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IMPRESIONES: OCURRENCIAS

Llorar por amor y rabia

Llorar por amor y rabia

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

afcastab@gmail.com

Se sabe: el desamor hace doler. La ciencia dice que el cuerpo, el carácter y el comportamiento registran la narrativa dolorosa del abandono. Un docente de 37 años de tercer grado de una escuela pública sanjuanina no dicta clases desde hace cinco meses y llora frente a sus alumnos porque su novia lo dejó. Como no aparece una solución, la mayoría de los chicos abandonó la institución. Los padres piden que “haya clases normales de una vez por todas”. Y que si el llorón no cesa, que llamen a una suplente o que hablen con la sanjuanina, cosa de no perder el año por una novia fuera de programa. El maestro sufridor no falta nunca. Su desconsuelo no tiene recreo. Vive un insomnio de ojos abiertos a la congoja. Los amigos no lo aguantan. Y su médico le recetó un fármaco para que pueda alcanzar unos miligramos de alivio.

La situación desató un fuerte reclamo de los padres y desorientó al sindicato y al ministerio, porque no saben cómo calificar el accionar de este docente que vive en plan escolar las peripecias del abandono. Los cuyanos olvidados se han solidarizado con este llorón imparable y las profes más rencorosas comentan gustosas al papelón de este tristón exagerado. Hasta la gente de la cooperadora, tan ducha en buscar soluciones prácticas, anda a la caza de alguna sanjuanina compasiva que se haga cargo al menos un trimestre de semejante afligido. Cuando las autoridades lo apretaron, él maestro “amenazó con denunciarlos por discriminación si lo sacan del aula. Y se tiró al suelo llorando y preguntándole a los niños si lo querían o si también lo iban a abandonar”. Es un extorsionador que pone al alumnado de testigo y escudo para poder seguir cobrando cada lagrimón. Y que sólo va la escuela a dar clases de lástima.

Hay otra noticia cercana que también es una historia de desamor y dolor. Es el drama de Patricia, la odontóloga platense que descubrió que su esposo era un falso colega. Al tomar conciencia de que había ocultado en casa semejante mentira, decidió blanquear su decepción y hacer un inventario sobre las andanza de un marido que, sin anestesia, la había llenado de desazón, lágrimas y vergüenza. “Fui víctima de un manipulador, mitómano y estafador”, dijo. Cuando se enteró que su Fernando no tenía título profesional, decidió quitarle también el diploma de jefe de familia. Como no podía dar los papeles que le pedían los visitantes, el hombre en un instante se doctoró en ex profesional y ex marido. Con su mentira, había puesto la confianza hogareña a la altura de una farsa. Cayó, dicen, porque a este ex alumno lo denunciaron por prácticas fallidas. La doctora legítima dijo que ignoraba todo. Sin excusas y cercado por las evidencias, entregó chaqueta, sillón y honor. El tipo que hacia doler en el consultorio, ahora llenó de dolor toda la casa.

Más llantos. Esta semana, una dama mendocina no paraba de llorar porque creía que su marido no aparecía. Hizo la denuncia y la policía salió a buscarlo con perros, autos y helicópteros. Ella imaginaba lo peor. El operativo se prolongó a lo largo de tres días. Al final, lo ubicaron. Estaba con su amante, disfrutando de paisaje y mimos en el valle de Uco, con 15 mil dólares que serían de su señora. Pero allí se le desbarrancó el plan. Fue un regreso lleno de precipicios y con alto costo emocional y efectivo. Porque el gobierno mendocino cobra las búsquedas de los falsos perdidos. La señora había dejado de llorar cuando le dijeron que había aparecido, pero después sollozó de bronca cuando supo que lo encontraron sano y dichoso. El tesorero provincial ya hizo cuentas por semejante operativo. El galán escapista que había refugiado su aventura en zona cordillerana, hoy debe una montaña de plata al fisco: 300 mil pesos por acarreo de amante.

Funciona en Croacia el museo de los fracasos amorosos, una galería de soledades, recuerdos y dolores. Es un triste panteón que busca mostrar la pena hasta gastarla y no olvidar a los que provocaron tantas lágrimas. La novia sanjuanina, el falso odontólogo y el genuino amante, ¿no merecen un lugarcito?

 

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