Vive en Cataluña y contó que en España el personal de salud “no estaba valorado”
Edición Impresa | 27 de Abril de 2020 | 04:20

“Aquí, todos los días, a las ocho de la noche, la gente sale a aplaudir desde sus balcones. Aplaudimos a los médicos, a las enfermeras, a todo el personal sanitario y también al de seguridad por cuidarnos”, contó la joven platense Ana Signorio, desde la ciudad de Tarragona, en la región de Cataluña, España, donde está radicada desde hace 17 años.
“El aplauso también es para todos los que tienen que trabajar en este momento, para las cajeras del supermercado, para los que limpian nuestras calles, para los camioneros que transportan nuestros alimentos, para quienes lo producen. Hay mucha gente que trabaja para que nosotros nos podamos quedar en casa. Eso aquí se valora muchísimo. Por eso nos tomamos cinco minutos, salimos y aplaudimos”, agrega.
Ana tiene 40 años y vive junto a su pareja David Sancho en un departamento que está ubicado en el barrio “Nou Eixample Nord”. Juntos atraviesan una cuarentena que el gobierno español extenderá hasta fines de mayo y que, lógicamente, tiene el objetivo de evitar la expansión del coronavirus.
“Creo que una de las principales enseñanzas para España será valorar mucho más a los profesionales de la salud. El área de sanidad en general estaba muy poco valorada. Ahora creo que esto se va a replantear”, opinó.
“Aquí, al principio, parecía todo muy lejano, todos pensábamos que nada grave podía pasar”, confesó y añadió: “Pero de repente comenzó a crecer el número de casos y luego aparecieron las primeras muertes. Hasta que finalmente el 13 de marzo decretaron el estado de alarma”.
“Hubo más de 700 muertos en un día y cuando se dio a conocer esa cifra el impacto en la sociedad fue tremendo. Quedamos todos shockeados, no lo podíamos creer”, recordó.
Está claro que el avance de la pandemia viene arrojando números que asustan. Pero ese temor parece ser algo que a Ana no la preocupa tanto. Al respecto, explicó: “No tengo miedo por mí sino por los allegados, por los padres de mi pareja que son mayores y por mi familia que está en Argentina”.
“El miedo puede llevarnos a cometer errores, entonces yo trato de respetar las recomendaciones para así estar tranquila. Trato de levarme las manos con frecuencia y principalmente de mantener distancia cuando tengo que salir a comprar algo”, completó.
Las medidas del gobierno español y el sistema sanitario
Sobre las medidas que aplicó el gobierno español frente a la pandemia, Ana opinó: “Creo que se tomaron algunas medidas acertadas y otras no tanto. Hay que tener en cuenta que esto es nuevo para todos y lo que yo creo es que es muy difícil saber cuál es la decisión correcta”.
Detalló: “Cuando la situación se complicó decretaron el estado de alarma y comenzaron a controlar muchísimo. Hoy la gente lo está acatando bastante bien”.
“Lo que sí creo que no está bien es el tema de las compensaciones para quienes han tenido que cerrar sus empresas o para los trabajadores autónomos. Estos sectores están atravesando un momento muy complicado y los beneficios no son claros”, puntualizó.
Al mismo tiempo, sobre la situación que se vive en España, subrayó: “El sistema sanitario aquí está preparado en cuanto a la infraestructura pero no tanto desde el personal. En los últimos años hubo una reducción en el número de trabajadores del sector de la salud y esto hoy es un problema. Hoy hay trabajadores de la sanidad que hacen turnos de catorce o quince horas”.
Añadió: “El tema de la indumentaria y de los insumos también es un problema. Ante los faltantes ahora se está tratando de comprar en otros países pero lo que necesitamos está llegando a cuenta gotas y la gente, en la desesperación, se hace sus propias protecciones como puede. Creo que en todos lados es así”.
“Aquí también ha sucedido el tema de los sobreprecios, hay empresas que se han aprovechado de la situación y que aumentaron los precios del alcohol en gel o de los barbijos. Lamentablemente se aprovechan de la situación”, concluyó.
Su llegada a España, los cambios y el deseo de un pronto final
Cuando Ana llegó a España tenía 23 años. Fue en 2005 y sobre su arribo recordó: “Este país me ha tratado siempre muy bien. Llegué junto a mi pareja de aquel entonces. En Argentina veníamos de una crisis y decidimos probar fuera de nuestro país. Por suerte la apuesta salió bien”.
Tras finalizar la carrera de administración de empresas en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, Ana pudo avanzar en el mercado laboral español y hoy es jefa de compras de Serviquimia, una firma internacional que distribuye equipos y materiales de laboratorio.
“De lunes a viernes me levanto a las siete y media; y comienzo a trabajar a las ocho. A partir de las ocho ya estoy conectada y trabajo hasta las cinco o seis de la tarde. A todo esto, de vez en cuando trato de tomar algunos rayitos de sol que entran por el balcón y luego de trabajar intento hacer algunos ejercicios. Básicamente eso”, contó.
En el día a día, también se hace un lugar para comunicarse con su madre Ana María y sus hermanas Laura y Lucrecia, quienes viven en La Plata. En este sentido, gran parte de su tranquilidad se genera al saber que su familia está bien. No obstante, remarcó: “Siempre que pasan cosas malas pienso en lo mismo, en que me encantaría tener la posibilidad de traer a mi familia para aquí”.
“Me encantaría estar con ellos pero yo no me veo volviendo. Aquí siento que las cosas funcionan de otra manera, que hay más seguridad en muchos aspectos y más control”, consideró.
En el aislamiento Ana también se hace un tiempo para pensar y repensar, para reflexionar sobre el momento y las consecuencias. Y entre las conclusiones está convencida que “esta situación nos hace sentir insignificantes” y que “la naturaleza nos está demostrando que puede con nosotros”.
Agregó: “También creo que hay un aprendizaje desde lo económico, porque en este caso si tenés mucho dinero o poco da lo mismo. Podés estar en una mansión pero encerrado como todos. Hoy valoramos mucho estar con los amigos, disfrutar de un rayo de sol, poder ver el mar, esas cosas que siempre se dieron por hecho, hoy, las estamos valorando muchísimo”.
“Yo me siento muy afortunada de estar atravesando esta situación acompañada y cumpliendo con mi trabajo; porque sé muy bien que hay gente que la está pasando muy mal”, acentuó.
De esta manera, entre los temores y la precaución, entre la distancia y la cercanía, los recuerdos y el presente; Ana cumple la cuarentena y de vez en cuando sale al balcón para observar el cielo y rogar por el bienestar de los suyos. Y desde allí también implora y sueña con el final de esta pesadilla.
* Colaboración Ramiro Segovia
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