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Toda la semana |LA BRISA EN LOS ROSTROS
La vida al aire libre

Muchos rubros comerciales se han tenido que adaptar a los nuevos protocolos, que exigen no realizar determinadas actividades en espacios cerrados. Gimnasios en plazas y ramblas, almuerzos al sol, peluquerías en el balcón… ¡Hay de todo!

La vida al aire libre

Plazas y parques son el nuevo punto de encuentro, con protocolos mediante, entre los vecinos. Allí también se dan algunas actividades que antes sólo eran de puertas para adentro

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

6 de Junio de 2021 | 09:25
Edición impresa

Desde hace un tiempo, pasear por la Ciudad nos ofrece innumerables postales insólitas. ¿O acaso ya nos acostumbramos a ver máquinas de gimnasio en una rambla, o un bar vacío por dentro, con personas emponchadísimas tomando café en lo que queda de sol? La nueva cuarentena, esta que comenzó en abril y parece extenderse por un tiempo largo, hizo que muchas actividades estén permitidas sólo al aire libre. Y comerciantes, profesores, cocineros, estilistas, se han adaptado a estas condiciones. “Después de tantos meses cerrados en 2020, ahora que nos permiten trabajar, nos acomodamos a cualquier cosa”, dice Rosario, profesora de danza, que da clases en el parque Saavedra. Y como ella, hay muchos que toleran el frío, las jornadas que arrancan a las 7 de la mañana, o lo que sea, con tal de conservar sus ingresos.

José Oraziuk es estilista. Tiene su salón de peluquería en un departamento céntrico; es una planta que le permitió reconvertirse usando el balcón: “la idea es que la clienta se sienta cómoda y segura durante su visita; por eso se nos ocurrió atender en el espacio abierto del salón, que sería el balcón. También en los tiempos de exposición de color o tratamientos pueden estar en el balcón, al sol y leyendo un libro. Y contamos con mucha ventilación cruzada; eso hace un lugar más seguro en este contexto”, dice.

Clientas en el balcón. la opción que encontró el estilista José Oraziuk

La peluquería ofrece turnos al aire libre y las clientas van a hacerse corte, color, lavado, todo bajo el cielo del centro. Se complica, sí, con los espejos, los días de lluvia en los que hay que cancelar trabajos, el frío… pero la pandemia obligó a adecuar todo: oferta y hábitos, así que se encontró la vuelta para poner más lindas a las señoras en este contexto. No es la realidad de la peluquería de Rosario, la imagen que se hizo viral hace unos días del peluquero atendiendo detrás de la persiana mientras sus clientas se sientan afuera, nada que ver: acá están sentadas cómodamente, y en un lugar confortable y seguro.

OTROS RUBROS

Un rubro que trabaja mucho al aire libre, hoy por hoy, es el de los gimnasios. Vemos plazas, ramblas y otros espacios a cielo abierto con personas tomando clases de musculación, cardio y hasta spinning. “Nosotros estamos abiertos desde octubre del año pasado, cuando permitieron a través del DNU las actividades al aire libre, ahí montamos todo lo que pudimos del gimnasio en el espacio que tenemos en la cancha. Los clientes lo aceptaron muy bien, porque muchos hacía muchos meses que no hacían nada y empezar a moverse es un montón... Así que eso estuvo buenísimo y ya el clima ayudaba”, recuerda Ramiro Domenech, uno de los responsables de un gym ubicado en calle 54 entre 7 y 8.

“La matrícula, desde la primera restricción bajó lamentablemente más del 60 por ciento. En verano empezamos a recuperar un poco, y ahora volvió a bajar y le estamos dando batalla con las actividades al aire libre”, describe Domenech: “la adecuación de las instalaciones es una apuesta de inversión constante, porque los protocolos implican solventar todo lo que es sanitización del lugar, el personal de limpieza y demás… Además, nosotros tuvimos que traer todo lo de nuestro gimnasio de calle 54 para acá -se mudaron a 1 y 55-, con lo que implica: armar y desarmar un gimnasio todos los días para poder ofrecer las clases al aire libre”.

“La idea es que la clienta se sienta cómoda y segura por eso se nos ocurrió atender en el balcón”

José Oraziuk,
estilista

 

Con alegría, cuenta que “estamos dando casi todas las actividades. Las únicas que sacamos son las de contacto, como boxeo, el resto las trajimos todas. Hasta armamos una sala de musculación al aire libre… Trasladamos todo, salvo algunas máquinas de mucha envergadura”. De todos modos, es curioso ver las bicicletas o las pesas en la explanada del Bosque, y muchas personas tomando sus clases allí, a veces incluso bajo una llovizna.

“Estamos trabajando dentro del horario permitido, hasta las siete de la tarde. Mientras el clima nos acompañe, seguimos funcionando así. El único problema ahora es el frío, por eso las actividades las estamos pasando cada vez más temprano, para brindarle un buen servicio a los clientes”, sostiene Ramiro, ya resignado a que esta modalidad durará un par de meses más.

En el Bosque, Ramiro encontró su lugar para dar las clases de gimnasia

Otro rubro golpeadísimo por la pandemia es la gastronomía. Quienes tienen un patio, terraza, vereda, están pudiendo trabajar apenas de 9 a 19, con desayunos, almuerzos y meriendas. Los días de lluvia, se trabaja solo con take-away y delivery, como también funcionan las cosas en el horario nocturno de la cena.

“Sin duda que la gastronomía, la cocina, es un modo de vida muy particular, y es algo realmente maravilloso. Estamos atravesando un momento, donde para sobrevivir hay que ‘reinventarse’, y si bien le metemos garra y fuerza, a veces cansa, por momentos me aburre, me gusta recibir clientes, amigos, familias, verlos sentados en el restaurante, atenderlos, saludarlos. Encargarme de ellos desde que entran hasta que se van. Hoy no podemos. Atados de pies y manos, nos obligan a meter en bandejas de cinco centímetros de altura un plato de comida y esperar que llegue lo mejor posible. Sin duda lo hacemos con amor, y tratamos de que sea lo más parecido a comerlo en el restaurante. No sé si la palabra es reinventarse, pero sí adaptarnos... y en esa estamos”, dice el cocinero Santiago Palma, chef de un restó de City Bell, “que por suerte tiene un gran jardín, muchos árboles y la posibilidad de comer al aire libre, ahora de día”.

“El único problema ahora es el frío, por eso las actividades ahora las estamos adelantando”

Ramiro Domenech,
responsable de gimnasio

 

“Eso sí, en el aburrimiento, pensamos, reflexionamos y en mi caso, apostamos a más. Estamos probando cosas que antes no teníamos tiempo, el equipo entero viene con ideas increíbles, investigamos, cocinamos, hacemos y deshacemos, proyectamos y lo que se viene, siempre va a ser mejor”, sostiene buscando el lado positivo de esta situación. Un chef que desde su primer proyecto gastronómico atendía él mismo al comensal y está acostumbrado a acercarse a las mesas, contar qué tiene el plato, preguntar ‘¿cómo está eso?’, ahora tiene limitada bastante esa experiencia y por las noches se dedica a empaquetar la comida, algo a lo que no estaba acostumbrado.

Nicolás Boccabella, empresario gastronómico, también da cuenta sobre la problemática que atraviesa el sector: “la facturación es muy baja, pero hay que seguir trabajando. Tuvimos que invertir en toldos, cerramientos, calefacción, ventilación… Un poco de todo, para poder seguir recibiendo a nuestros comensales. Los nueve días que estuvimos cerrados recientemente estuvimos haciendo esas obras. Y eso nos permite trabajar de día, pero se perdió la noche, el fin de semana… Nada es fácil. Hay que seguir apostando y esperando que todo esto pase”, dice.

Desayunos, almuerzos y meriendas al aire libre. Así se reinventa la gastronomía platense

“Tenemos que pasar el invierno, se nos hace muy cuesta arriba todo lo que es la gastronomía en general -dice Nicolás, que se crió en un restaurante y ahora está a cargo de un grupo que tiene pizzería, hamburguesería y restobares-. No hay un horizonte muy alentador. La gente, a veces se adapta y aveces no. Muchos quieren estar adentro y nosotros no podemos. Es fundamental el apoyo de la gente, que por suerte ve que los protocolos los cumplimos y se sienten seguros en nuestros espacios. También es importante que el Estado ayude a seguir subsistiendo en este rubro. Creemos que tiene que ser el motor de arranque y no el salvavidas de plomo”, finaliza.

 

 

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