Radiografía del trabajo de plataformas en La Plata: los más de 400 pedidos al mes y enfrentar la inseguridad

La Plata es una de las ciudades argentinas donde el trabajo en plataformas de reparto creció más rápido en los últimos cinco años. Las bicicletas y las motos utilizadas para realizar esta actividad forman parte del paisaje del Casco Urbano y de los barrios. Allí, cientos de jóvenes -muchos de ellos estudiantes de la UNLP o migrantes— dependen del ingreso diario que generan los pedidos.

El nuevo informe de la Fundación Encuentro permite dimensionar ese esfuerzo en términos muy concretos: en septiembre de 2025, un repartidor necesitó 461 pedidos para alcanzar la Canasta Básica Total de un hogar de cuatro personas.  Esto significa que quienes trabajan en delivery deben completar casi 500 viajes mensuales para no caer bajo la línea de pobreza.

El dato no sorprende a quienes recorren diariamente las calles de la Ciudad, donde el trabajo en plataformas funciona sin parámetros salariales claros, con ingresos que
dependen del clima, la demanda, la distancia, los incentivos y las condiciones del algoritmo.

QUÉ SIGNIFICA UN “PEDIDO PROMEDIO”

El valor del pedido promedio —calculado entre Rappi y PedidosYa— fue en agosto de $2.553,6. Ese monto, sin propinas y sin considerar esperas o rechazos, es la base con la
que se comparan los costos de vida. 

Aunque el informe utiliza referencias nacionales, su interpretación se vuelve clave para entender la realidad platense, donde la inflación mensual en alimentos y alquileres suele superar a la del promedio del país.

En el casco fundacional, por ejemplo, un alquiler para estudiantes o trabajadores jóvenes —entre departamentos pequeños, PHs o dúplex— sigue estando por encima de los ingresos típicos del reparto, lo que obliga a la mayoría a compartir vivienda o buscar alquileres precarios en zonas más alejadas.

El APP ayuda a comprender esa tensión estructural entre los ingresos reales de quienes pedalean y el costo de vivir en la Ciudad.

ALIMENTACIÓN, CRIANZA Y GASTOS BÁSICOS

El indicador muestra cuántos pedidos hacen falta para cubrir gastos esenciales:

❏ 67 pedidos para la Canasta Alimentaria de una persona.

❏ 149 pedidos para la Canasta Básica Total individual.

❏ 190 pedidos para la Canasta de Crianza promedio.

❏ 171 pedidos para criar un bebé menor de un año.

Cuando estos números se traducen a la vida cotidiana de La Plata, adquieren otra dimensión. Para muchas familias migrantes de barrios como Altos de San Lorenzo, Abasto o Melchor Romero, donde el reparto es una de las principales fuentes de ingreso, la crianza aparece como uno de los rubros más críticos. La necesidad de realizar entre 170 y 190 viajes mensuales solo para sostener a un niño o bebé muestra el nivel de fragilidad económica al que están expuestos.

VIVIENDA: UN TEMA CLAVE

Aunque el informe trabaja con un parámetro estándar (alquiler promedio), el dato se vuelve especialmente útil para interpretar lo que ocurre en La Plata. La Ciudad combina una alta población estudiantil, un mercado inmobiliario concentrado y una oferta limitada de unidades pequeñas, lo que presiona los precios en zonas cercanas al Centro y las facultades.

Si se toma como referencia el valor equivalente en pedidos para un alquiler promedio —271 pedidos—, en La Plata la situación no es muy diferente: un trabajador debería destinar más de la mitad de todos los pedidos del mes solo a vivienda.

Y si se trata de quienes viven solos o de quienes son nuevos en la Ciudad, la carga es aún mayor, dada la necesidad de afrontar depósitos, garantías y servicios.

Entre quienes reparten en moto, muchas veces la vivienda se combina con el costo del combustible, mantenimiento y monotributo, lo que aumenta todavía más la cantidad de viajes necesarios para sostener gastos básicos.

COMBUSTIBLE, MANTENIMIENTO Y APORTES

El informe muestra otros equivalentes relevantes:

❏ 2 pedidos para llenar un tanque de 3,5 litros.

❏ 15 pedidos para pagar Monotributo A.

❏ 126 pedidos para alcanzar el Salario Mínimo Vital y Móvil.

RADIOGRAFÍA DEL TRABAJO EN PLATAFORMAS EN EL GRAN LA PLATA

Un nuevo informe revela que, con un ingreso promedio de $2.553 por pedido, un trabajador de Rappi o PedidosYa debe completar casi 500 entregas mensuales para sostener un hogar tipo 

Un repartidor necesita 461 pedidos al mes para no ser pobre en la Región 

En ciudades como La Plata, donde muchos reparten en moto desde barrios alejados y atraviesan grandes distancias para llegar al Centro —por ejemplo, desde Hernández o Melchor Romero
hasta el Casco Urbano— el gasto en movilidad no es marginal.

El indicador, además, no contempla otros costos que los repartidores sí deben afrontar: neumáticos, filtros, repuestos, frenos, reparaciones, seguros o
planes de datos. 

El APP, al medir ingresos brutos, no descuenta ninguno de estos gastos, por lo que sobreestima la capacidad real de compra.

Esto vuelve aún más impactante el número de 461 pedidos necesarios para sostener un hogar tipo.

La Plata tiene particularidades que acentúan la importancia del APP:

❏ Una fuerte presencia de estudiantes que trabajan en plataformas para sostener sus estudios.

❏ Una población migrante que encuentra allí una de sus principales alternativas laborales.

❏ Una trama urbana amplia, con distancias grandes y viajes largos que pueden reducir la ganancia por hora.

❏ Una actividad económica nocturna y gastronómica que impulsa el número de pedidos, pero también incrementa la precariedad horaria de quienes trabajan.

En ese contexto, el APP funciona como una herramienta que traduce la experiencia cotidiana -horas de pedaleo, esperas, riesgos, desgaste físico - en una unidad clara y comparable: el pedido. Y aunque no agota la discusión sobre derechos laborales o regulaciones necesarias, permite iluminar una parte de la realidad que suele quedar invisible.

La conclusión del informe es contundente: un repartidor necesitó realizar 461 pedidos mensuales para sostener un hogar tipo. En La Plata, ese esfuerzo se traduce en jornadas extensas, recorridos largos y una economía urbana donde el reparto sostiene buena parte de la vida universitaria, comercial y gastronómica.

Un indicador simple, pero que revela una complejidad profunda: para miles de trabajadores platenses, cada pedido no solo es un viaje, sino un eslabón necesario para sostener su vida
cotidiana.

La inseguridad se ha convertido en uno de los problemas más graves para quienes trabajan en plataformas de delivery en La Plata, Berisso, Ensenada y el Gran La Plata. Más allá del esfuerzo económico que revela el APP, el riesgo físico es parte estructural de la actividad: en muchos barrios, el temor a sufrir robos se volvió tan determinante como el clima o la demanda de pedidos.

La periferia del Casco Urbano, especialmente hacia Altos de San Lorenzo, Lisandro Olmos, Abasto y Melchor Romero, concentra la mayor cantidad de robos de motos, bicicletas y celulares. En barrios de Tolosa y Ringuelet, sobre todo cerca de vías y zonas de poca iluminación, los repartidores suelen evitar determinados pasillos o accesos. 

En Berisso y Ensenada, las zonas portuarias y los trayectos por avenidas poco transitadas después de las 21 son consideradas de alto riesgo.

QUÉ SE ROBA Y CÓMO AFECTA

El botín más frecuente son: motos y bicicletas, celulares (herramienta indispensable para trabajar), dinero en efectivo, y en algunos casos, la ropa de trabajo.

Perder la moto o el teléfono equivale, en términos del APP, a perder decenas o cientos de pedidos futuros. Un robo no solo implica reemplazar lo sustraído, sino interrumpir
la actividad de manera inmediata, muchas veces sin ahorros para volver a empezar.

LAS NOCHES: EL MOMENTO MÁS RIESGOSO

Los repartidores coinciden en que los turnos más peligrosos son: entre las 20 y la medianoche, cuando la demanda aumenta en zonas gastronómicas, y durante los fines de
semana, cuando hay mayor circulación pero menor presencia policial en algunos barrios.

Frente a ese escenario, muchos trabajadores deciden rechazar pedidos que los obligan a ingresar a zonas consideradas “complicadas”, aun si el algoritmo penaliza esa decisión
o reduce su posición en la plataforma.

Frente a esto, muchos priorizan circular por avenidas y diagonales bien iluminadas; evitan detenerse en esquinas oscuras para verificar direcciones; trabajan en parejas: una modalidad informal cada vez más frecuente; o usar mochilas y cascos sin logos, para no ser identificados como repartidores. 

Estas estrategias, sin embargo, trasladan más responsabilidad al propio trabajador y no resuelven el problema estructural.

repartidores

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