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Policiales |El crimen de ayelén
“A la nena la cuidaban como si fuera de cristal y la mata un hijo de...”

La frase pertenece a Emilio, el comerciante que atrapó al único sospechoso del crimen de la joven de 23 años. Por el aberrante hecho, todavía perdura la conmoción en Altos de San Lorenzo

“A la nena la cuidaban como si fuera de cristal y la mata un hijo de...”

La puerta blanca que da acceso a la casa de los Arredondo/demian alday

12 de Abril de 2021 | 02:19
Edición impresa

“Esperá... esta es la nena, no Stella”, le dijo Emilio a la Policía, después de observar con detenimiento la foto del cadáver. Durante toda esa frenética mañana había creído que la persona sentada sobre una silla que llegó a divisar de forma borrosa a través de una ventana, era la esposa de Omar y la mamá de Ayelén Arredondo (23). El resto de los vecinos e incluso parte de los oficiales que ya no estaban en la escena del crimen, también se sorprendieron al tomar conocimiento de la novedad. La conmoción volvió a apoderarse del hombre, que venía de una jornada repleta de sacudones. Emilio, que tiene una casa de comidas justo debajo de la casa de los Arredondo (quienes se mudaron hace poco más de un año a esa propiedad), es uno de los tres personajes principales de la trágica historia que culminó con el crimen de la joven estudiante de Derecho. Fue él quien advirtió la presencia de un intruso en el inmueble, quien lo persiguió y luego lo retuvo hasta la llegada de la Policía. A ellos dos se agrega el único detenido, identificado como Marcelo Saleh, un remisero de 55 años con una lista de antecedentes penales.

“Este tipo no debería haber estado suelto”, reflexionó el comerciante al dialogar con este medio ayer por la tarde. La indignación por lo ocurrido y el cansancio luego de un día agitado se reflejaban en su voz y en el rostro. Por la noche (del sábado) debió trasladar a Omar y Stella Maris a la localidad de Abasto porque la pareja “no quería estar en el mismo lugar en el que asesinaron a su hija”.

Por testigos y las cámaras de seguridad, creen que el crimen tuvo lugar entre las 9 y las 9.30

Ayelén vivía con sus padres, estudiaba Derecho en la UNLP y daba clases en la Unidad 9

Emilio nació y vivió toda su vida en ese sector de Altos de San Lorenzo. En la equina de 75 y 22 abrió “Todo Rico”, un local de venta de alimentos que maneja con su esposa Claudia. Conoce las caras de casi todo el barrio, por eso le llamó la atención la presencia de un desconocido que salía del inmueble situado en el numeral 1341 de la calle 75, entre 21 y 22. Saleh cerró la puerta sin mirar, tenía la vista hacia abajo y cargaba una mochila en su hombro derecho. Eran las 9:31. Todo en su actitud era sospechoso: “Parecía un viejito, encorvado. Me pareció raro y nunca lo había visto, le pregunté a mi señora si lo conocía y me dijo que no”, recordó Emilio. Cuando el sujeto se fue, en dirección a 21, “empecé a tocar el timbre y no me atendía nadie, así que abrí la puerta y subí la escalera hasta el departamento de Omar”, señaló. Mientras tanto, Claudia clavó la mirada en el individuo que se alejaba. Éste, por su parte, se detuvo un momento para revisar la mochila, “como si buscara las llaves del auto”.

Por una ventana enrejada que da hacia el comedor de la vivienda (que se emplaza en la planta alta), Emilio notó “un bulto”. Aparentaba ser una mujer. “¡Stella!” le gritó. La persona no le contestó, parecía dormida. Cada vez más preocupado, bajó a la carrera, llamó a su pareja y le pidió que también mirase por la abertura. Ella así lo hizo y fue quien advirtió por primera vez la sangre en el rostro de la víctima.

Sin perder más tiempo, Emilio abordó su utilitario y salió en busca del desconocido. En 21 dobló contramano, luego giró a la derecha en 76 y se topó con él a mitad de cuadra. “Bajé la ventanilla y desde la camioneta le pregunté ‘¿qué hiciste?’, el tipo siguió caminando y me contestó ‘nada, nada’. Pero le vi que tenía el ojo izquierdo con sangre y lastimado... nunca me voy a olvidar la mirada”.

La persecución siguió por algunos metros, hasta que al llegar a la esquina de 76 y 22 el comerciante le pidió ayuda a los empleados de un almacén lindero. “¡Agarralo que le pegó a una señora!”, exclamó. Entre los presentes los arrinconaron contra la pared. Saleh aseguraba ser inocente. Emilio, por su parte, continuaba inquiriendo: “¿Qué hiciste? ¿Le pegaste?”. El sospechoso balbuceaba algunas respuestas sin sentido para salir del paso hasta que llegó la Policía e intervino. La interrupción le permitió a Emilio regresar hasta la escena e intentar abrir la puerta de la casa. Junto a otro vecino, la patearon y martillaron sin resultados. El cuerpo que seguía en el interior se hizo más visible y Claudia escuchó “un suspiro, una respiración de alguien (para ellos, todavía Stella) que agonizaba”. Horas más tarde, sentado en la seccional octava, Emilio conocería la verdad.

¿Qué pasó entre las 9 y las 9:30? El remisero estacionó su auto en 75 entre 23 y 24, de mano derecha, y las cámaras lo muestran dando un rodeo para llegar al hogar de los Arredondo. A Saleh nadie lo vio entrar al domicilio, aunque por las imágenes de las cámaras de seguridad se puede conjeturar que la secuencia del asesinato sucedió en esa media hora. Una vecina escuchó los gritos de Ayelén, pero creyó que se trataba de una pelea de pareja. El imputado apagó las luces y cerró la puerta de la casa con llave, no así la que da a la calle. Para Emilio “seguramente iba a volver a Varela para traer a los padres y dejarlos ahí, como si nada”. Omar, jubilado de la Fuerza, trabaja en una dependencia de la facultar de Ingeniería como guarda edilicia. Stella, en tanto, todavía cumple funciones en la Comisaría de la Mujer de Berisso.

“La nena estudiaba, era muy buena chica, la cuidaban como si fuera de cristal y la termina matando un hijo de puta”, lamentó el hombre que capturó a su asesino.

 

 

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