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Información General |UN LOGRO ASTRONÓMICO IMPACTANTE
Desde el Parque Pereyra, un viaje a las estrellas

Científicos de nuestra ciudad, que trabajan en el Instituto Argentino de Radioastronomía, observaron por primera vez el “túnel” dejado por un astro en formación a 460 años luz de la Tierra

Desde el Parque Pereyra, un viaje a las estrellas

Manuel Fernández López y María Vazzano. Astrónomos platenses en el IAR / EL DIA

18 de Octubre de 2020 | 03:06
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Desde el corazón del Parque Pereyra Iraola, entre los caminos Centenario y Belgrano, donde funciona el Instituto Argentino de Radioastronomía, el IAR, dos científicos platenses, investigadores de la UNLP y del Conicet, comprobaron que habían observado, por primera vez, los “chorros” de una estrella en formación ubicada a 460 años luz de nuestro planeta.

Científicamente, la novedad fue impactante. Tanto, que el trabajo de los astrónomos de nuestra ciudad fue publicado en la prestigiosa revista científica “The Astronomical Journal”. ¿Pero de qué se trata para los que nada saben de estrellas ni de distancias tan siderales como las que se aprecian en estos casos? Por lo pronto, de un conocimiento fascinante que nos acerca a un universo que permanentemente se transforma.

Para acercarse brevemente a ese conocimiento, los científicos explican que una estrella comienza a gestarse a partir de un cúmulo de grandes cantidades de gas y polvo estelar, que van agrupándose en torno a un centro por efecto de la gravedad. A medida que se acumulan dan forma a un disco de acreción aplanado que gira a alta velocidad y atrae más y más material, y dentro del cual nace el nuevo astro.

“Este trabajo nos muestra por primera vez un flujo molecular desde una geometría distinta”

 

También es sabido, para la Ciencia, que durante ese proceso tienen lugar una serie de eyecciones de gas que salen despedidas en forma perpendicular a ese disco que circunda a la protoestrella, o estrella en formación, y de manera bipolar, es decir en dos direcciones opuestas. Hasta el momento, estos chorros o flujos moleculares se habían observado de costado, extendidos sobre el plano del cielo visto desde la Tierra.

Pero lo que lograron ahora Manuel Fernández López, investigador del Conicet y primer autor del trabajo, y María Mercedes Vazzano, becaria posdoctoral del Conicet en el IAR, fue observar el túnel qué dejó uno de los dos chorros de una estrella ubicada a 460 años luz de nuestro planeta y que apunta directamente hacia nosotros.

Para los expertos del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, CONICET-UNLP-CICPBA), “lo peculiar es que está orientado en la línea de la visual del observador, o sea que lo vemos de punta, como si fuera una lanza que viniera hacia aquí”.

EL CHORRO DE GAS

El chorro de gas que estudiaron Fernández López y Vazzano, fue emitido por la joven estrella DO Tauri, ubicada en nuestra galaxia en la nube de Tauro, una de las regiones de formación de estrellas -con edades que oscilan entre los 800 y los 900 mil años- más cercana a la Tierra.

“Cuando esos chorros son eyectados -describe Vazzano- perturban el gas circundante en el ambiente, y a medida que avanzan lo van excitando. Durante ese proceso, emiten luz visible. Lo que nosotros observamos en este caso son las paredes del túnel, es decir la cavidad que abrió el gas a su paso, que pueden detectarse en un rango de ondas submilimétricas, que son más largas que las de la luz visible, y por lo tanto invisibles al ojo humano”.

Los datos que los científicos de nuestra ciudad utilizaron para desarrollar su investigación, fueron obtenidos por el observatorio ALMA, un complejo ubicado a 5 mil metros de altura en el desierto de Atacama, al norte de Chile, que consta de un conjunto de 66 antenas parabólicas de 12 metros de diámetro cada una, que trabajando agrupadas funcionan como una “súper antena” de 16 kilómetros de diámetro que observa en el rango de esas ondas sub milimétricas.

“Permite ver con 10 veces más de detalle que el Telescopio Hubble, por ejemplo”, cuentan los astrónomos. “Para que se tenga una idea -grafican- nuestras observaciones están hechas con una resolución de 0,6 segundos de arco, lo que equivale a ver el Obelisco de Buenos Aires a 24 mil kilómetros de distancia, una medida que es dos veces el diámetro de la Tierra. Y ese no es el máximo de potencial de ALMA, que puede ver 60 veces mejor que eso”.

Así, valiéndose de la técnica conocida como “efecto Doppler”, que permite calcular la velocidad y dirección de un objeto a partir del análisis del color de la luz que emite una molécula en un gas, los profesionales pudieron trazar una serie de mapas o imágenes y detectar los anillos que integraban las paredes de ese túnel, como si se viera el interior de un tubo corrugado, y estimar la velocidad de la emisión.

Los expertos pudieron calcular la masa de la estrella en formación

 

“Esos circulitos se ven algo desplazados uno de otro, porque no los estamos viendo exactamente de frente sino con una pequeña inclinación”, explica Fernández López. “Por los surcos que quedaron -agrega- vemos que por allí no pasó un chorro de gas, sino que fueron tres, eyectados hace 500, 700 y 1.100 años atrás, con una velocidad de alrededor de 150 kilómetros por segundo”.

Adicionalmente, los expertos pudieron calcular la masa de la estrella en formación, que tiene entre una y dos veces la masa de nuestro Sol, y estimar el tamaño de lo que llaman “región de lanzamiento”, es decir el lugar desde el que se disparó el gas.

El trabajo permitió observar un suceso astronómico ocurrido a 460 años luz de la Tierra

 

“Tiene unas 15 unidades astronómicas, o sea quince veces la distancia entre el Sol y la Tierra”, grafica Vazzano.

“La importancia de este trabajo -apunta Fernández López- es que nos muestra por primera vez un flujo molecular desde una geometría distinta a la que se suele encontrar. Esto nos da otro punto de vista para lograr nuevas evidencias sobre cómo son eyectados estos chorros de gas”.

De esta manera, el trabajo de estos científicos del Instituto Argentino de Radioastronomía, permitió observar un suceso astronómico ocurrido a 460 años luz de nuestro planeta, en el lugar de la Vía Láctea más cercano a la Tierra donde se forman estrellas con edades que oscilan entre los 800 y los 900 mil años. Y más precisamente a una de ellas, la joven Do Tauri, que tiene entre una y dos veces la masa de nuestro Sol, como así también estimar el tamaño de lo que llaman “región de lanzamiento”, es decir el lugar desde el que se disparó, que tiene unas 15 unidades astronómicas, o sea quince veces la distancia entre el Sol y la Tierra.

 

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