconomista.com.ar

Cuando la inflación es baja, digamos inferior al 5% anual, a nadie le importa los registros oficiales. Como casi nadie recuerda las cifras, la mayoría de los precios de la economía se ajustan esporádicamente con una ligera tendencia al alza. Por desgracia, la economía argentina está acostumbrada a vivir desde hace ya quince años con tasas de inflación entre 20 y 40 por ciento anual, que no pueden ignorarse por períodos prolongados. Estas subas son relevantes en términos trimestrales y por tanto reflejan, formal o informalmente, mecanismos de actualización usualmente basados en la inflación pasada. Si bien este proceso es desordenado y genera variabilidad en los precios relativos porque los contratos se firman en distintos momentos del año, permite sostener un funcionamiento que si bien no es superlativo, es altamente tolerable: la economía se adaptó a la inflación.

Afortunadamente, los niveles de inflación que soporta hoy Argentina están todavía bastante lejos de los que caracterizaron al régimen de alta inflación de los ‘80, con tasas mensuales que rara vez bajaban del 5%.

Las economías que viven mucho tiempo con una inflación que no puede ignorarse, pero que tampoco es destructiva como lo sería una hiperinflación, habitan en un régimen de inflación crónica. Tal régimen puede subdividirse en casos de inflación “moderada” o “alta”. Cuando un shock acelera la inflación, la espera hasta las próximas paritarias se hace eterna, y lo normal ante estos casos es acortar la periodicidad con la que se negocian los contratos. La renovación de los contratos con mayor frecuencia o la introducción de cláusulas de actualización automáticas que se gatillan cuando la inflación supera cierto umbral parecen útiles para mantener los precios relativos en línea. Pero el acortamiento no es gratuito, porque su introducción deja a la economía a las puertas de una elevación en la tasa de inflación. A su vez, la aceleración inflacionaria podría dar lugar a nuevos recortes en la frecuencia de las negociaciones salariales.

Además de las paritarias, esta dinámica da lugar a una disminución del plazo promedio en otros contratos. Los alquileres se renegocian más a menudo y los plazos de las colocaciones financieras y del crédito comercial entre proveedores y clientes se acortan debido a la incertidumbre sobre la evolución de los precios y el tipo de cambio. Esta predilección por el corto plazo es lo que termina por volcar a la economía hacia un “régimen de alta inflación”.

¿Qué régimen inflacionario tendría Argentina en el futuro? ¿Será un régimen de inflación crónica o uno de alta inflación? Los riesgos de ingresar en el segundo son mayores en la medida en que la economía continúe navegando en los mares turbulentos de la inestabilidad cambiaria. Disponer de divisas es una de las condiciones iniciales fundamentales para evitar que se pongan en funcionamiento los mecanismos indexatorios que aceleran la inflación. Mantener las cuentas fiscales y externas en relativo orden ayudará a contener las presiones sobre el tipo de cambio. Habrá que trabajar en una tregua de los pagos externos con el Fondo, y en estrategias inteligentes para “embarrar” la demanda de dólares. Un tipo de cambio real que logre sostenerse a partir de diciembre en niveles elevados también contribuiría a reducir la probabilidad de devaluaciones bruscas posteriores que consoliden las nuevas frecuencias de ajuste de los contratos. Un tipo de cambio real alto suele ser condición sine qua non de la estabilización, pues ayuda a sembrar la impresión de que el tipo de cambio “sólo puede bajar”.

Todavía es posible evitar repetir la experiencia de los ‘80, en parte porque conocemos bien cuáles son los mecanismos que nos llevarían de nuevo a ese contexto. Mantener la calma y aplicar políticas teniendo en mente estos problemas será esencial si queremos trabajar en una agenda de estabilización definitiva.

 

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