Riesgo de cáncer: ¿Cuándo es útil un análisis genético para evaluarlo?

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¿Qué factor decide que en el cuerpo se forme un tumor maligno o no? En muchos casos la respuesta es: el estilo de vida. Por ejemplo, fumar o beber alcohol contribuye a ello. También el contacto con sustancias tóxicas o la exposición a rayos ultravioletas pueden ser determinantes.

En entre el cinco y el diez por ciento de los cánceres, sin embargo, el factor central es una predisposición genética, señala el Centro Nacional de Enfermedades Tumorales de Dresde en Alemania.

Eso quiere decir que uno heredó una mutación genética del padre o de la madre que aumenta el riesgo propio de padecer cáncer. Los ejemplos más conocidos son los genes BRCA1 y BRCA2. Una mutación de esos genes hace más probable que en el transcurso de la vida uno desarrolle cáncer de mama o de ovarios.

Hay análisis que detectan estas modificaciones genéticas. Cabe aclarar que los análisis genéticos siempre son voluntarios. Y siempre se realizan después de una exhaustiva explicación, señalan los expertos.

Hay indicios que pueden sugerir una posible predisposición familiar al cáncer. Por ejemplo, si se suman casos de determinados tipos de cáncer en la misma familia. O si se forman tumores malignos a una edad temprana en adultos jóvenes o incluso en niños.

Si este es el caso de la propia familia, puede ser bueno pensar en un diagnóstico genético. “Si ya es conocido este tipo de riesgo familiar, pueden realizarse análisis minuciosos de detección temprana, tratamientos preventivos o determinadas terapias”, señala Evelin Schröck, especialista en genética del Hospital Universitario Carl Gustav Carus de Dresde.

Una predisposición genética puede, en principio, tener un papel en todos los tipos de cáncer. En los casos de tumores poco comunes aparece más frecuentemente; en el del melanoma, comparativamente, menos.

Quien quiera analizar si tiene determinada mutación genética, puede dirigirse a un centro especializado.

En una primera instancia, los especialistas reúnen allí informaciones sobre los cánceres aparecidos en la historia clínica de la familia. Este árbol genealógico se toma como base para determinar si es aconsejable o no realizar un diagnóstico genético a través de un análisis de sangre.

De ser posible, se analiza entonces primero la sangre de un miembro de la familia que ya enfermó, en busca de las mutaciones genéticas. Así, la sangre de otros miembros de la familia se puede analizar en busca espécificamente de esas mutaciones.

Enterarse de que uno tiene un riesgo más elevado de enfermar de cáncer puede generar cierta incertidumbre. Y puede llevar a que se agolpen pensamientos como: ¿y si le transmití esta mutación a mi hijo? Por eso, los afectados no deberían dudar en pedir asesoramiento psicológico.

Incluso con un resultado positivo, no se puede saber si uno va a enfermar o no, ni cuándo. Claro está que la probabilidad se reduce si -dependiendo del caso- se extirpan preventivamente las trompas de Falopio, los ovarios y las glándulas mamarias. También esta es una decisión que requiere un análisis en profundidad. (DPA)

 

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