El dolor se puede atravesar con gracia
Edición Impresa | 25 de Enero de 2026 | 05:44
Hay libros que avanzan a los empujones y otros que caminan con el oído pegado al suelo. “La vida por delante”, de Magalí Etchebarne, pertenece a este segundo linaje: cuentos que escuchan, que registran el murmullo de lo cotidiano y lo convierten en materia narrativa sin solemnidad ni estridencias. Ganador del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, el volumen confirma una voz ya reconocible en la literatura argentina reciente, capaz de trabajar el dolor sin subrayados y el humor sin cinismo.
El libro reúne cuatro relatos que, sin necesidad de cruzar personajes ni forzar una unidad argumental, dialogan entre sí por debajo de la superficie. Mujeres que envejecen, hijas que acompañan la enfermedad o la muerte de una madre, parejas que se desgastan en la repetición del conflicto, amistades puestas a prueba por el pasado. Etchebarne no narra grandes acontecimientos: se concentra en escenas mínimas, gestos, diálogos breves donde se juega lo esencial. Ahí, en esa economía precisa, aparece la tragedia, pero también una comicidad tenue que aligera sin banalizar.
HERENCIAS QUE PESAN
Uno de los núcleos más potentes de “La vida por delante” es la pregunta por las herencias.
No solo las materiales —unas cenizas, una casa, los restos de una vida— sino, sobre todo, las simbólicas: qué hacemos con los mandatos familiares, con la idea del amor, con el matrimonio como proyecto, con el cuerpo que envejece. Los personajes parecen vivir con esa pregunta a cuestas, intentando no quedar aplastados por lo que recibieron sin pedirlo.
En ese sentido, el libro dialoga con una experiencia generacional: la de quienes crecieron con promesas de plenitud que hoy aparecen, al menos, resquebrajadas.
ESCRIBIR SIN POSTUREO
El jurado que premió el libro —presidido por Mariana Enriquez— destacó la “frescura e inteligencia” de la escritura de Etchebarne, una definición que da en el centro.
No hay aquí impostación literaria ni voluntad de “decir algo importante” a cualquier costo. La prosa avanza con naturalidad, pero no es ingenua: sabe cuándo tensar, cuándo cortar, cuándo dejar una frase vibrando. Etchebarne encuentra humor en la tragedia y tristeza en los momentos aparentemente felices, como si ambas dimensiones fueran inseparables.
Sin declamar consignas, “La vida por delante” construye una mirada profundamente política sobre la experiencia femenina. El cuerpo que envejece, que se enferma, que deja de ser mirado como deseable, aparece narrado con una crudeza que incomoda justamente porque es precisa.
Las mujeres de estos cuentos sufren, pero no como víctimas pasivas: sufren pensando, observando, recordando. En ese registro atento hay una forma de resistencia, una manera de no dejarse borrar por el paso del tiempo ni por la indiferencia ajena.
EL PASADO COMO MOTOR
Como en buena parte de la tradición cuentística que va de Alice Munro a Hebe Uhart, el pasado en Etchebarne no es un bloque ordenado sino una serie de fogonazos. Los recuerdos irrumpen, desacomodan el presente y lo explican solo a medias.
Recordar, parece decir el libro, es una forma de mantener algo con vida, aun sabiendo que está perdido. De ahí que los finales no clausuren: quedan abiertos, vibrantes, como si la historia continuara fuera de la página.
“La vida por delante” confirma que Magalí Etchebarne es una de las voces más interesantes de su generación. No porque invente mundos extraordinarios, sino porque se anima a mirar de frente lo que tenemos más cerca: los vínculos, el desgaste, el amor cuando ya no promete salvación.
En esa mirada lúcida y compasiva, el dolor encuentra palabras y, a veces, incluso, una forma inesperada de belleza.
Editorial: Páginas de espuma
Páginas: 120
Precio: $25.900
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