El valle
Edición Impresa | 25 de Enero de 2026 | 05:41
Por MARCELO GUILLERMO PIAZZA
Hasta el valle de tus cuentos encantados has ido a desahogar tu desdicha inesperada. La felicidad no alcanzada. Esas montañas, esos árboles, esos colores, esos aromas siguen estando. No se han ido. Guardan como un cofre los anhelos secretos, en silencio confesados en tardes de verano.
Estás sentada en la hamaca atada a las nubes. Te niegas necia a ser mecida por el viento que juega a las escondidas en el cielo. ¿A qué tienes miedo? ¿Si de niña ibas a buscarla? Era el juguete más apreciado. En el vuelo descontrolado la mirada alzabas encontrando la libertad escamoteada. No tenías alas como las aves que admirabas. Ser igual a ellas deseabas. Mantenerte suspendida en el aire en un vaivén eterno que nunca terminara.
Das la espalda descubierta a la mirada doliente de aquel que contempla tu imagen queriendo acariciarte sin manos, más que en el sueño afiebrado, en el ardiente deseo. Pero lo has desechado, mostrando con desdén su ramo de flores ofrecido a la belleza admirada. Tus ojos están puestos en otro cuerpo, otra alma. La que despertó tus sentidos, hizo correr sangre caliente y beber el néctar embriagador. No resististe al embrujo; la promesa.
Esa mañana radiante, de sol reinante, te vestiste, y el pelo en un rodete recogiste. Fuiste a buscar a tu príncipe que a su amor te rendiste. Más a la cita no concurrió; el sabor amargo de la traición en tu boca apareció. La ilusión se desvaneció, y el valle de la infancia con su hamaca te consoló.
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