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Séptimo Día |“Todos queremos lo que no se puede” (Mario Benedetti)
Mil formas de buscar puertas al callejón sin salida del teatro

Desde marzo pasado la pandemia canceló funciones en todos los escenarios. La importancia del contacto directo entre los artistas y el público. Testimonio de dos mujeres de la cultura: Mariana Pace y Beatriz Catani

Mil formas de buscar puertas al callejón sin salida del teatro

Mariana Pace y Beatriz Catani, dos mujeres de la cultura que hablan sobre la situación del teatro en medio de la cuarentena / web

Por: Marcelo Ortale
marhila2003@yahoo.com.ar

27 de Septiembre de 2020 | 04:01
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“El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus traiciones, que se aprecien sus olores y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos...”, dijo alguna vez el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, el siempre enamorado de la vida y del arte.

La pandemia que detonó en el planeta impide que se cumpla desde hace más de seis meses con la definición lorquiana. Los cantantes, actores o bailarines no aparecen en escena frente al público y quién sabe por cuánto tiempo más. No muestran sus traiciones, no se aprecian sus olores ni llega a las plateas vacías la valentía de sus actos de absoluta entrega. Escenarios, fosos, vestuarios, palcos, galerías, todo despoblado. Los decorados inmóviles, cansados de esperar el latido del arte. Hay recientes permisos precarios para habilitar salas en ensayos, pero nada de funciones en vista.

A Julio Cortázar se le ocurrió la palabra “cronopio” en un teatro de París. Estaba por actuar Louis Armstrong y el escritor dice que antes de la función flotaban globos verdes en la sala semivacía, en ese mismo teatro donde Nijinsky había descubierto una vez “que en el aire hay columpios secretos y escaleras que llevan a la alegría”. Como se sabe, los cronopios son humanos llenos de méritos inclasificables. Cortázar vio que el teatro era uno, sumando artistas en el escenario y cronopios en las butacas o ubicados en cualquier rincón esperando al trompetista.

Más de ciento ochenta días sin subir los telones, sin que se vendan entradas, sin aplausos, sin que el cantante, actor o bailarín pueda cobrar un peso: un completo ostracismo para ellos. Pero sin actores en las tablas, sin música, el mundo no podría subsistir y, mientras tanto, los artistas salieron a buscarle una salida al callejón.

Exploran senderos digitales en las pantallas de internet y se juntan para cantar por zoom, para recitar ante plateas digitales y los profesores de teatro o de música componen esos mosaicos, se zambullen en la casa de cada intérprete y se multiplican, omnipresentes, en las nuevas formas de comunicación.

Ya se sabe desde hace mucho lo que ocurre cuando le cierran puertas al arte. De esto pueden hablar dos mujeres platenses. Una de ellas, Mariana Pace, define así el panorama: “Nuestra actividad ha sido catalogada como no esencial. ¿Acaso el alma no necesita también de salud? ¿No necesitamos soñar para nutrirnos?...El teatro ha sido una de las actividades más golpeadas por la pandemia. El teatro se encuentra viviendo con sólo una de sus máscaras, la tragedia, y aunque los autores, actores, bailarines, cantantes, músicos, utileros, escenógrafos, magos, técnicos, etc., todos los que conformamos la casa de un teatro, nos coloquemos la otra máscara, la de la comedia, para seguir hacia adelante, estamos sin escenarios en los que puedan nacer y vivir los duendes de nuestras ideas”

Otra platense, Beatriz Catani, reflexiona: “La situación del teatro en términos de trabajadores culturales es de emergencia. Y no es sólo por la actualidad, el virus viene a poner en evidencia de una manera rotunda la precarización de nuestro trabajo...La imagen de un teatro vacío que puedo recrear es la de los minutos previos al ingreso del público y artistas, los preparativos, la expectación, esa monstruosa tensión de nervios. En algún punto un teatro es siempre un espacio vacío a punto de estallar. Eso que ahora se extraña tanto”.

PACE

Mariana Pace es platense, abogada, profesora de italiano y de historia del Arte, artista visual y docente de dirección escénica. ¿Algo más? Si, es una regie con decenas de puestas teatrales, escenografías y vestuarios en obras presentadas en el Teatro Argentino y otras salas porteñas y del país, como El Barbero de Sevilla, Pierrot Lunaire Op.21, Madama Butterfly, El Rapto del Serrallo, Flauta Mágica, Cavallería Rusticana, Pagliacci, Don Pasquale, Sansón y Dalila, L´Amico Fritz, Nabucco, La Boheme, y muchas otras. Detallar los galardones obtenidos por Pace demandaría un espacio que no se dispone. Pero sí corresponde señalar que es hija y nieta de destacados artistas que trabajaron en el Teatro Argentino. El árbol genealógico de los Pace sube con barítonos y sopranos a discreción.

Pues bien, Pace ahora está haciendo explotar a Instagram con su denominado “Teatro della Pace” (obviamente, juega con su nombre y cuya dirección es @marianapatriciapace), que surgió como una necesidad de expresión en esta cuarentena. En síntesis, consiste en representaciones de grandes obras musicales –óperas, conciertos- resumidas por videos, con la presentación a su cargo y la participación de artistas y cantantes líricos destacados.

Explica que se trata de un programa que en cada episodio recorre de manera lúdica argumentos de la lírica, de los conciertos, del ballet o del teatro, con una estética propia basada en maquetas especialmente creadas por Pace. “La semilla fue puesta en la cuarentena. El primer episodio grabado fue en abril de 2010, teniendo como invitada a la soprano Laura Delgado en un “Bel di vedremo”, de la ópera Madama Butterfly” dice. Le siguió otro video con un concierto de la violonchelista Viviana Almerares, pero la lista sigue y es larga.

“Es mucha la gente que no escuchaba ópera y que se acercó”, dice ahora. “Era un desafío, ya que este confinamiento limita algunos recursos pero nos da otros. Por medio de imágenes plásticas, dibujando y armando mis escenografías en las maquetas, creadas especialmente para cada aria, mostrando algo del vestuario que diseño, convocando a algún artista plástico para que bocetara sobre la obra o tema, y por medio del uso de colores intensos en la ropa que nos ponemos y /o las imágenes proyectadas tanto históricas como abstractas; se trata de mostrar ese gran rompecabezas que es una ópera, o una obra de teatro y así abrazar lo musical en el final del video”, agregó.

“Reinventarnos día a día, reinventar el Teatro. Ya no será el mismo, pero seguirá haciéndonos soñar. Porque la utopía y los sueños, nos sirven para caminar, para seguir”, dice Pace, que reflexiona unos segundos y añade: “...no es bueno que por miedo a la muerte dejemos de vivir”.

CATANI

“¿Se hace sólo teatro en el teatro? Llama la atención que nuestra actividad se denomine de la misma forma que su ámbito... Sin embargo se hace teatro en las calles, en la casas, se hace teatro desde los diversos dispositivos tecnológicos que tenemos a disposición, desde las múltiples maneras que vamos encontrando...En definitiva pienso que se hace teatro desde nuestra imaginación y desde la posibilidad de invitar, convocar a otras personas a compartir esos mundos. Son tiempos para no dejar de imaginar, de convocarnos, de estar, de emocionarnos, pero ahora también extrañamos”, dice Beatriz Catani.

Catani trabajó sobre las tablas como actriz, para inclinarse después hacia la dirección y más tarde convertirse en autora, hasta completar la saga como profesora de dramaturgia en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional del Arte. Cuatro actividades para una misma pasión. Ella actuó, dirigió, enseñó y además escribió en los últimos años obras como “Cuerpos abanderados”, “Ojos de ciervo rumanos”, “Finales”, con presentaciones exitosas en los principales teatros de Buenos Aires , del interior del país y con similar suceso en teatros de Caracas, Barcelona, Viena, Bonn, Bilbao, Hannover, Montreal, Lisboa, Bruselas, Essen, Madrid, Río de Janeiro, Hannover y otras ciudades del mundo. En ese derrotero obtuvo premios de festivales muy conocidos, a los que concurrió especialmente invitada.

Habla luego de la “botánica de los fantasmas”, esto es, explica, “la botánica de la muerte: las cosas mueren cuando no hay sobre ellas una mirada viva, como dice Chris Marker”, para concluir que “en la mirada es el espacio del teatro”.

Están cerrados los teatros. “La situación del teatro en términos de trabajadores culturales es de emergencia. Y no es sólo por la actualidad, el virus viene a poner en evidencia de una manera rotunda la precarización de nuestro trabajo. El teatro y todas las expresiones que involucra son esenciales a la vida humana. También estas circunstancias desdichadas lo ponen en manifiesto: ¿quién no ha buscado un refugio en alguna lectura, una película, una narración, etc. en alguno de los diversos formatos que se publican?”

Hoy vemos una vasta circulación de propuestas en diversas plataformas, como YouTube, las cuales se expanden bajo una lógica empresarial, “mientras se sigue naturalizando la gratuidad de nuestro trabajo. Esto también queda cada vez más expuesto”, añade Catani.

Pese a todo “se está dando un interesante movimiento de diálogo interno, de reflexión. Nadie del mundo del teatro debe haber parado y el teatro tiene que volver. Estamos buscando formas, se ha recurrido al teleteatro tecnológico, siempre la que define es la imaginación”.

FINAL

La entrevista con estas mujeres debe ser necesariamente rápida porque las están esperando arlequines, bufones, reyes locos, muchachas extraviadas que agonizan, pero también los antihéroes de nuestra época, los decorados que hay que correr de aquí para allá, los artistas que siempre protestan.

Desde que llegó la pandemia hubo un retén imposible de franquear para el teatro, pero ya lo advirtió Mario Benedetti: “Todos queremos lo que no se puede, somos fanáticos de lo prohibido”. Por eso es que las funciones van a continuar.

“Nuestra actividad ha sido catalogada como no esencial. ¿Acaso el alma no necesita de salud?

 

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