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El efecto del control de cambio impactará en la economía real

El efecto del control de cambio impactará en la economía real

Por: Ricardo Rosales
 

prensa.rosalesr@gmail.com

Los controles de cambio instrumentados hace siete días parecen dar resultados. En la primera semana de septiembre la demanda de divisas se redujo y el dólar quedó en 57 pesos y también bajó el riesgo país a unos 2.000 puntos. Un movimiento que fue el inverso a lo ocurrido en agosto luego de las PASO.

La calma, sin embargo, es relativa porque el efecto de lo ocurrido en el mercado de cambios tendrá un impacto inmediato y seguramente muy fuerte, sobre la actividad económica que otra vez caerá en una recesión más profunda que la actual. La inflación volverá a picos del orden del 4 ó 5 por ciento, se resentirá el consumo y los ingresos de la población, y el empleo caerá nuevamente. Nada augura un horizonte de recuperación que, además, pudiera cubrir las expectativas sociales de mejorar su nivel de vida con el cambio de Gobierno.

La naturaleza política de la crisis económica actual es cada vez más visible, más allá de los cruces polémicos de los candidatos presidenciales, o las responsabilidades que le competen a la actual administración Mauricio Macri. El triunfo del frente encabezado por Alberto Fernández en las PASO, desató la desconfianza de los mercados y los inversores, un resultado previsible teniendo en cuenta que no es conocido que hará con la economía el nuevo gobierno que asuma en diciembre. Aunque no es el resultado electoral el responsable, sino la ausencia de consensos básicos de la política sobre el rumbo económico.

La desconfianza externa sobre la Argentina excede al candidato Fernández y viene de larga data. En los meses previos a las PASO varios referentes económicos del frente K viajaron a EE UU intentando llevar tranquilidad a los negocios y las finanzas. No lograron su objetivo. Washington DC, el FMI y el gobierno de Trump se encolumnaron tras Macri y cerraron la puerta a otras opciones, incluso que podrían considerarse moderadas. Ahora el escenario cambió pero la desconfianza subsiste y la incertidumbre se ha incrementado.

La transición actual a las elecciones de octubre próximo y la nueva gestión a partir de diciembre, podría transcurrir con cierta calma, sin necesidad de sacrificar las reservas del Banco Central, con un combo bastante elemental de decisiones políticas y acuerdos claros del oficialismo y la oposición en el Congreso.

Qué ocurrirá con la deuda y el FMI es lo que altera más a los mercados. Pero no menos significativo es como se logrará el equilibrio fiscal, se reducirá la inflación, bajara la presión fiscal y se generará empleo productivo. Por el momento no hay respuestas a esos interrogantes. El oficialismo y la oposición han elegido un rumbo muy costoso, con señales y silencios que sacrifica los recursos del país. Las luchas de poder se imponen a los intereses de conjunto. Alberto Fernández no obstruiría algunas iniciativas de Macri, pero tampoco las avalaría, quizás con la intensión de que el Presidente haga el trabajo sucio. El macrismo, presionado por la crisis, a su vez ha dado un giro de 180 grados en la gestión económica con la designación de Hernán Lacunza, sin horizonte y sin aval externo.

El sostén del FMI a la Argentina quizás no retorne más durante lo que resta del mandato del presidente Macri. Y habrá que esperar las negociaciones que abra Alberto Fernández si, como parecería, es electo en las presidenciales. El último tramo que debería desembolsar el organismo internacional este año quedó en el limbo tras la implementación del control de cambios. El FMI aclaró que continuará apoyando a la Argentina, pero sin dudas los tiempos políticos han cambiado y esperará un desenlace de la contienda electoral para retomar las conversaciones de otro acuerdo, sobre bases muy diferentes a las actuales.

En el camino, como se señaló, la actividad entró en un tobogán con una caída difícil de prever. Los pronósticos electorales de la oposición o del oficialismo, respecto de que el triunfo de uno u otro llevaría a una rápida recuperación, están lejos de la realidad. Tanto como cuando cuatro años atrás, los candidatos Macri y Scioli prometían una “lluvia de inversiones” que nunca llegó. Un nuevo ajuste económico, quizás más severo que el originado en el acuerdo con el FMI en el 2018, es el horizonte más a mano a prever. La pérdida de reservas, salto de la inflación, caída del consumo y el empleo, las tendencias iniciadas en agosto, no tienen por el momento un escenario de reversión. El control de cambios no alcanza para aspirar a esas metas.

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