Inflación de 2,9%: sigue con el pie en el acelerador

La suba de precios creció frente a diciembre y acumuló 32,4% interanual. Alimentos y bebidas lideraron los aumentos. El dato se conoció tras la salida de Lavagna del INDEC

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La inflación de enero fue de 2,9%, según informó el Indec, y significó una aceleración de una décima frente a diciembre (2,8%). Se trata del registro mensual más alto desde marzo del año pasado, cuando el índice había marcado 3,7%. Con ese resultado, el IPC acumula un incremento interanual de 32,4% y confirma que la economía sigue sin perforar el umbral del 2% mensual, una barrera simbólica que el Gobierno considera central para consolidar el proceso de desinflación.

El dato tiene un peso político y económico especial: es la primera medición de 2026 y llega tras meses de oscilaciones que interrumpieron la desaceleración iniciada el año anterior. Desde junio, la inflación mostró un comportamiento errático: avanzó en siete de los últimos ocho meses. Enero, así, refuerza la idea de que el proceso de baja no es lineal y que convive con tensiones propias del reacomodamiento de la economía.

La foto interna del índice

La lectura fina del informe muestra una composición más compleja que el número general. La inflación núcleo —que excluye precios regulados y estacionales y suele tomarse como referencia de la tendencia de fondo— fue de 2,6%. Esto implica una desaceleración de cuatro décimas respecto de diciembre y sugiere que la presión inflacionaria estructural no se intensificó en enero.

En cambio, el salto provino de los componentes más volátiles. Los precios estacionales subieron 5,7%, mientras que los regulados avanzaron 2,4%. Esa combinación explica por qué el índice general se ubicó por encima de la núcleo.

Para los analistas, esta diferencia es clave: indica que el problema no estuvo en una aceleración generalizada de la economía sino en shocks puntuales, sobre todo en alimentos y servicios asociados al verano.

Alimentos, vacaciones y servicios: los motores del mes

El principal empuje vino de alimentos y bebidas, que subieron 4,7%, impulsados por el aumento de verduras y carne. Se trata de rubros con fuerte sensibilidad climática y estacional, que suelen generar saltos bruscos en el corto plazo. A eso se sumó el alza en restaurantes y hoteles (4,1%), en plena temporada turística, y en vivienda, agua, electricidad y gas (3%), en un contexto de reacomodamiento de tarifas.

Por debajo del promedio general quedaron varios sectores: bienes y servicios varios (2,7%), salud (2,3%), transporte y equipamiento del hogar (1,8%), bebidas alcohólicas y tabaco (1,5%), recreación y cultura (1%) y educación (0,6%). Incluso se registró deflación en prendas de vestir y calzado (-0,5%), una señal de debilidad en el consumo de ciertos bienes.

El economista Nadin Argañaraz, del Iaraf, subrayó que el peso de alimentos en la canasta actual amplificó el impacto del rubro. Según explicó, en la nueva canasta que iba a aplicarse —y que finalmente fue postergada— la ponderación de alimentos es menor, por lo que el resultado habría sido levemente distinto.

La discusión de fondo: cómo se mide la inflación

El número de enero quedó atravesado por una controversia institucional. El dato se publicó pocos días después de la salida de Marco Lavagna del Indec, en medio de diferencias con el Poder Ejecutivo sobre la actualización metodológica del IPC.

El Gobierno decidió postergar la implementación de la nueva fórmula basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, que otorgaba mayor peso a los servicios y buscaba reflejar cambios en los patrones de consumo. El índice, finalmente, se publicó con el cálculo vigente y sin fecha definida para su reemplazo.

Lavagna trabajaba en esa actualización desde 2022. Según Joaquín Cottani, ex funcionario del área económica, la metodología estaba lista desde mediados de 2024. Sin embargo, el ministro Luis Caputo sostiene que el cambio debe hacerse una vez consolidada la desinflación para evitar ruidos en la lectura del proceso.

Economistas estiman que, por la demora en diseñar una nueva Encuesta de Hogares, la implementación de un IPC actualizado podría postergarse hasta el final de la década. Ni el Indec ni el Gobierno incluyeron aclaraciones metodológicas en el informe de enero, pese a que meses atrás se había anticipado la modificación.

La mirada oficial: equilibrio fiscal y control monetario

Tras la difusión del dato, Caputo vinculó la dinámica de precios con el reacomodamiento de precios relativos y con la fuerte caída en la demanda de dinero registrada en los meses previos a las elecciones. Según explicó, la dolarización acumulada en ese período superó el 50% del agregado monetario M2.

El ministro defendió los pilares del programa económico: equilibrio fiscal, control estricto de la cantidad de dinero y recapitalización del Banco Central. A su juicio, esa combinación permitirá que la inflación argentina converja a niveles internacionales por primera vez en más de dos décadas.

Sin embargo, el resultado de enero sorprendió al mercado: superó tanto las proyecciones oficiales como las privadas. Caputo había anticipado una cifra cercana al 2,5%, mientras que las consultoras estimaban entre 2,4% y 2,7%. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaba 2,4%.

Advertencias privadas y señales de alerta

Para Iván Cachanosky, de Fundación Libertad y Progreso, la señal positiva fue la baja de la inflación núcleo, que se ubicó por debajo del nivel general por primera vez desde septiembre. Aun así, advirtió que el proceso de desinflación podría extenderse más de lo esperado.

Ricardo Delgado, de Analytica, sostuvo que el 2,9% genera preocupación porque no incluye el impacto pleno de tarifas, postergado para febrero. Según su estimación, el nuevo régimen cambiario todavía no logra estabilizar completamente las expectativas.

 

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