Julia Pérez Berriel
Edición Impresa | 27 de Febrero de 2022 | 05:22
Falleció, a los 74 años, la psicóloga Julia Pérez Berriel, quien, por el brillo de su personalidad, deja una huella imborrable entre sus seres queridos, colegas y amigos. La destacada profesional se entregó por entero a la atención de los pacientes desde el espacio de su consultorio y por su trato afable y gestos generosos se convirtió en una compañera de trabajo entrañable en la dirección de Salud Estudiantil de la Universidad Nacional de La Plata, donde desarrolló toda una trayectoria que culminó con su retiro hace unos años.
Julia Zulema Pérez Berriel había nacido en esta ciudad el 21 de octubre de 1947. Fue la hija mayor de Julio Pérez Muro y Zulema “Chula” Berriel. Creció junto a su hermana Ana Lía. Siendo una niña, la familia se mudó a Balcarce, provincia de Buenos Aires, y allí cursó los estudios primarios y transcurrió su primera infancia, la cual, solía recordar, había sido muy feliz.
Al cumplir 14 años quedó huérfana de padre y junto a su madre y su hermana regresó a La Plata. Completó el nivel secundario en el Normal Nacional Nº 2 y se recibió de maestra. Luego siguió Psicología, carrera que por entonces ofrecía la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP.
A poco de graduarse, formó un hogar con el médico Tomás Pedro Pessacq, con quien tuvo a Tomás Julio (sociólogo) y a Ana Julia (psicóloga). Luego, la pareja se separó. Con el correr de los años tuvo la satisfacción de convertirse en abuela, rol en el que se desenvolvió con sumo placer y alegría. Tuvo tres nietos: Gaspar, Julián y Lorenzo, y esperaba el cuarto para las próximas semanas.
En Salud Estudiantil trabajó en la práctica clínica durante largos años con alumnos y alumnas que requerían de atención psicológica, mientras que en consultorio particular se dedicó, sobre todo, a la atención de personas adultas, ya sea de manera individual, con psicoterapias grupales, y tratamientos breves y sistémicos.
Su vida la repartió entre la atención y el cuidado de sus hijos (fue una mujer muy presente incluso en la familia ampliada) y el trabajo. Salir no era tanto lo suyo, sino más bien recibir, como una excelente anfitriona, a familiares y amistades en su casa. Le gustaba -y lo practicaba con singular interés- coser, tejer y decorar el hogar.
De espíritu entusiasta, alegre, quizás marcada por la temprana pérdida de su padre, no se dejó ganar por las dificultades de la vida y se mostró siempre dispuesta a seguir adelante, actitud que supo transmitir claramente a sus hijos.
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