No soporto el ruido de mis vecinos

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Nunca imaginé que pudiera volverse un problema tan grande. Sin embargo, hoy puedo decir que no soporto más los ruidos molestos de mis vecinos. Música a todo volumen a cualquier hora, gritos, golpes, reuniones eternas que parecen no tener fin. Todo eso atraviesa paredes, ventanas y, sobre todo, la paciencia.

Vivir en comunidad implica aceptar ciertas incomodidades, es verdad. Nadie espera un silencio absoluto. Pero hay una diferencia enorme entre convivir y soportar. El ruido constante no solo molesta: desgasta, altera el descanso, afecta la concentración y termina influyendo en el humor y en la salud. Llegar cansado del trabajo y no poder descansar, despertarse sobresaltado en la madrugada o no poder mantener una conversación tranquila en la propia casa se vuelve una rutina insoportable.

Lo más frustrante es la falta de consideración. Parece haberse perdido la idea de que el espacio propio termina donde empieza el del otro.

 

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