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Información General |HISTORIAS DE CUARENTENA
Amelia, la platense de 93 años que después de un año de encierro pudo volver al mar

Se había mudado a San Clemente pero el comienzo de la pandemia la sorprendió en nuestra ciudad, en casa de su hijo. Y tras un año sin salir a la calle, esta semana pudo concretar lo que tanto añoraba

Amelia, la platense de 93 años que después de un año de encierro pudo volver al mar

¡Por fin! diría Amelia, en San Clemente con su hijo y su nieta/ EL DIA

23 de Febrero de 2021 | 03:19
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Hija de un alemán que llegó a nuestro país en la década del 30 y de una criolla de quien también heredó su nombre, la de Amelia es una de las tantas historias de resiliencia en tiempos de pandemia. Solo que ella tiene 93 años y, a pesar de haber nacido en La Plata, tiene un profundo amor por el mar, con el que se pudo reencontrar recién en estos días, después de haber permanecido “encerrada” para evitar el contagio desde marzo del año pasado en la casa de su hijo, en el barrio de San Carlos de nuestra ciudad.

Es que Amelia Kauffer (93), vivía hasta marzo pasado en San Clemente del Tuyú, en donde había decidido echar raíces hace muchos años junto a su marido Rubén, quien falleció en el año 2000. Pero Amelia decidió quedarse junto al mar, hasta que la sorprendió la pandemia.

Un poco antes, en febrero de 2020, junto a su familia había decidido atacar un problema en la vista originado por cataratas, y operarse en una clínica platense de calle 42 entre 9 y 10. Por eso, a principios de marzo pasado, se vino para La Plata. Pero comenzó la cuarentena, la operación programada se canceló, y también con la posibilidad de salir a la calle, ya que, por su edad, era un claro factor de riesgo. Y desde entonces y hasta ahora, debió permanecer en la casa familiar de 132 y 43. Casi un año extrañando horrores su vida junto al mar.

“Mamá estuvo casi un año entero sin salir a la calle – cuenta su hijo Omar Farías (68) – porque teníamos mucho miedo que se contagiara el coronavirus. Una sola vez nos animamos a sacarla para llevarla a la peluquería, porque ella es muy coqueta. No lo decía, pero extrañaba mucho al mar, a su casa de San Clemente y a sus amigos de allá. Así que aprovechando el verano, y con todos los cuidados, ahora la llevamos para allá. Cuando se lo dijimos, su cara de felicidad fue indescriptible”.

La emoción que sintió Amelia Kauffer el fin de semana pasado, cuando depositó sus pies en el mar tras casi un año de encierro obligado por la pandemia del coronavirus, tiene varios motivos. Amelia nació y vivió en La Plata, donde formó una familia, hasta que a los 60 años decidió mudarse a San Clemente para cumplir su sueño de vivir cerca del mar, con la tranquilidad típica de los pueblos costeros.

Sin embargo, como a todo el mundo, el 2020 la sorprendió con la mala noticia de la llegada al país del COVID-19 y la consecuente cuarentena estricta. Pero además tuvo algunos achaques de salud propios de su edad con la cual debió lidiar en los últimos meses. Entre estos una afección en la vista que luego le fue diagnosticada como cataratas, y por la cual tuvo que regresar a La Plata para someterse a una operación quirúrgica.

Debido a la declaración de la cuarentena, Amelia perdió el turno de la operación, y el viaje a La Plata, que a priori era por motivos de salud, se convirtió luego en una larga y obligada estadía.

Pero después de tantos meses, junto a su hijo Omar, su nieta Lucía (23) y su nieto político Danilo (24), este último fin de semana, casi un año después de haber dejado su casa, Amelia pudo regresar finalmente a su ciudad adoptiva, San Clemente, y reencontrarse con el mar.

“Una sola vez nos animamos a sacarla para llevarla a la peluquería, porque ella es muy coqueta. No lo decía, pero extrañaba mucho al mar, a su casa de San Clemente y a sus amigos de allá.”

Omar Farías (68),
hijo de Amelia

 

“La operación de cataratas para la que teníamos todo listo se suspendió -cuenta su hijo Omar - y ahora ella está esperando a que le den un turno nuevo. Pero ella estaba añorando su arbolito, el tomar mate en el manzanero, ver a los vecinos, a los amigos, el entorno del mar, el aire y el meter, por fin, los pies en el agua. Ahora estamos aquí en San Clemente y mamá está disfrutando y acomodando la casa después de un año de ausencia. Pero al ver el mar se puso muy contenta, aunque tuvimos que usar una silla de ruedas para que se acerque al agua, pero es la primera vez que se sube a una, porque habitualmente usa un andador. Está muy bien, le gusta cocinar y, ahora que se metió al mar, está feliz”.

COCINERA Y COSTURERA

Hace cuatro años, Amelia sufrió un ACV que le dejó algunas secuelas leves, apenas un pequeño problema de motricidad que no le impide desarrollar una de sus grandes habilidades, la de cocinar.

“Es muy buena cocinera – describe su hijo Omar – hace unos asados espectaculares, pero su fuerte son las pastas. Amasa ella misma y hace unos capelletis y sorrentinos rellenos que son la delicia de toda la familia. También tiene muy buena memoria, más que yo, mira TV, y le encanta recoger sus higos, porque ella con el andador camina por toda la casa y por el fondo, donde está la higuera. Pero la cara se le transforma cuando ve el mar, la casa está a cinco cuadras de la playa y aprovechamos estos días para llevarla todos los días, aunque hoy (por ayer) el clima estuvo feo y nos quedamos en casa”.

La otra gran habilidad de Amelia es la costura. “Fue costurera muchos años y se jubiló como autónoma en esa actividad -cuenta Omar – ya no lo hace, pero recuerdo que cuando yo era chico “volaba” con la máquina de coser”.

Por ahora, esta platense de 93 años – “si Dios quiere festejaremos los 94 en julio, que es su cumpleaños”, proyecta su hijo – continúa disfrutando de su mar, por lo menos hasta el sábado, en que la familia deberá volver a La Plata.

“Si por ella fuera se quedaría sola acá -dice Omar – pero no puedo dejarla sola, y además está el tema de la operación de cataratas que quedó pendiente, porque perdió una buena parte de su visión, y lo de la vacuna, pero de eso no está muy convencida. Me dice que la cirugía sí porque quiere volver a ver bien, pero en la vacuna no confía. Nosotros a ella le consultamos todo porque está muy lúcida a sus 93 años, aunque la palabra definitiva la tendrán los médicos respecto a si se tiene que vacunar o no”.

Mientras tanto, Amelia Kauffer disfruta de su última semana cerca del mar. “Hay que verle la cara – dice su hijo – en la playa se siente como una chica, como una princesa”.

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