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“La Superball”: la pelota de fútbol es argentina, y su historia es la del país que no fue

Un documental relata el nacimiento del primer balón con válvula moderna, creado en Bell Ville y protagonista de un cuento sin final feliz

“La Superball”: la pelota de fútbol es argentina, y su historia es la del país que no fue

El ocaso de la Superball, la primera pelota que solucionó el problema de la costura, “made in” Argentina

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

18 de Agosto de 2020 | 05:35
Edición impresa

El dulce de leche. La birome. El by-pass. Todos, inventos argentinos: como la pelota moderna de fútbol, que nació en Bell Ville hace nueve décadas, gracias a un grupo de amigos que a pura inventiva forjaron una industria pujante y exitosa… Pero esta no es una historia de épicas y felicidad. De aquel pasado, relata “La Superball”, documental sobre el redondo invento que se estrena hoy en Cine.Ar Play, queda poco y nada: un pueblo casi fantasma, una industria hundida por la globalización y recuerdos de lo que pudo haber sido.

Todo comenzó en la década del 30: hasta entonces, la pelota de fútbol no era completamente redonda, sino que tenía un tiento o cuero que lo cerraba, que incomodaba mucho el juego. Pero, cansados de cabecear el tiento y quedar heridos y sangrando, en Bell Ville, tres amigos desarrollaron dos inventos que iban a revolucionar el deporte para siempre: la válvula moderna y la costura invisible. La pelota moderna había nacido.

“Cuando nos enteramos de esta historia nos llamó mucho la atención: es una historia que ni los futboleros la tienen demasiado clara, incluso los argentinos, que siempre nos vanagloriamos de tantas cosas, no nos vanagloriamos de que la pelota de fútbol con la que se juega es argentina”, relata Agustín Sinibaldi, director del filme realizado por Vacabonsai Colectivo Audiovisual: el equipo de cineastas conoció esta desconocida historia por 2016, cuando uno de los compañeros de la productoria, oriundo de un pueblito cercano a Bell Ville, contó al resto esta historia. El equipo viajó entonces a Córdoba para investigar, y “en seguida nos encontramos con esta situación de una industria que en un momento fue pujante, prometedora, y que por los avatares de cómo se manejan casi todas las industrias del país, quedó relegada a un lugar artesanal”.La fábrica de pelotas, que llegó a exportar la “Superball” al mundo, sigue existiendo, pero de ser una de las fuentes principales de trabajo, se ha convertido en apenas fuente de trabajo informal, en negro, para un puñado de personas que sufren incluso las condiciones de trabajo demandantes, artesanales y hasta peligrosas del trabajo. Las pelotas chinas, la globalización, aplastó las posibilidades de competir de la “Superball”. Dependiente en parte de su industria, la localidad, como tantos pueblos del interior, perdió su pujanza y es hoy una zona marcadamente agropecuaria.

LA PELOTA COMO ALEGORÍA

La historia de una pelota es así la historia de un país, una operación habitual en los filmes de Vacabonsai, que abordan diversos temas pero siempre desde una mirada política y comunitaria.  “Nos pareció interesante que no fuera solo la historia de la pelota, sino poder traerlo a la realidad, hablar de cómo manejamos nuestra industria, cómo manejamos las potencialidades…”, agrega Sinibaldi. La historia de Bell Ville es, en ese sentido, “traspolable a lo que pasa en muchos pueblos, con muchas industrias o actividades que se podrían haber desarrollado y quedaron en algo incipiente por los avatares de nuestra política, las decisiones de los gobiernos y las dictaduras”.

“La Superball fue un invento revolucionario, se exportó a todo el mundo, y de eso hoy queda muy poco, queda algo apenas romántico más que una verdadera industria que de fuentes de trabajo”, analiza el director. Romántico como los clubes barriales que son la base de esta historia, que supieron ser el corazón de las comunidades del país y donde se respira eso que pudo ser, “la nostalgia de aquello que pudo ser y que termina no siendo”.

“Nos interesaba mucho esta idea de lo que pudo ser”, sigue el realizador. El recuerdo de ese pasado romántico y pleno de posibilidades ofrece algunos de los momentos más emotivos del filme, con varios entrevistados quebrándose en lágrimas por lo que ya no es, aquello que la globalización, las decisiones políticas y el tiempo tirano se llevaron.

El cine también es una industria, y el espectador no puede dejar de trazar paralelismos entre la batalla perdida por la pelota local contra la industria global, y las luchas del cine local contra los “tanques” de Hollywood. “Es la producción nacional versus las grandes multinacionales, que tienen una espalda gigante”, asiente Sinibaldi, aunque agrega que “cada industria tiene sus particularidades: en el cine, una de las grandes dificultades es el aparato de comercialización y difusión con el que vienen las películas de afuera contra el que tienen las películas de acá. Corremos con una gran desventaja”.

Pero el realizador destaca que muchos en la industria se han organizado en colectivos para pensar la cuestión,  en busca de “legislaciones que no dejen al cine local tan en desventaja, y que no nos pase lo mismo que a la pelota de fútbol, que no termine siendo una cosa artesanal, romántica, sino que se pueda convertir en una industria que dé trabajo y que, siendo una herramienta de reflexión sobre nuestra identidad, pueda llegar al público”.

Que las películas se vean sigue siendo una de las grandes dificultades del cine nacional: pocas salas prestan sus pantallas, y a menudo éstas se concentran en la capital federal. Sin embargo, las nuevas pantallas ofrecen una posibilidad: “La Superball” se estrena por Cine.Ar, que llega a todo aquel que tenga una conexión a internet en el país: un estreno más federal, propio para una película que retrata también la postergación del mal llamado interior del país. 

“El estreno digital hoy permite una llegada mucho más grande. Para estrenar en cines, cuesta encontrar salas para documentales, y es difícil hacer la difusión desde la independencia absoluta, como hacemos nosotros”, dice al respecto Sinibaldi, y agrega: “Con las plataformas digitales se puede llegar mucho más rápido y sin tanto despliegue económico y de esfuerzos como el que requiere un recorrido por salas”.

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