Cuando prevenir también rejuvenece: una vacuna común podría enlentecer el envejecimiento

El hallazgo se suma a otras investigaciones recientes que vinculan ciertos inoculantes con beneficios que van más allá de la prevención de infecciones, incluyendo efectos sobre la inflamación, el sistema cardiovascular y el envejecimiento celular

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Durante décadas, las vacunas fueron pensadas como herramientas específicas: prevenir infecciones y reducir complicaciones asociadas a enfermedades concretas. Sin embargo, en los últimos años comenzó a consolidarse una línea de investigación que sugiere que su impacto podría ser más amplio. Nuevos estudios científicos indican que algunas inmunizaciones, además de cumplir su función principal, podrían influir en procesos biológicos ligados al envejecimiento.

Una investigación reciente realizada por especialistas en gerontología de Estados Unidos puso el foco en una vacuna utilizada de manera habitual en adultos mayores y encontró un efecto inesperado: las personas vacunadas mostraron signos de envejecimiento biológico más lento en comparación con quienes no la habían recibido. El trabajo fue publicado en una revista científica especializada en envejecimiento y se apoya en datos de una de las bases poblacionales más extensas del país.

 

Se propone ampliar la mirada y analizar efectos potenciales de otras vacunas en adultos mayores

 

El estudio analizó información del Estudio de Salud y Jubilación de Estados Unidos, una cohorte representativa a nivel nacional que sigue a adultos mayores durante largos períodos. A partir de ese material, los investigadores evaluaron si la vacunación contra el herpes zóster se asociaba con perfiles más favorables en distintos indicadores del envejecimiento del organismo.

ESTUDIOS Y RESULTADOS

El estudio llevó a cabo una observación de siete dimensiones claves del deterioro biológico, entre ellas la inflamación sistémica, el funcionamiento del sistema inmunológico, parámetros cardiovasculares, señales de neurodegeneración, envejecimiento a nivel genético y una puntuación compuesta que resume el estado general del envejecimiento biológico. El análisis incluyó a casi 4.000 personas mayores de 70 años, con datos obtenidos a partir de muestras de sangre, estudios celulares y evaluaciones físicas.

Los resultados mostraron una asociación consistente entre la vacunación y mejoras en varios de estos indicadores. En particular, quienes habían recibido la vacuna presentaron niveles más bajos de inflamación, un enlentecimiento del envejecimiento de los genes y una puntuación general de envejecimiento biológico más favorable. Estos hallazgos sugieren que el beneficio no se limita a un solo sistema, sino que podría involucrar mecanismos más amplios del organismo.

Un dato relevante es el momento en que estos efectos se manifestaron con mayor intensidad. Las mejoras fueron más notorias durante los primeros tres años posteriores a la vacunación, aunque los investigadores observaron que el patrón de envejecimiento más lento se mantenía incluso más allá de ese período. Esto refuerza la hipótesis de que la inmunización podría tener efectos duraderos sobre ciertos procesos biológicos.

LOS PUNTOS CLAVES

Los autores plantean que una de las claves estaría en la reducción del estrés inflamatorio crónico generado por el virus que causa la enfermedad. Al disminuir esa carga, se favorecería un mejor funcionamiento del sistema vascular, reflejado en parámetros como una presión arterial más baja y una frecuencia cardíaca en reposo más estable. Estos indicadores están directamente relacionados con el envejecimiento cardiovascular y con el riesgo de enfermedades asociadas a la edad.

El trabajo se inscribe en una tendencia más amplia. Investigaciones previas ya habían vinculado esta misma vacuna con una menor incidencia de demencia, lo que refuerza la idea de que su impacto podría extenderse a distintos aspectos del envejecimiento cerebral y sistémico. Al mismo tiempo, los científicos advierten que aún no se conocen con precisión los mecanismos biológicos que explican estos efectos y subrayan la necesidad de realizar estudios longitudinales para confirmarlos.

 

Algunas personas vacunadas tuvieron signos de envejecimiento biológico más lentos

 

Más allá de este caso puntual, los investigadores proponen ampliar la mirada y analizar los efectos potenciales de otras vacunas administradas de forma rutinaria en adultos mayores. En ese sentido, observaron que algunas inmunizaciones se asocian con beneficios cardiovasculares más específicos, lo que sugiere que distintas vacunas podrían actuar sobre diferentes vías del envejecimiento.

Si futuros estudios confirman estos resultados, la vacunación podría incorporarse como una herramienta más dentro de las estrategias destinadas a promover un envejecimiento saludable. Junto con hábitos como la actividad física, una alimentación equilibrada y el control de factores de riesgo, las vacunas podrían aportar un beneficio adicional, de bajo costo y alto impacto, en la búsqueda de una vida más larga y con mejor calidad.

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