Más energía, menos descanso: por qué el avance de las bebidas energizantes altera a los jóvenes

El consumo crece entre adolescentes y algunos adultos, motorizado por el marketing, el cansancio crónico y la normalización social. Algunos pediatras advierten sobre efectos adversos en el sueño, el corazón y la salud mental

Edición Impresa

Las latas prometen energía inmediata, mayor concentración y mejor rendimiento físico o mental. Están presentes en kioscos, supermercados, eventos deportivos y redes sociales. Para muchos adolescentes, las bebidas energizantes forman parte del paisaje cotidiano: se consumen antes de entrenar, para estudiar de noche o durante salidas con amigos. Sin embargo, detrás de esa promesa de “activación” se acumulan señales de alerta que preocupan cada vez más a pediatras y especialistas en salud infantil y adolescente.

“Las bebidas energizantes no tienen ningún beneficio para la salud de los adolescentes y sí se asocian a múltiples efectos adversos”, advierte Angela Nakab, pediatra bonaerense y referente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), en diálogo con EL DIA. El problema no es nuevo, pero en los últimos años el consumo se volvió más frecuente, más temprano y más naturalizado.

QUÉ CONTIENEN Y POR QUÉ GENERAN RIESGOS

Las bebidas energizantes combinan altas concentraciones de cafeína, grandes cantidades de azúcar y otros estimulantes como taurina, guaraná, ginseng o ginkgo. “Esa mezcla actúa sobre el sistema nervioso y cardiovascular, y en adolescentes puede generar efectos no deseados incluso con consumos que muchos consideran ‘normales’”, explica Nakab.

A corto plazo, los síntomas más frecuentes incluyen palpitaciones, aumento de la presión arterial, ansiedad, irritabilidad, temblores, dolor de cabeza y trastornos digestivos. También son comunes los problemas de sueño, la dificultad para concentrarse y un efecto rebote marcado: después del estímulo inicial aparece un cansancio mayor al previo.

“El adolescente siente que la bebida lo despierta o lo ayuda a rendir, pero luego el agotamiento es más intenso. Se entra en un círculo que refuerza el consumo”, señala la pediatra.

¿EXISTE UNA CANTIDAD SEGURA?

Una de las preguntas más frecuentes es si hay un consumo “moderado” que no implique riesgos. La respuesta, por ahora, es incierta. “No conocemos una cantidad segura de bebidas energizantes para adolescentes”, afirma Nakab. “No es lo mismo un consumo ocasional que varias veces por semana, pero incluso una por semana puede afectar el sueño en chicos sensibles”.

 

“No tienen ningún beneficio para la salud de los jóvenes y se asocian a efectos adversos”

 

Según la evidencia disponible, el consumo semanal ya se asocia a alteraciones del descanso, mientras que más de tres bebidas por semana se vinculan con mayor frecuencia de síntomas físicos, más irritabilidad, peor rendimiento escolar y trastornos persistentes del sueño.

A largo plazo, el panorama se vuelve más complejo. “Los estudios muestran que el consumo frecuente se asocia a trastornos del sueño que se sostienen en el tiempo, a un mayor riesgo de consumo de otras sustancias y a hábitos poco saludables que tienden a consolidarse”, resume Nakab.

DORMIR MENOS Y PEOR: LO QUE MUESTRAN LOS ESTUDIOS

Una investigación reciente de la Fundación del Sueño Mónica Duart, junto al Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia, reforzó estas advertencias. El estudio comparó adolescentes consumidores y no consumidores de bebidas energizantes y encontró diferencias claras en la calidad del descanso.

Los adolescentes que consumen estas bebidas duermen, en promedio, menos horas por noche (7,44 frente a 8,13 horas) y presentan mayor actividad nocturna, con ciclos de sueño más irregulares. Uno de cada cinco reportó cefaleas o insomnio. “Este patrón afecta directamente al desarrollo neurológico y al rendimiento escolar”, alertó Mónica Duart, presidenta de la fundación.

Además, el estudio mostró que el 90% consume energizantes por la tarde o la noche, el momento más perjudicial para el descanso, y que la mayoría lo hace en contextos sociales, impulsados por la curiosidad o la influencia del grupo.

UN CONSUMO QUE CRECE Y SE NATURALIZA

Aunque en Argentina no existen sistemas de vigilancia específicos, desde la SAP observan un aumento sostenido del consumo en la práctica clínica. “No tenemos estadísticas nacionales, pero sí datos de otros países de la región: entre el 35 y el 40% de los adolescentes consumió bebidas energizantes en el último mes”, señala Nakab. A nivel internacional, los estudios indican que entre el 30 y el 50% de los adolescentes las consume al menos de forma ocasional.

La tendencia también se refleja en el mercado: en Argentina se consumen alrededor de 125 millones de latas por año, con una fuerte penetración entre jóvenes y deportistas. Muchas de estas bebidas contienen entre 75 y 260 miligramos de cafeína por lata, además de 30 a 70 gramos de azúcar, cifras que superan ampliamente las recomendaciones para menores.

MARKETING, REDES Y CANSANCIO CRÓNICO

¿Por qué crece el consumo? Para la pediatra, la respuesta es multifactorial. “El marketing intensivo dirigido a adolescentes es clave: se asocian estas bebidas con éxito, diversión, rendimiento y pertenencia”, explica. A eso se suma una percepción errónea de inocuidad: muchos jóvenes no las consideran riesgosas y desconocen su contenido real.

También influyen el cansancio crónico, la falta de sueño, las exigencias escolares y deportivas y el peso creciente de las redes sociales, donde las bebidas energizantes aparecen normalizadas e incluso glamorizadas.

El problema se agrava cuando se combinan con alcohol. Estudios internacionales muestran que el 70% de los consumidores de energizantes también consumió alcohol, una mezcla que reduce la percepción de embriaguez y aumenta el riesgo de conductas peligrosas.

EL DEBATE POR LA PROHIBICIÓN A MENORES

En este contexto, vuelve al centro del debate la posibilidad de prohibir la venta de bebidas energizantes a menores de 18 años, una discusión que ya llegó a la Legislatura bonaerense. Un proyecto presentado en La Plata propone modificar la ley provincial para restringir su expendio, establecer sanciones y obligar a los comercios a colocar cartelería visible.

Desde la SAP, la postura es clara. “Sería positivo restringir la venta a menores, de la misma manera que se hace con el alcohol u otros productos potencialmente tóxicos”, sostiene Nakab. “No aportan ningún beneficio nutricional y sí conllevan riesgos demostrados para la salud física, el sueño y el bienestar emocional de chicos y adolescentes”.

La pediatra subraya que el objetivo no es punitivo sino preventivo: proteger derechos y evitar una exposición temprana a estimulantes que pueden dejar huellas a largo plazo.

La regulación, coinciden los especialistas, no alcanza por sí sola. “Tiene que estar acompañada de educación desde la familia, la escuela, los clubes y los espacios de educación no formal”, enfatiza Nakab. Promover una buena hidratación, un descanso adecuado y una alimentación equilibrada aparece como la principal alternativa frente a la lógica del estímulo artificial.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE