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Se trata de un videojuego que preocupa a nivel global. En Uruguay siete niños fueron internados por seguir las indicaciones de Huggy Wuggy, el personaje que impone los peligrosos desafíos
Luego de que la semana pasada siete niños uruguayos debieran ser internados con cortes tras participar de un videojuego que los habría incentivado a autolesionarse con la hoja de un sacapuntas, varios especialistas en redes comenzaron a alertar sobre este peligro que viene circulando en redes y dejaron abierta la pregunta: ¿qué hacer ante la moda creciente e inquietante de los retos virales?
Así como en su momento fue el desafío de momo o “el reto de la ballena azul” -que también incitaba a los chicos a infligirse lesiones en sus cuerpos-, ahora es el turno de Poppy Playtime, una aplicación de terror disponible para celulares cuyo protagonista se llama “Huggy Wuggy”: un monstruo de color azul y de dientes grandes del cual hay que intentar escapar a lo largo de las partidas.
Es un juego “single player” (un solo jugador), en el cual no hay chat, por lo que no se interactúa con otras personas. El juego original puede descargarse mediante Android, iOS y mediante la página oficial, ofreciendo el primer capítulo de manera gratuita y luego, para acceder a los siguientes, se debe abonar la suma de US$ 2.99.
Poppy Playtime también puede jugarse mediante páginas online distintas a la oficial, es decir, aquellas que no están autorizadas por la compañía desarrolladora. La mecánica del juego no incluye nada relacionado a cortes y menos a un sacapuntas. Pero el mencionado personaje alcanzó tanta popularidad que permitió el surgimiento de los spin-offs o “copias” del juego, los cuales están disponibles en Youtube.
Es en uno de estos videos, según se alertó en los últimos días, la figura del monstruo es utilizada para incentivar a menores a realizar peligrosos retos y a autolesionarse. Uno de ellos consistía en desarmar un sacapuntas y autolesionarse con el filo de este, una prueba que, como se dijo, intentaron realizar los estudiantes de la escuela uruguaya que terminaron internados.
Poppy Playtime no cuenta con una restricción de edad ya que según Zach Belanger, director ejecutivo de Enchanted Mob Games, el videojuego es apto para menores de edad. Y a los menores, según parece, les encanta. De hecho, varios de los que siguen la evolución de este juego ya contaron que el fanatismo de los más pequeños hacia el muñeco maldito logró que las ventas del personaje se elevaran en gran parte del mundo.
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El jugador asume el rol de un ex empleado que regresa a visitar la fábrica de juguetes, en la que se desempeñaba, la que actualmente se encuentra abandonada y que anteriormente era propiedad de la compañía del universo del juego, Playtime Co., 10 años después de que el personal aparentemente desapareció sin dejar rastro.
El juego se desarrolla en primera persona y se deben resolver acertijos, algunos de los cuales requieren un dispositivo llamado GrabPack, para poder progresar más mientras evitan a varios enemigos. También puede encontrar varias cintas VHS en la fábrica, que van narrando la manera en la que la empresa cerró. A medida que se avanza, se deben resolver diversos puzzles para completar los desafíos del juego.
Aunque los desafíos no son la piedra fundamental del juego, las aventuras y el aspecto de “Huggy Wuggy” derivaron en una suerte de retos virtuales que, como se dijo, tampoco son los primeros que ponen en riesgo la salud de los más chicos.
Como tal vez se recuerde, uno de los más temidos en su momento fue el llamado desafío de “La ballena azul”, un reto originario de Rusia y que, a mediados de 2017, se cobró la vida de varios adolescentes en diferentes partes del planeta. Su nombre surgió debido a la leyenda que sostiene que ese animal marino se acerca a las costas para morir.
El objetivo del juego era proponer a los participantes 50 desafíos que iban preparando psicológicamente al destinario hacia el último reto, el suicidio, al que inducían enfocando como blanco preferido a jóvenes de entre 12 y 16 años en situación de vulnerabilidad. Este desafío absurdo circuló en distintas redes sociales y entre las pruebas figuraba cortarse el brazo con navajas o saltar desde un balcón.
El fenómeno de estos retos virales no es nuevo pero si vienen en franco aumento. Cada vez son más los preadolescentes (entre los 10 y los 14 años) que se apuntan a esta fórmula como vía para ser aceptados por los demás e incrementar su popularidad en internet. Muchas veces por iniciativa propia y otras por emular a famosos e influencers de moda.
“Se vive en una suerte de dictadura del ‘me gusta’ y cualquier intento es válido con tal de conseguir varios likes”, apunta la psicopedagoga Jorgelina Ferrari, para quien “nunca se deben subestimar este tipo de juegos o retos. Los chicos suelen tomárselo como un juego, pero en ocasiones puede tener un desenlace imprevisto, desagradable o fatal. Vimos lo que paso en Uruguay, donde lo que era un simple juego terminó con siete chicos internados”.
Un estudio reciente realizado con más de 400 preadolescentes, señala que los retos virales más frecuentes en cualquier caso son sociales y solidarios. Aunque también confirma que existen las pruebas peligrosas. Y, de hecho, un 15% de los adolescentes reconoce que hace a la vez retos sociales inofensivos y otros más arriesgados. Ese mismo estudio revela que son los alumnos de nivel primario los que más satisfacción obtienen con los retos, y que es TikTok la red a la que más recurren para jugarlos.
La propia TikTok, que se juega su reputación y aceptación con este asunto, ha financiado un estudio efectuado en varios países del mundo. Esta investigación indicó que un 21% de los jóvenes de entre 13 y 19 años ha participado en retos en línea, y que un 2% realizó desafíos que ellos mismos consideran “muy peligrosos”.
La proliferación de retos virales peligrosos tiene una explicación neurológica y relacionada con el crecimiento. Según la Academia Americana de Pediatría, la parte del cerebro encargada del pensamiento racional, la corteza prefrontal, no se desarrolla del todo hasta cerca de los 25 años. Por esta razón, los adolescentes son, por naturaleza, más impulsivos, y tienden a actuar antes de pensar en las consecuencias.
“Los adolescentes y preadolescentes suelen tener dificultad para controlar sus impulsos -apunta Ferrari-. Y lo peligroso es que buscan a cada instante la satisfacción inmediata, el placer y la aprobación de sus iguales”.
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