“Soy profesor de colonia”: entre jornadas extensas y muchas sonrisas

Con 8 y 9 horas en la mayoría de los casos, es un trabajo que implica “estar alerta todo el tiempo” y “responsabilidad absoluta”. En cuanto al salario, se advierte disparidad y depende del empleador

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Martina Peñalba se levanta temprano, revisa la planificación del día y sale de su casa unos minutos después de las 8 para llegar a tiempo a destino.

Tobías Peralta también: se despierta antes de las 7 para desayunar. Después hace la vianda para enfrentar una jornada de casi 12 horas fuera de casa. Finalmente, agarra la bicicleta y pedalea rápido para no perder el tren.

Nicolás Fracaro planifica por las mañanas y trabaja por la tarde.

Los tres son profesores de Educación Física de la Ciudad y durante el receso del ciclo lectivo decidieron ser profesores de colonia de vacaciones.

Muchas de estas se llevan a cabos en clubes deportivos que son privados, pero otras dependen de organismos -como sindicatos- y también están las públicas, cuyo regente es la Municipalidad de La Plata, por ejemplo.

En casi todas, el grupo más pequeño comienza a los 6 o 7 años y el más grande está en primer o segundo año de la secundaria, en la pre adolescencia. Cada uno de ellos, según lo colonia, oscila entre 25 y 30 chicos por grupo.

Las colonias de vacaciones pueden ser media jornada o completas, es decir, medio día o día completo. En la gran mayoría, meterse a la pileta puede ser la actividad central pero también los profesores despliegan múltiples actividades culturales, deportivas o recreativas.

Los que están a cargo de los chicos son profesores de educación física y, en la mayoría de los casos, rondan entre los 25 y 35 años.

Según los que conversaron con EL DIA, jornadas extensas, grupos grandes, amplio abanico de edades de los niños y una responsabilidad extrema son algunas de las característica de esta labor.

¿Y el salario? Dentro del mercado de colonias de vacaciones de la Ciudad, no hay uno determinado: muchas veces varía según el empleador. No obstante, según consultó este diario, el pago a los profesores de una colonia jornada completa oscila entre $1.200.000 y $1.600.000, aunque puede haber excepciones. En tanto, media jornada, entre $600.000 y $800.000 Lo cierto es que en jornadas de 8 o 9 horas, el pago por hora no supera los $10.000.

En cuanto a la contratación, en la gran mayoría de los profesores son monotributistas.

Sin embargo, más allá del pago o de la ardua jornada, los tres docentes consultados coincidieron en lo mismo: “Lo más importante son los chicos. Que ellos se diviertan. Nosotros intentamos dejar nuestro problemas de lado y ser conscientes de la responsabilidad gigante que tenemos”.

 

MARTINA PEÑALBA
“LA RESPONSABILIDAD ES ENORME Y NO TE PODÉS RELAJAR NUNCA”

El día de Martina Peñalba empieza temprano. A las 7 de la mañana revisa la planificación y, poco después de las 8, ya va camino al club donde funciona la colonia en la que trabaja. “Entro a las 8:45 y trabajo hasta las 18”, contó en diálogo con EL DIA.

Ella está a cargo de chicos de 9 años, de un grupo de 25 o 30 niños que requieren atención constante durante casi nueve horas. Su trabajo combina juegos, deportes, talleres de cocina, manualidades y propuestas recreativas pensadas no solo para entretener, sino también para enseñar.

Ser profesora de colonia, explicó, implica estar siempre alerta. “No podés estar relajado”, dijo, porque “la responsabilidad es muy grande y sostenida en el tiempo”. Para eso, asegura, es clave llegar descansada y con paciencia. Aun con planificación semanal —que considera fundamental para ordenar el trabajo—, sabe que no todo sale como se espera. “No todos los días son iguales ni siempre son buenos, pero hay que adaptarse”, resumió, y además remarcó que incluso cuando aparecen problemas personales, hay que dejarlos afuera del club.

Peñalba, durante el año también trabaja con chicos en colegios y clubes, pero sostuvo que la colonia le dio algo distinto: experiencia.

“Hoy puedo decir que me siento preparada, y esa preparación me la dio la práctica”, afirmó. Hace cinco años que trabaja en colonias de vacaciones y aseguró que cada temporada “aprendo algo nuevo”.

Para Martina, el aprendizaje constante es parte central del oficio y también una de las razones por las que vuelve cada verano.

 

NICOLÁS FRACARO
“LA COLONIA TIENE QUE SER UN ESPACIO DE DISTENCIÓN, NO UNA CARGA MÁS”

En enero, los días de Nicolás Fracaro transcurren con un ritmo distinto al del año lectivo. Trabaja en la colonia por la tarde, de 14 a 18, lo que le permite organizar las mañanas con calma. “Aprovecho para cerrar ideas de actividades con mi pareja pedagógica, ver si hay que modificar algo de la planificación y ponernos de acuerdo”, expresó en diálogo con EL DIA. El resto del tiempo lo reparte entre entrenar en el gimnasio, las tareas de la casa y el almuerzo, antes de salir rumbo a la colonia.

Para Nicolás, ser profesor de colonia es una continuidad de su rol como docente de educación física, aunque con un enfoque particular. “Uno sigue educando a los chicos desde el lugar que nos toca”, dijo, pero aclaró que el verano exige otra lógica. Después de un año atravesado por la escuela y las actividades extracurriculares, entiende la colonia como un espacio de alivio. “Trato de que sea un lugar de distensión, algo recreativo, que lo disfruten y que no se vuelva pesado”, señaló. La idea, insistió, es que los chicos aprendan —sobre todo cuestiones ligadas a la seguridad, como en natación—, pero sin perder el carácter lúdico.

Este verano trabaja con grupos de 9 y 10 años, una franja etaria que conoce bien. Durante el año se desempeña en clubes con chicos de edades similares, por lo que no siente que necesite una preparación especial. “Es algo habitual en mí”, afirma. De todos modos, remarca la importancia de saber qué está planificado para cada jornada y de mantener una comunicación clara con la pareja pedagógica, especialmente cuando hay cambios sobre la marcha.

A diferencia de otros trabajos más intensos, describió sus días en la colonia como positivos. “Por suerte, los días son todos buenos”, dijo, aunque reconoce que hay desafíos constantes. Uno de los que más le preocupa es la sociabilización. Está atento a que ningún chico o chica quede de lado y a prevenir situaciones de bullying. “Es algo en lo que hago mucho hincapié”, explica, junto con el cuidado de la seguridad, tanto dentro como fuera de la pileta. Para Nicolás, el trabajo en colonia se construye en un equilibrio entre teoría y práctica: “No es todo una cosa ni la otra. Hay que saber combinarlas”, concluyó.

 

TOBÍAS PERALTA
“EN LA COLONIA SOS, SALVANDO LAS DISTANCIAS, EL PADRE O LA MADRE DE 30 CHICOS”

Tobías Peralta arranca antes de las 7, bien temprano. Desayuna, prepara la vianda y sale en bicicleta desde su casa de City Bell rumbo a la colonia.

Aunque a las 10 empieza su jornada, aclara que él comienza antes, cuando recibe a los chicos y los sube al micro rumbo al camping a las 8:45. “Ahí empieza mi trabajo, no en el club”, dice. La colonia es de doble turno y las jornadas se extienden hasta las 18, después de devolver a cada chico con su familia. Recién llega a su hogar cerca de las 19.

Para Tobías, ser profesor de colonia es asumir un rol que va mucho más allá de lo pedagógico. “Sos el padre o la madre de entre 20 y 30 chicos”, explicó en diálogo con este diario, y advirtió que durante esas horas hay que estar atento a todo: “cómo están, qué les pasa, cómo se sienten”.

A diferencia de lo que ocurre en escuelas o clubes, donde el contacto es más breve, en la colonia se construye un vínculo cotidiano. “Te interiorizás en sus vidas y entendés muchas cosas. Es algo muy lindo”, asegura.

Trabaja como coordinador, aunque también fue profe de grupo, y destaca que el desafío es permanente. Dormir bien, alimentarse e hidratarse es básico para sostener el ritmo físico, pero también insiste en la paciencia y en la capacidad de dejar los problemas propios de lado. Al igual que Martina, admitió que “hay días mejores que otros”, y explicó que mucho depende del grupo y de cómo se construye desde el inicio.

Su objetivo diario es que los chicos se enganchen, se diviertan y no se aburran, aun cuando eso implique pensar actividades nuevas todo el tiempo. “Si vos te tomás el tiempo y las ganas, la fórmula termina siendo que hay muchos más días buenos que malos”, concluyó.

profesor de colonia

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