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¡Dejé las harinas!: ¿Cómo es la vida sin carbohidratos?

Ni héroes ni villanos, hidratos de carbono hoy son reemplazados por otros en pos de una dieta “más saludable”. Hablan nutricionistas y personas que eligieron eliminarlos por completo

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

3 de Octubre de 2021 | 09:14
Edición impresa

¿Son las harinas un demonio? Claro que no, especialmente para los que aman las pizzas, las pastas, el pancito recién horneado... Pero lo cierto es que quienes deciden eliminarlas de su alimentación diaria aseguran obtener buenos resultados. Algunos lo hacen por cuestiones puntuales de salud, y otros en procura de mejorar el bienestar personal, porque se sienten “más livianos y con más energía”. Nos lo cuentan en esta nota, en la que también dos jóvenes nutricionistas de nuestra ciudad nos brindan su opinión y varios tips.

La nutricionista Abril Ruiz (MP 5869) revela que “en el consultorio, un pedido frecuente de asesoramiento de los pacientes está vinculado con que quieren dejar las harinas como un método para bajar de peso de manera ‘rápida y fácil’ ya que ven en redes sociales o en la TV cómo las personas famosas dicen dejarlas y lo recomiendan. Desde el punto de vista nutricional, lo veo como algo negativo, porque se está privando al cuerpo de un macronutriente muy importante que son los hidratos de carbono (su principal función es aportar energía al organismo), lo que va a terminar generando una falta de energía, cansancio, y una sensación de apetito frecuente”.

“Más allá de las harinas en sus formatos convencionales, los hidratos de carbono complejos pueden incorporarse con otros alimentos como la papa, batata o choclo (que los denominamos ‘vegetales de tipo C’ porque tienen almidón). Las legumbres son otra buena fuente de hidratos de carbono complejos y podrían ser una buena opción si se busca reemplazar harinas. Pero como éstas vienen enriquecidas por ley con vitaminas del complejo B y hierro, con el objetivo de reducir las deficiencias de estos micronutrientes que se ven en la población, si se las deja va a ser importante incorporar, por ejemplo, distintos tipos de legumbres, carnes para satisfacer los requerimientos de hierro o fuentes vegetales del mismo porque es una deficiencia muy frecuente en la población argentina”, sostiene la especialista.

“A medida que fui avanzando en la carrera de nutrición fui aprendiendo que se puede bajar de peso sin eliminar ningún tipo de alimento, y que no sólo son necesarios para nutrir al organismo, sino también que forman parte de la vida social de una persona. Y cuando se eliminan, si uno tiene una juntada con amigos dónde se disfruta de una pizza, uno por no comerla se aísla, deja de asistir. Cuando los pacientes me plantean que quieren dejar las harinas, siempre propongo como opción el cambiar las harinas refinadas –blancas- por opciones que aporten más nutrientes como harinas integrales, de legumbres -garbanzos, soja, arvejas-, avena, o de algarroba, que tienen mayor contenido de fibra, vitaminas y minerales, y de esta manera, mejoran la calidad de la alimentación”, advierte Ruiz.

La nutricionista Abril Ruiz no recomienda dejar del todo los carbohidratos

UNA DECISIÓN SALUDABLE

Liza García (46), abogada, recuerda que “en 2018, un neurólogo que me atendía desde hacía mucho tiempo por migrañas me habló de las dietas cetogénicas como un tratamiento alternativo para disminuir las cefaleas. Me explicó que se estaba avanzando en estudios que daban cuenta de las mejoras neurológicas que se producían dejando de consumir harinas. Fue entonces que me recomendaron a un médico nutricionista que les indicaba a sus pacientes este tipo de dietas y lo consulté. Comencé la dieta y al mes noté un cambio drástico. No solamente pude bajar 10 kilos, sino que inmediatamente dejé de tener migrañas y malestar digestivo”.

“La dieta consiste en no consumir ningún tipo de harinas blancas, refinadas ni azúcares. Y el metabolismo comienza a funcionar diferente. Me sentí menos cansada y con mucha más energía. Incorporé la dieta como una forma de vida. En mi casa no se comen pastas, ni pan ni nada de eso. Pero no como una dieta en sí para mantener el peso, sino por una cuestión de salud y bienestar, y por eso lo recomiendo mucho”.

En la casa de Liza se comen carnes, huevos, quesos, frutas, verduras, pero nada de harinas, ni azúcares ni leche. Hacen budines, piononos y la masa de pizza con recetas que el médico les ofrece, a base de harina de almendras, polvo de hornear y demás ingredientes permitidos.

¿Y entonces, cómo se maneja la cuestión social? “Cuando voy a alguna reunión donde el menú son pizzas o empanadas, no me privo de compartir una porción. Como, pero menos cantidad, o les saco el repulgue a las empanadas. No es cuestión de aislarse socialmente, pero controlo la cantidad”, confiesa. “Hay páginas de Internet de donde saqué muchísima información y recetas buenísimas. También hay grupos de dietas ‘keto’, en las redes sociales, que brindan muchos tips”, pasa el dato Liza.

Liza García ya no come más harinas blancas por recomendación de su neurólogo

Por su parte, Silvina Cincotta (45) tomó la decisión de eliminar las harinas para bajar de peso, cuando alcanzó los 108 kilos. “No fue algo estético, sino sobre todo por salud. Los primeros diez días fueron terribles. La abstinencia es muy difícil; en mi caso tuve dolores de cabeza y malestar. Esos días tomé mucha agua, y trataba de hacer actividades diarias caminando, los mandados, dejaba lejos el auto para caminar”.

“El metabolismo funciona diferente. Me siento menos cansada y con mucha más energía”

 

La platense se fue adaptando al nuevo tipo de alimentación teniendo siempre a mano pickles, maní, nueces, castañas de cajú, aceitunas, quesos duros, para cuando tuviera hambre. “Después aprendí a prepararme pizzas, pan nube, tortas a base de harina de coco, gelatinas. Es una dieta sencilla; bajás de peso rápidamente y después, cada tanto, consumís algo de harinas, en un cumpleaños, por ejemplo… Esos días hago 16 horas de ayuno. Y ahí vuelvo a la dieta”, describe Silvina, que hoy pesa 76 kilos y se da gustos como una copa de malbec en el almuerzo o cena, o una medida de whisky. “Mis estudios de sangre se normalizaron mucho y, además, ahora tengo mucha más energía. Me siento muy bien tanto física como mentalmente”, asegura.

Silvina Cincotta no consume harinas refinadas y dice que cambió su calidad de vida

“NO HUBO OPCIÓN”

“Dejé las harinas no por decisión propia, sino por prescripción médica. Todo arrancó con una gran descompostura que tuve en julio de 2019. A partir de ahí, empecé a cuidarme con la dieta común que hacemos cuando estamos descompuestos, que es té y galletitas de agua, fideos... y tenía un dolor muy persistente en la boca del estómago. Fui al médico y me dio una dieta que obviamente incluía los fideos, las galletitas de agua… y me dijo que si seguía sintiéndome mal, fuera a un gastroenterólogo. Eso hice y el profesional me dijo que reemplazara algunos alimentos con harina por arroz y galletas de arroz. Ahí, automáticamente, yo dejé de sentir el dolor. Además, me hice un montón de estudios y me detectaron que tengo sensibilidad al gluten: no es lo mismo que la celiaquía, pero tengo que hacer una vida como la de un celíaco. Incluso tener los productos de belleza -shampoo, crema enjuague, cremas-, todo sin TACC”, cuenta Lucía Zapata (34), comunicadora.

Los hidratos de carbono complejos pueden incorporarse con otros alimentos

“Sinceramente el único cambio que noté es que dejé de comer harina. Yo eso lo reemplazo por otras harinas, como por ejemplo la de arroz, de mandioca, fécula de maíz, o lo que se conoce como la ‘premezcla’, que es la mezcla en distintas proporciones de esas tres. En cuanto a los permitidos, lo que yo extraño -porque no encontré nada similar a lo que yo comía antes- es la parte dulce: la facturería, las tortas… Dos veces comí, una vez dos medialunas y otra vez dos churros, que son mi debilidad, cuando fui a la playa, y por suerte no me pasó nada” recuerda zapata.

Lucía Zapata tuvo que dejar de comer harinas porque es intolerante al gluten

“Lo social es lo que más me cuesta” agrega: “Siempre en reuniones o cumpleaños hay pocas cosas que son sin TACC y yo me acostumbré desde el principio a llevar mi vianda, porque lo que tiene esto es que necesita una planificación. No es tirar unas papitas en un bowl. Me llevo mis pizzas, mis panes, que me los hago yo. Las cosas tienen un precio más elevado que las harinas comunes. Eso a veces es un inconveniente a la hora de planificar, porque necesitás un presupuesto un poco mayor, obviamente”.

Por salud, por bienestar personal, quienes apuestan a dejar las harinas se suben a un bote en el que a veces hay que remar en mares de mayor producción casera, o acceder a productos más caros que los habituales… pero llegan a tierra firme con sus objetivos cumplidos: en algunos casos, bajar de peso; en otros, resolver problemas de salud, y todos coinciden en que es una decisión que los hace sentir bien tanto física como mentalmente.

 

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