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Opinión |Editorial
COVID-19, un desafío a la educación presencial y a la actividad económica

COVID-19, un desafío a la educación presencial y a la actividad económica
10 de Enero de 2021 | 02:34
Edición impresa

Frente al rebrote de contagios de COVID-19 en todo el país, la insuficiente cantidad de testeos que se realiza sigue siendo uno de los problemas más críticos que plantea la pandemia. Se sabe que, en nuestro país, luego de algún período de disminución de los casos, reaparecieron cifras de morbilidad y letalidad que vuelven a inquietar. Está claro que tal situación se presenta cuando recién se encuentran en sus inicios los programas de vacunación, acompañados ahora por la decisión de las autoridades de reactivar restricciones a la circulación social, que se irán definiendo en estas jornadas.

Sin embargo, las distintas medidas de restricción -que se están adoptando con matices en casi todos los países del mundo, ya que el rebrote de COVID-19 ha sido planetario- resultarán siempre parciales e insuficientes, si los sistemas de salud nacionales carecen de los diagnósticos que permiten detectar la presencia de este nuevo coronavirus.

A muy grandes trazos, puede definirse a los testeos como a aquellas pruebas que permiten diagnosticar la presencia de coronavirus, así como conocer el estado de los anticuerpos en el organismo. Se los considera médicamente como la mejor estrategia para lograr controlar la curva de contagios y avanzar en esta crisis sanitaria mundial. Se conoce también que existen distintos tipos de testeos para utilizar.

Además de ser altamente contagioso, el virus SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad denominada COVID-19, presenta un porcentaje considerable de portadores asintomáticos capaces de transmitirlo, dificultando su identificación y control. Los métodos y test de diagnóstico son, entonces, de fundamental importancia para guiar las decisiones sanitarias. Sin ellos, como dicen algunos expertos, “se vuela a ciegas”.

También es evidente que los diez meses de pandemia corridos desde marzo pasado afectaron profundamente a dos actividades imprescindibles: la economía y la educación. Cuando se habla de la primera, claro, se incluye a la macroeconomía nacional, a la situación catastrófica de miles de empresarios de distinto nivel y a la del bolsillo de los millones de habitantes, con drásticas reducciones de ingresos en muchos casos.

En cuanto a la educación, es preciso asegurar -mediante la toma de todas las medidas preventivas que hicieran falta- el retorno a las clases presenciales en la Argentina, que fue uno de los pocos países del mundo que no abrió sus aulas en el ciclo lectivo 2020. Frente al rebrote y a la eventualidad de cierre de escuelas en Europa y otros países, se han registrado ya reacciones adversas a esa alternativa, como la protagonizada por alumnos de los secundarios de Italia que reclaman a favor de las clases presenciales.

Se pretende, infundadamente, ideologizar sobre una cuestión que es de naturaleza estrictamente educativa y también médica, ya que en este último aspecto distintas fuentes científicas han considerado a las escuelas como lugares de muy bajos o nulos índices de contagio. Nuestro país no podría permitirse el supuesto “lujo” de otro año sin alumnos y docentes en las aulas.

En cuanto los testeos, vale insistir en que se considera como prioritaria la necesidad de que se aumente drásticamente el número de muestras que se realiza en nuestro país. Existen ejemplos concretos acerca de que en algunos países que dispusieron de testeos muy abarcativos, se lograron las tasas más bajas de mortalidad.

Hasta que se pueda ver evidenciada la eficacia de las vacunas, deberán potenciarse las estrategias complementarias de prevención, como las del distanciamiento social, la higiene y el uso del barbijo. Pero está claro que los testeos resultan ser vitales para controlar la pandemia, ya que permiten diagnosticar con rapidez la presencia del virus, sobre todo en los pacientes asintomáticos, y controlar de esa manera la llamada curva de contagios. Esas pruebas que la Argentina debiera multiplicar en su cantidad permiten aislar rápidamente a los casos positivos y resultan ser de fundamental importancia para guiar las decisiones sanitarias.

 

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